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Mentiras Constructivas

Summary:

Si le preguntaras a Manuel cuál fue el principio del fin, te diría que fue ponerle los cuernos a Lautaro y confesarlo.
Gonzalo te diría que la catálisis fue cuando Manuel decidió casarse con Lautaro.
Para Lautaro, todo empezó cuando le pidió a Gonzalo que le enseñase a follar con Manuel.

Notes:

Advertencia: Esta historia está escrita en español de España (o gallego, como decís vosotras xD) También decir que Manuel es cinco años mayor que Lautaro.

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Lautaro estaba profundamente dormido cuando un movimiento súbito le despertó.

— ¡Moski! ¡Moski! — llamaba Manuel a un soñoliento Lautaro. — ¡Despierta!

— ¿Qué pasa? — murmuró Lautaro mientras se giraba en la cama para escapar del asalto de Manuel a sus sentidos, enredándose aún más entre las sábanas de seda.

La cena de trabajo de Manuel parecía haber salido bien, pero a Lautaro no le gustaba que le despertasen para follar. Si alargaba la situación lo suficiente Manuel se cansaría y podría volver a dormir. Ya despertaría a su novio con una mamada por la mañana.

Justo después de pensarlo Manuel encendió la luz y a Lautaro no le quedó más remedio que abrir los ojos.

— Tengo que hablar contigo. — dijo Manuel con una seriedad bajo la que no se intuía ningún tipo de insinuación.

— ¿Qué hora es? — gimió Lautaro mientras se escondía de la luz de la mesita de noche.

— ¿Qué más da la hora? Esto es importante.

Lautaro vislumbró el despertador que hacía años ya no utilizaba.

— ¡Son las 3 de la mañana! — se quejó Lautaro. — ¿Qué pasa Manuel? Ya puede ser importante o vas a tener que chupármela hasta que me vuelva a dormir.

Por primera vez, Lautaro se fijó en Manuel. Su novio aún llevaba la misma ropa con la que había salido de casa unas horas antes sólo que ahora la camisa estaba mojada por el sudor, tenía algunos botones desabrochados y se había remangado las mangas por encima de los codos. El olor de la colonia todavía prevalecía sobre su olor corporal.

El pelo revuelto y la tenue iluminación impedían a Lautaro distinguir con claridad la expresión de los ojos de Manuel, pero sí podía ver la rigidez de sus hombros. Sus labios, tan gruesos y sensuales, se habían tensado en una fina línea.

Lautaro se irguió en la cama.

— Mírame Moski, tengo que confesarte una cosa. — dijo Manuel, cogiéndole de las manos.

El poco resquicio de sueño que le quedaba a Lautaro se disipó completamente.

— Me estás preocupando, Manu, ¿qué ocurre?

— Quería hablar contigo. Creo que la sinceridad es lo más importante en una relación y tú me importas mucho, Lautaro. Lo sabes, ¿no? — Manuel declaró, mirándole a los ojos con una intensidad inusitada que le puso más nervioso aún.

El uso de su nombre real en vez de su apodo, tampoco apaciguó los peores pensamientos de Lautaro. — ¿Has cometido un delito y necesitas que sea tu coartada?

— No, no… — Manuel negó inmediatamente. Aún así tardó unos segundos en volver a hablar. — Tú sabes que hoy tenía una reunión con unos clientes, ¿no?

— Sí. ¿Qué pasa? ¿Mi padre te ha despedido? Igual puedo hablar con él…

— No es eso. — Manuel le interrumpió.

— ¿Entonces qué es? — Lautaro estaba empezando a irritarse.

— Me he acostado con otro. — Manuel admitió por fin.

Un dolor profundo atravesó el corazón de Lautaro. Soltó las manos de Manuel para arroparse con la sábana, como si eso pudiera protegerlo de la subsecuente avalancha de emociones o amortiguar el dolor.

Manuel seguía todos sus movimientos con los ojos esperando a que Lautaro dijera algo. Por muy preocupado que pareciera, eso no significaba nada.

Lautaro alargó la tensión todo lo que su cuerpo pudo soportar. Si decía algo Manuel cortaría con él y Lautaro no se quedaría ni con un beso de despedida.

Lo peor de todo, es que se lo esperaba y por eso mismo, no quería rogar. No quería suplicar a Manuel y humillarse por una batalla que ya sabía estaba perdida de antemano. Al fin y al cabo, a Manuel nunca le habían faltado opciones y en el fondo, Lautaro ya sabía que había otra persona a la que Manuel quería más que a él.

— Ha sido con él, ¿verdad? — dijo Lautaro, más enfadado consigo mismo que con Manuel por haberse creído que su relación tenía futuro. — Me lo tenía que haber imaginado. Era cuestión de tiempo que me dejaras por él.

— Moski, mi amigo no ha tenido que ver y no te voy a dejar. — Manuel atajó las suposiciones de Lautaro con autoridad. Aún así Lautaro pudo percibir un deje de hastío en su voz que en vez de apaciguarle, le irritó aún más.

— ¿Entonces?

Lautaro no lograba entender cuál era el objetivo de Manuel. Si quería el perdón de Lautaro era mejor que se lo hubiera contado al día siguiente con un buen polvo, un desayuno en la cama y un ramo de rosas.

Manuel suspiró. Su tono cambió a uno mucho más tierno.

— Es que ha hecho que me de cuenta de algo: cuando empecé a salir contigo sentí que estaba renunciando a muchas cosas, pero mientras el tipo me la chupaba, yo solo podía pensar en ti. — Manuel dijo con una voz y una mirada con un deje de culpabilidad. — Me has cambiado, Moski. Me has convertido en una persona que nunca pensé que pudiera llegar a ser.

Lautaro entendió perfectamente lo que quería decir: monógamo. Y por estúpido que le pareciera a él, le creyó. Manuel nunca había tenido una relación seria antes de Lautaro por lo que la fidelidad era una prueba constante para él que trabajaba rodeado de gente muy rica y atractiva.

Manuel miraba a Lautaro con antelación; ilusionado, como si fuera un perro que está esperando que le den su premio por haberse portado bien. Manuel parecía verdaderamente satisfecho de sí mismo y a la vez aliviado porque ya podía querer a Lautaro como se merecía sin sentirse culpable de desear a otros.

Lautaro no dijo nada, lo que puso nervioso a Manuel.

— Me alegro. — dijo Lautaro con ironía seca, haciendo amago de acostarse otra vez.

— Lo siento muchísimo, bebote. Te lo compensaré, ¿vale? — prometió Manuel mientras le daba besos por la nuca.

Lautaro asintió, intentando ocultar los pucheros de su cara.

— Te comeré el culo toda la noche.

— Otro día, ahora quiero dormir. — se resistió Lautaro, apagando la luz de nuevo.

Manuel no pareció creerle del todo, pero no dijo nada más. Se levantó de la cama para quitarse la camisa y el pantalón, inmediatamente después se metió en la cama y le abrazó por detrás. Lautaro podía sentir su respiración en su propio cuello.

El alivio que había sentido al saber que Manuel no quería cortar con él había sido momentáneo. Su novio ahora se arrepentía mucho de haberle puesto los cuernos pero nada podía asegurar que eso fuera a seguir siendo así en el futuro. Además si le había acostado con un desconocido significaba que Manuel no consideraba el sexo con Lautaro lo suficientemente bueno, ya que de lo contrario, si se hubiese sentido insatisfecho con su conexión emocional, Manuel simplemente hubiera dejado a Lautaro por su mejor amigo.

Al menos estaba seguro de que Manuel le quería de verdad, pero la autoestima de Lautaro ya estaba herida. ¿Qué era lo que le faltaba a Lautaro para que Manuel pensase que se estaba perdiendo algo?

Después de un par de minutos, Lautaro no pudo resistirlo más.

— ¿Sólo te chupó la polla? ¿Nada más?

La habitación se iluminó de nuevo. Lautaro resopló, no quería que Manuel supiera hasta qué punto le había molestado.

— Sí, sólo fue eso. Fue en el baño de un club. Yo no le toqué, te lo juro. — dijo Manuel a la espalda de Lautaro, ya que él se negaba a mirarle.

— Nosotros nunca hemos follado en el baño de un club.

— ¿Qué me quieres decir con eso? — preguntó Manuel, cansado y confundido.

— ¿Te estás aburriendo de mí? — Lautaro dijo con un hilo de voz dirigido a su almohada. —¿Mi forma de follar es aburrida?

Aún así, Manuel le oyó.

— ¡No, bebote! ¿Cómo puedes pensar eso?

Manuel cubrió de besos la superficie de la piel que Lautaro no estaba ocultando. No conmovió a Lautaro, que siguió inmovil boca abajo, hasta que Manuel se dio por vencido.

Claramente Manuel no quería herir más los sentimientos de Lautaro así que no iba a darle una opinión honesta. Esta conversación no iba a ningún sitio.

— Tienes razón, lo mejor es que volvamos a dormir. — admitió Lautaro para zanjar la discusión.

— Moski… Yo te quiero, lo sabes, ¿no? — Manuel le confesó al oído. Lautaro no contestó

Era obvio para Lautaro que su novio no estaba satisfecho con su vida sexual y solo era cuestión de tiempo que Manuel le volviera a engañar con un desconocido. Si Lautaro quería conservar a Manuel tenía que hacer algo.

— Lo siento mucho, de veras. — Manuel dijo, apretando a Lautaro por la espalda. Lautaro se hizo el dormido. — Haría cualquier cosa por ti.

Lamentablemente, Lautaro también haría cualquier cosa por Manuel.

Notes:

Yo no conozco mucho el mundo de los streamers y necesito a otro personaje que haga de mejor amigo de Manuel (a Bauleti no le he considerado porque me parece que tiene cero química con Manuel). Si se os ocurre alguno decídmelo y si no, me inventaré un personaje.