Chapter Text
Tadeus murió el 1 de mayo de 1970. Una clara señal. Harry debió haber sospechado que el destino le tenía preparada una mala jugada desde entonces.
Al día siguiente, entre familiares odiosos y amigos traicioneros, Tadeus Nott, el tercero de cuatro hermanos de la línea principal del linaje Nott, fue enterrado en el sepulcro familiar en los límites del castillo en el que vivía el jefe de la familia.
Como dictaba la costumbre, y a falta del padre y madre que ya descansaban enterrados en el mismo sepulcro, los hermanos restantes encabezaban la procesión cargando el ataúd acompañados por los amigos más cercanos del difunto. Harry Nott, de soltero Evans, esperaba pacientemente junto a su hijo a que los dolientes llegarán a la tumba para poder despedir a su esposo y cerrar para siempre el lugar de su eterno descanso.
Se hablará en los círculos de sangre pura —hasta el día del escándalo— de la forma tan estoica con la que se comportaba el viudo. Pese a ser un simple mestizo criado por muggles supo mantener la compostura; no lloró desconsoladamente mientras dejaba un solo lirio blanco entre las manos de su amado, no lloró ni se arrodilló como un muggle en la tierra mientras usaba su magia para sepultar al muerto, no se quitó el velo negro que tapaba su rostro y no miro a ninguna otra persona a los ojos más que a su pequeño hijo.
Todo un ejemplo del comportamiento en sociedad. La perfección de los modales; tal vez tenga la oportunidad de volver a casarse con alguien de otra respetable familia cuando terminen sus días de luto y pueda volver a mostrar su rostro.
—Hoy nos reunimos aquí para despedir a un gran hombre —dijo Harry con pesar… por tener que decir todas estas tonterías; Tadeus se estaba retorciendo en el infierno, muchas gracias.
La verdad era que Harry Evans no se casó con Tadeus Nott por amor, es más, apenas se habían conocido una semana antes de casarse. Su relación no iba más allá de ser unos socios comerciales. Fue útil en su momento volver a tener todo el dinero que necesitaba solo por el trabajo de revivir algún que otro cadáver y fingir que estaba buscando la manera de mantener una resurrección completa en humanos, pero la artimaña estaba llegando a su fin y Harry no quería involucrarse más en asuntos de mortífagos. Lo último que quería era llamar la atención de un Señor Oscuro cuando al fin vivía en paz.
Así que, Tadeus debía irse. Quizás Harry se hubiera sentido mal de tratarse de una buena persona, pero su esposo era un mortífago y murió como tal: sirviendo a un loco.
Aunque si los sangre pura creían que su falta de reacción se debía a sus buenos modales y no a su total falta de sentimientos por su marido, no tenía porqué corregirlos.
—Un gran hombre que luchó por lo que creía correcto y se sacrificó por su causa. Que su memoria permanezca siempre en nuestras vidas. —Y con un último movimiento de varita, la hierba comenzó a crecer en la tumba y un lirio blanco floreció en el medio— Descansa en paz Tadeus.
Las varitas de los presentes se alzaron, luces rojas iluminaron el cielo mientras los disparos cortaban el aire. Tres tiros por persona por los tres momentos que implica tener un alma y un cuerpo físico. Nacimiento. Vida. Muerte.
Corvus se movió nervioso a su lado cuando vió pasar una luz verde. Harry no podía culparlo, a veces él también se inquietaba cuando veía algo que le recordaba a la maldición asesina.
Tomó la mano de su hijo y lo acercó más cuando una segunda luz verde pasó sobre ellos.
—Ya casi se acaba todo, corazoncito —le susurró a Corvus mientras se escuchaban los últimos tiros al aire.
Harry miró a su hijo —con el rostro cubierto por un glamour para parecerse más al suyo que al de él— buscando alguna señal de si su inquietud se debía a algo más aparte de la luz verde, pero ya parecía más tranquilo.
Harry se alegraba de que a Corvus no le importara realmente la muerte de Tadeus. El alivio que sintió, cuando al darle la noticia de la muerte de su padre Corvus solo sonrió satisfecho y volvió a leer, fue liberador; por un momento creyó que se había equivocado al dejar morir a un hombre que le importaba a su hijo, aunque dicho hombre tenía su destino sellado desde el momento en que los vio y disgusto a la muerte con su propuesta.
Ahora, por fin serían ellos dos solos en su bonita mansión en el campo. Aunque la vida con Tadeus no fue mala, hasta se podría decir que placentera, Harry prefería mil veces vivir únicamente con Corvus; ya estaba cansado de que él y su hijo tuvieran que andar de puntillas por la vida para que nadie sospeche quién era el otro padre.
Por fin, luego de siete años viviendo en esta línea temporal, Harry tendría toda la paz y tranquilidad que podría desear. Lastima el megalomano que buscaba apoderarse del mundo mágico, pero ya encontraría tiempo para deshacerse de él cuando Corvus empiece Hogwarts y entonces…
—Quería presentar mis condolencias. —Interrumpe una voz desde la derecha de Harry; es suave, con un barítono agradable que irrumpe en tu sistema nervioso con la intención de hacer que le preste toda tu atención y nunca apartes la mirada.
Harry no mira al hombre, primero porque la costumbre dicta que no debe mirar a nadie más que a su hijo por los próximos 90 días luego de la muerte de su esposo, y segundo porque tiene la leve sospecha de saber quién es el que habla y no quiere confirmarlo.
Así que ignorara está interacción lo más que pueda y luego fingirá que nunca ocurrió.
La forma en que Corvus se pone rígido y aprieta más fuerte su mano es solo una casualidad muy conveniente, porque definitivamente no se trata de él, quién nunca asiste a los funerales de sus soldados a menos que formen parte de su círculo íntimo y Harry está seguro que recordaría a Tadeus presumiendo de su ascenso entre los seguidores de su señor.
Sip, este hombre era un completo desconocido, para nada el señor oscuro en persona —y si Harry miró a su hijo para asegurarse de que el glamour siga en pie, también es por pura casualidad—.
—Acepto sus condolencias señor —dijo Harry con la voz más plana que pudo conseguir para enmascarar su inquietud, si alguien notaba algo extraño en su comportamiento bien podría atribuirlo a la pena que acongoja su alma, no es como que Vold- no, no es él, el señor se diera cuenta de su inusual comportamiento ante su aparición.
—Es una lástima cuando alguien tan joven muere prematuramente y deja solos a su cónyuge y a su hijo pequeño.
Harry no pensaba decir ni una palabra más.
El hombre continuó y se acercó un poco más al espacio personal de Harry.
La mano de Corvus comenzó a temblar.
Harry no miraría al hombre.
—Si necesitas algo, lo que sea, puedes pedírmelo. —El barítono, tan cerca de su oído, le puso la piel de gallina a Harry. —Tu marido fue un gran servidor a mi causa y estoy seguro que se sentiría honrado de saber que su señor se encarga del bienestar de su viudo e hijo. —El hombre sonaba algo arrogante al decir esto, como si fuera un gran logro siquiera tener la oportunidad de respirar el mismo aire qué él, y como si estuvieras alcanzando el mismísimo cielo solo por estar bajo su protección.
¿Causa? ¿Qué causa? Harry no conocía a nadie que estuviera dirigiendo una causa supremacista de sangre en la cual su marido estaba involucrado. ¿Qué estaba delirando este hombre?
El no Voldemort pareció algo perdido por su falta de reacción ante la, para nada sutil, muestra de su posición en la escala social de los sangre pura —no cualquiera era capaz de decir que tenía de sirvientes a personas de la clase alta y de noble cuna después de todo— y se acercó un poco más al oído de Harry para susurrarle algo más.
—Y Lord Voldemort no le hace esta oferta a cualquiera, señor Evans.
Genial. Y ahora cómo Harry va a fingir demencia sobre la identidad del hombre.
Aún con la mirada fija en la tumba de su esposo, y acariciando la mano de Corvus con pequeños círculos que esperaban que fueran reconfortantes, Harry se dignó a responderle a Voldemort.
—Agradezco su amabilidad señor, pero mi marido se encargó de que tuviéramos todo lo que necesitáramos ya sea que él estuviera vivo o muerto, así que no podría aceptarlo.
Voldemort se quedó anormalmente quieto, Harry podía sentir la fuerza de su mirada clavándose en el costado de su rostro exigiendo atención, pero siguió sin mirarlo.
En el lugar del sepulcro se levantó una fuerte brisa. Era un día soleado de primavera, y hasta el momento ningún viento, ni el más pequeño, había movido las hojas de los árboles ni las hierbas que crecían entre las tumbas, sin mencionar la anormal temperatura de este viento, terriblemente frío para la época casi veraniega.
Si Harry aún hubiera querido dudar de la identidad del hombre, no quedaron dudas luego de esta muestra de magia no verbal y sin varita. El viento frío llevaba consigo la característica magia de Voldemort en el aire, rota como el alma de su dueño. Intentó con insistencia enredarse en el velo de Harry y mandarlo a volar lejos de su rostro, pero, en una muestra de poder igual de impresionante, la magia de Harry, terca como él, le pegó el velo a la cara y evitó que volara por los aires.
El viento sopló más fuerte, pero no logró ni por asomo mostrar una fracción del rostro del viudo en luto.
—Creo que sería mejor que me retire —dijo Harry para que todos los dolientes de las primeras filas lo oyeran—, este clima tan cambiante no es adecuado para la salud de mi hijo.
Y mientras el viento y la magia de Voldemort parecían enredarse en Harry con más insistencia, queriendo retenerlo allí, tiró de Corvus para comenzar a caminar hasta el punto de aparición.
En todo momento, la mirada de Voldemort se le clavó en la nuca.
