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“Abre grande. ” Miguel pide sin dar vueltas en el asunto. La parte trasera de sus rodillas golpean el borde de la cama del beisbolista, encontraba su lugar favorito para hacerlo.
Ken en ese momento estaba demasiado duro sentado sobre su trasero en el piso, su corazón latía con fuerza en su interior y excesivamente al punto de ser agobiante. No dudo en obedecer, separando los labios y dejando un espectáculo de su lengua abrazando la nada, esperando.
Miguel se alineó bien y apropiadamente mientras sujeta su polla, antes de empujar su cabeza hacia los labios de Ken. Sintió cierta resistencia cuando el japonés siseó levemente, todavía encontrando placer en el dolor de su mandíbula, pero sin esperar mucho cooperó abriendo más y más. Aceleró en silencio, aumentando la longitud de cada entrada y salida, la vibración a su alrededor era sublime. Definitivamente no iba a desaprovechar la oportunidad.
Así mismo no duró nada ese autocontrol hasta que el rostro repentinamente de Ken es enterrado hasta el fondo, sus ojos muy abiertos ahora se encontraron con el vello púbico en lo que esa polla cada vez más rígida comenzó a hincharse en su garganta con potencial energía. Miguel usó sus manos para sujetar la cabeza de Ken, manteniendo su lugar unos segundos y comenzó a follarle la cara, más que nada apuñalar la parte posterior de su garganta.
Ken trató de llamar a Miguel para que detuviera el asalto despiadado. Aun en este punto había sido jodido como un muñeco de trapo, no murmuró nada más que tonterías confusas entre ruidos ahogados, la baba derramándose por las comisuras de su boca y lágrimas de excitación deslizándose por sus mejillas ante una satisfacción tan inmensa a pesar del ardor.
Fue cuando comenzó a redoblar el ritmo, curvando la polla y cambiando de posición permitiendo acceder cada vez más atrás de su cavidad. Cada empujón que daba se acercaba al final hasta que su polla pasó rozando el punto del límite, y obtuvo un sollozo involuntario del japonés mientras su garganta empezaba a cerrarse un poco por reflejo.
Miguel no se molestó en mostrar la gentileza que había planeado, estableciendo un ritmo implacable desde el principio. Necesitaba ver cómo esa mirada se borraba de su cara y fuera reemplazada por dolor de los golpes, o algo de maldita sumisión de su parte, buscaba cualquier señal. Aun así Ken siguió intentando articular una respuesta coherente, pero solo pudo seguir soltando algunos chisporroteos y gemidos, antes de que una línea de saliva saliera de su boca. Increíblemente el placer sube de su vientre hasta su pecho. Sintiéndose entumecido y con la sensación de ser casi asfixiado.
Ken soltó un audible gemido cuando la polla sale de su garganta; resonando con un sonido resbaladizo, húmedo y aplastante. Miguel le dio algunos golpes superficiales y urgentes sobre su sensible lengua, follandolo con la punta, causándole gemir de mala gana. Sin esfuerzos agarra el cabello del contrario y lo aleja de su entrepierna, el gemido ahogado de Ken solo confirmó su fascinación por tal acto.
“¿Demasiado para ti? ” El moreno estaba jadeando mientras soltaba una risa silenciosa, sus párpados se hundían en lo que las manos de Ken se deslizaban por sus muslos hacia arriba y golpeaban su torso, hurgando en cada grieta de músculo que podía encontrar en su exploración. Su cerebro era lo más cercano a un puré de papas, demasiado mareado para concentrarse en todos sus sentidos.
“Mhm. ”
La respuesta de Ken puede mostrar la falta de atención que estaba dando. Sus manos continuaron hacia los hombros, deteniéndose brevemente a recorrer con los dedos la dura firmeza que había, dándose un breve momento para admirar el gran cuerpo, no dudó en maldecir de buena manera.
“.. Si pudieras ver tú cara ahora mismo. ” Interrumpe sus pensamientos con un tono de voz superior, manteniéndolo pendiente de él, lo que más adoraba era su actitud de obediencia.
“Por favor. ” Rogó, no quería que esto se terminara y mucho menos no terminar hasta el final. “Miguel.. ”
Pero después de unos pequeños minutos Miguel reacciona y sujeta el rostro del jóven con ambas manos, profundizando el beso sin dejar de ver sus ojos al aproximarse. Esta vez tomando el primer paso, sus labios encajan perfectamente entre sí. No tardó para que Ken se inclinara hacia el toque. Terminó por cerrar los ojos cuando Miguel bajó sus manos hacia la suave piel de su mandíbula, descansando en lo que seguía besando con dulzura.
Ahora ambos se conformaron en estar saboreando y encontrando un sabor dulce en el otro, provocando necesidad por no separarse nunca más. No fue la primera vez que ambos tuvieron un encuentro apasionado. Pero era una sorpresa que Miguel iniciaba un beso, y lo hiciera justo después de chuparse la, conociendo su personalidad, era un avance más que bienvenido. Pronto los besós húmedos y desesperados se escuchan en la habitación al igual que las respiraciones que estaba teniendo por el placer.
“Ve a la cama, si quieres que siga. ”
Ken asintió de forma automática aún tambaleante, se estiró hacia atrás en el borde y se quitó los pantalones ajustados hasta que se enredaron alrededor de sus tobillos, con un simple movimiento se iban a desprender del todo. Arquea la espalda teatralmente, abriendo sus muslos con un toque lascivo en la que podía presentar su delgado pero trabajado cuerpo. Miguel golpeó con una mano su muslo, rompiendo su actitud confiada antes de opacar toda la luz sobre él.
No fue mucho tiempo hasta que Miguel presionó un dedo y rompió ese apretado anillo que Ken por poco se ahogó con el dolor de morder su lengua, liberó su dedo para escupirles antes de regresar y masajear sus paredes. Esta vez fue mucho más fácil deslizar sus movimientos, el rostro del otro comenzó a dejar de estar quieto, más bien estaba cómodo de pasar lo peor. Fue cuando vio la oportunidad para meter un segundo dedo hasta sumergirse sin problemas y gemir contra su rostro, ansioso por continuar y experimentar esta sensación.
El beisbolista se queja entrecortadamente girando sus caderas hacia abajo, tomando los dedos aún más profundo y a su vez esos dígitos se doblan en lo que buscaban ese bulto en lo más profundo de su ser.
Sin darse cuenta comenzó a deslizar el tercer dedo junto con los dos primeros, con los labios nuevamente en sus labios, besando, mordiendo y marcando la piel de su cuello al bajar. Le colocó marcas en esa última zona, tarareando cuando sentía los músculos de Ken tensarse con cada chupón. Miguel susurra cosas dulces a través de sus gemidos y respiraciones jadeantes contra la piel acalorada de su piel. Se siente tan salvaje, más elevado de lo normal y honestamente feliz, demasiado feliz. Con cada palabra que soltaba, metía y sacaba los dedos dentro de Ken, golpeando directamente su próstata con maldad. Ken estuvo a punto de gritarle en la cara mientras su espalda se elevaba del colchón, sus manos golpeaban los hombros de Miguel mientras sus ojos se cierran con enojo.
La boca de Ken se abrió seductoramente, dándole más señales de seguir aún así y sus pestañas temblaron ante la sensación de un nuevo dedo. Prefirió sujetar con fuerza los antebrazos de Miguel, sujetándose mientras se dejaba llevar a tal preparación.
"Eso es todo. " Se rió entre dientes con burla, continuando empujando, curvando y retorciendo sus dedos menos que antes en ese espacio húmedo. Su mano libre se eleva para golpear el pecho del japonés y empujarlo sin excederse hacia atrás, causando un jadeo sorpresivo cuenta su espalda toca la sábanas frías. “Ya te falta poco, Chinito. ”
Los dedos húmedos que rodeaban su agujero sacaron un gemido tembloroso al tocar algo, ese manojo de nervios oculto, y Miguel lo masajeó con más firmeza para extraer más sonidos de su chico. Le pareció detestable el lento jugueteo.
“De—detente, Miguel. Ya es demasiado-.. Para. ” Sin tener que repetirlo nuevamente, la figura del moreno se paraliza. Observando como éste dejaba caer la cabeza sobre las sábanas y respiraba con ganas.
Miguel estuvo a punto de preguntar si ya quería detener todo esto y solo-
“Necesito sentirte ahora. ” Susurra el más joven con un débil hilo de voz, deseando que se apresure de una vez. Las manos del moreno suben por su pierna y tocan, rozan su polla en el proceso por diversión, alterando sus sentidos.
Empezó a arrepentirse de pedir que se apresurara. Las grandes manos de Miguel arrastraron sus caderas casi al borde al punto de sus piernas llegando a colgar levemente por el espacio, sus pies ni siquiera tocan o logran rozar el piso de su habitación. Pero Ken hizo todo lo posible por relajar los músculos, respirando por la nariz antes de apretar los dientes para concentrarse en el tamaño imaginario que tenía, era ahora o nunca. No se dio cuenta de su vacilación hasta que Miguel presionó contra él, gimiendo lo suficientemente fuerte como para ser escuchado por toda su vacía habitación moderna.
La cabeza de la polla de Miguel se deslizó suavemente dentro del calor tenso de su cuerpo, gracias al exceso de estiramiento, el resultado de una larga sesión con sus dedos. Jadearon al mismo tiempo cuando sienten el agujero de Ken apretando la polla de Miguel. Por supuesto sintió algo de dolor al principio, pero también un gran placer abrumador subir por su estómago. Ken agarró las sábanas con una mano y cubrió su boca con la otra. Estaba indeciso entre observar cualquier lugar, o mirar la forma que los músculos del cuerpo de Miguel se contraen en cada lenta estocada. Sin más cerró con fuerza sus ojos ante un gemido cuando un empujón en particular envió una onda electrizante a través de él. Rápidamente sus manos perdieron lugar donde sostenerse y empezó a tirar sus dígitos hacia su costado, buscando algo.
Así optó por agarrar una de sus almohadas y se abrazó con fuerza, sollozando en ella, ahogando sus gemidos nerviosos por los golpes jodidamente correctos. El cuerpo de Ken tiembla por el esfuerzo de intentar contenerlo. Sus lágrimas vuelven a formar un río, mezclados con el sudor. Gimotea suave entre la seguridad del objeto y ríe de solo estar sollozando frente de él.
Miguel jadea ante tal escena y sin importarle un comino lo ruidoso que estuviera siendo, continuó maltratando ese lugar; piel golpeando contra piel una vez que realmente encontró su ritmo después de varios intentos. No eran más que obscenos los sonidos provenientes de está habitación. El rostro de Ken estaba rojo de vergüenza, casi como un tómate, pero se sentía demasiado bien para quejarse de lo mínimo. Su respiración se aceleró y los dedos de sus pies se curvaron mientras Miguel frotaba ese lugar en él una y otra vez sin parar.
La única cosa en la que Miguel estaba pendiente dentro de esa gran atmósfera pesada.. Es la zona donde se concentraba en sujetar fuertemente, casi podría decir que sus garras en esas caderas iban a despedazar la piel ante el mínimo error que cometiera, apenas un desliz e iba a dejar una cicatriz en el.
Decidió arriesgarse con su movimiento siguiente; agarrar sus caderas y arrastrar los muslos del jóven hacia arriba, llevándolos sobre sus anchos hombros, y hacer una clase de palanca con sus manos aferradas al acolchado. Y lo jodió en éste nuevo ángulo, de alguna manera se sintió como un reajuste aún más apretado que antes. Esto era más que perfecto para Miguel, está posición fácilmente podía permitirle empujar profundamente en esas estrechas paredes y frotarse contra su punto dulce las veces que quería, no pudo evitar sonreír con los dientes al aire.
“¿Te gusta? ¿Te gusta como te la meto? ” Pregunta con aires de grandeza, sabiendo perfectamente que está usándolo para perseguir su propio placer.
Ken no dejaba de soltar súplicas en su idioma natal, ojalá supiera qué estaba diciendo con tantas ganas. A pesar de esos gimoteos, sollozos y lágrimas corriendo por su rostro, sus manos se acercaron a las muñecas de Miguel, sosteniéndose a ellas como si fuera a desaparecer.
Miguel parecía desesperado y abrumado por la intensidad de todo aquello. Él también comenzó a respirar con dificultad a su par y se embistió contra Ken con una pasión desenfrenada oculta. Sus caderas se movieron hacia la sensación, presionando toda su longitud con cada empuje cada vez más largo. Su espalda se arqueó hacia adelante en el movimiento descendente y se inclinó más cerca de Ken hasta que sus labios fueron sellados en un suave roce.
“Beso, beso.. ” Ken tragó audiblemente inconforme por aquel mísero "beso" dado y su rubor se hizo más intenso, no sabe si es por vergüenza o la indignación. "Migu— Mmg"
Miguel se detuvo unos segundos, solo para enfadar al japonés, el cual seguía profundamente mareado. Se tomó un momento para aprovechar y recuperar el aliento, luego le dedicó otra sonrisa a Ken antes de bajar y ceder.
".. Quédate quieto. " Ordena al segundo de ver la incomodidad del japonés. Tuvo que encorvarse sobre toda su figura con cuidado, demostrando esa lejanía que había entre ambos en un apretado abrazo posesivo, interrumpiendo los siguientes gemidos de Ken con un bombardeo de besos, cada uno más empalagoso que el otro. "Buen chico. "
Ken resopla entre ellos ante el elogio, agarrando el hombro de Miguel con clara intención de mantenerlo cerca, respondiendo a todos los besos que su boca le permitía. Siempre tuvo una clase de obsesión con los besos, lo supo en el momento que se dieron uno la primera vez.
“Vamos, háblame, dime cómo se siente tenerme así. ” Miguel dice con un acento marcado, ordenando junto gruñidos potentes. “Quiero escucharte, mi vida. ”
El más jóven sollozó con tristeza al sentir que la gruesa longitud se retiraba unos segundos hasta que solo la punta presionó contra su entrada rellena y empujarse hacia adelante una vez más, Miguel se encontraba gruñendo mientras sentía que esas cálidas paredes se apretaban con gusto, ambos espasmándose levemente por la sobreestimulación de sus cuerpos.
"Ah— Se siente tan bien- ngh. Puedo sentirte-.. Enterrado a mi trasero. ” Dijo Ken entre gemidos con una sonrisa floja, nervioso por tener que escuchar su voz. “Creó que voy a romper..me a la mitad-. Uh.. ”
Observó la forma en que el cuerpo de Ken ondulaba bajo él y gritaba cuando sus embestidas sin aviso comenzaron a ser ásperas y descuidadas de coordinación, volviendo a un ritmo diferente al anterior mientras lo aplastaba en ese abrazo. La piel de Ken estaba ardiendo en fuego y su erección se contrae contra su estómago mientras su cuerpo se inundaba de verdadera excitación ante el mero pensamiento de que Miguel se lo estaba follando con ganas, y de una manera descomunal.
Ken tenía el nombre de Miguel en su lengua cuando se corrió con un fuerte y doloroso grito ahogado en la almohada. Podía ver estrellas debajo de sus párpados al instante que su visión se volvió blanca de repente. Miguel dejó escapar un tembloroso suspiro de alivio al poder correrse a su par mientras sus caderas tartamudeaban, antes de detenerse por completo, con la polla palpitando dentro de Ken, aún dura.
El beisbolista prefirió fingir no darse cuenta.
Dejó caer su cabeza sobre la frente del otro y cerró los ojos, sus caderas se sacudían de vez en cuando por las réplicas. Los brazos de Ken subieron de su lugar para descansar sobre sus antebrazos, también se estremeció por las consecuencias y difícilmente pudo moverse, mirando su estómago ahora manchado.
Miguel solo pudo mirarlo y ver a Ken sonriendo grande, dientes perlados y dulces con una sonrisa tan brillante como el sol, la sonrisa más llamativa que haya visto. Y Ken compartió los mismos pensamientos al notar como su sonrisa era lo suficientemente contagiosa para hacerlo reír.
Se sintió ablandarse después de aquellos minutos esperando, finalmente retirándose de esa comodidad cálida y llena, abriendo los muslos y trasero de Ken para admirar la hermosa vista, esa obra suya que aún goteaba semen, abierta de par en par, una pequeña vista tan bonita para presumir a cualquiera con intenciones de acercarse a él.
“Que asqueroso. ”
Ken no hizo nada más que comentar, envolver sus piernas, y aferrarse con toda su fuerza restante a la cintura de Miguel cuando lo levanta para causar que se sienta en su regazo, asegurando de tratarlo bien, especialmente después de que se maneja tan bien a su ritmo suave.
“¿Estás bien, Chinito? ” Le da unas suaves caricias en la cabeza con una sonrisa floja, alborotándole el pelo con sus largos dedos, sacudiendo los mechones negros que se pegaban a la frente del otro. Besó las lágrimas del otro, después de todo, redujo la velocidad de sus movimientos de golpe y fue poco normal ese cambio drástico.
Se escucha un suspiro en la atmósfera, uno pesado y cargado de impotencia por ese trato. “Tu brazalete está brillando, Miguel. ” Comenta ignorando su pregunta inicial, notando ese detalle.
“...” Miguel parpadea paciente a su rebeldía, mirando de reojo tal brazalete nombrado, y efectivamente, estaba radiando una suave luz.
“.. Deberías ir” Ken rompe el silencio, pendiente al tanto de sus movimientos. “Luce importante. ”
“No voy a ir a ninguna parte, Kenji. No te preocupes.. ” Dice en un murmullo suave, haciendo una última comprobación del estado de todos los multiversos bajo su vigilancia, buscando algo importante de mayor riesgo. Fue una novedad que sea solo su dispositivo de contacto, pero es una llamada de Peter, pidiendo a Miguel que envíe ayuda a su zona o el mismo se encargue.
Miguel respira profundamente por sentir los ojos de Ken clavarse en su rostro, buscando algún indicio de su respuesta al mensaje.
“No quiero decirte como hacer tu trabajo, pero.. ” Coloca una mueca en su rostro de solo pensar que se iría. Normalmente Miguel se iba de su lado para ser el respaldo que cualquiera de su equipo necesitaba en esas situaciones, pero esta vez parece que optó por no hacerlo y quedarse con el héroe japonés.
“Enviaré a alguien en mi lugar. ” Responde Miguel a la alarma brillante de su muñeca, sin molestarse en recibir respuesta opta por apagarlo. “Pueden arreglárselas sin mí. ” Dice sin dejar de mirarlo mientras se quita el brazalete y lo deja lejos de su visión. Encontraba divertida la preocupación de su chico y la forma que sus ojos se iluminaban.
Oh.
Ken se acurruca contra su cuerpo sin decir nada y desliza sus manos por la espalda de Miguel, siguiendo los trazos de sus músculos de arriba hacia abajo, no oculta mucho su felicidad radiante cuando se siente halagado de tocarlo tan libremente.
Miguel inclinó la cabeza hacia adelante, con los ojos entre cerrados mientras besaba perezosamente la mandíbula del japonés con besos húmedos. No tardó para que Ken también se inclinara.
Sus ojos se cerraron cuando Miguel levantó su otra mano a la suave piel de su cuello, siempre con precaución de ser cuidadoso al tocar con toda seguridad. Enviando escalofríos por todo el cuerpo del otro chico, y tomarlo como buena señal para continuar.
Dejó que su pulgar descansara allí por un momento, acariciando la nuez de Adán, pensando en darle otro beso de verdad. Pero tendría que dejar de mirar a Ken y no se atrevía a hacerlo, quién diría que sentiría vergüenza en este instante, después de tanto querer enterrar su polla en sus intestinos.
Esta vez Ken fue quien dio el primer paso y beso sus labios, un tierno beso. Automáticamente sintió una de las manos de Miguel apretarse alrededor de su cuello, acercando sus labios abiertos con un delicioso vaivén, un intercambio de saliva. Hubiesen seguido, si no fuera que esta vez el reloj de Ken se iluminó y soltó un escandaloso timbre.
La pantalla específica su lente en Emi, enseñando el berrinche que realizaba por no ir a verla en todo el día.
