Chapter Text
Era un pequeño niño humano.
Tenía fiebre y estaba desnutrido, podía ver las costillas del chico a través de la ropa sucia y desgastada. Seguramente había terminado por colapsar buscando una fuente de agua; curiosamente había llegado hasta la guarida del monstruo del manantial, nadie se acercaba allí a menos que quisiera morir a manos de las largas y filosas garras de la criatura que habitaba allí, pero la bestia pensó que tal vez el niño ignoraba los rumores.
Shen Yuan asomó su cabeza del agua y se acercó hasta el borde, para contemplar más de cerca el rostro del niño; era un humano muy bello, seguramente cuando creciera sería un hombre muy guapo y bien parecido, por supuesto si lograba sobrevivir y nutrir esa carne que estaba en los huesos. Tentativamente Shen Yuan acercó una mano y tocó la cabeza del niño, se sorprendió que su cabello era suave y esponjoso, le recordó a una ovejita negra. Comprobó que aún respiraba y se lamentó, ¿por qué un niño tan pequeño estaba tan solo y desamparado?, ¿dónde estaban sus padres?, quizás podrían estar es
muertos...
Bueno, al menos nadie iba a molestar al chico aquí, pues nadie se acercaba nunca. La hierba estaba seca y bastante alta, serviría como un colchón para que el niño pudiera dormir cómodamente. Las costillas sobresalientes le inquietaban, seguramente el pequeño estaba muy hambriento, pero ¿qué comían los niños humanos?, esta era la primera vez que veía a un humano tan de cerca.
Shen Yuan realmente no sabía que eran los humanos, solo que caminaban sobre dos extremidades y balanceaban sus brazos, caminando por el mundo terrestre y comiendo frutos de los árboles y animales. Shen Yuan tenía cierta curiosidad por esas extrañas criaturas bípedas, pero no era tan tonto como para acercárseles, sus memorias heredadas le advertían que los humanos; concepto asociado a esas criaturas que caminan: eran peligrosas, principalmente porque eran miedosas y cuando se alteraban gritaban mucho y hacían cosas estúpidas, por lo que era mejor esconderse cuando viese una, pero ¿qué hacer con un niño humano?, ¿reaccionaria con miedo cuando lo viera?, ¿se iría corriendo a alertar a las personas que vivían en los pueblos?
Una vez había asustado a un hembra humana, que refrescaba sus pies en las aguas del manantial; honestamente no había sido su intención asustarla, solo quería probar una de esas frutas pequeñas de color rojo que la mujer llevaba en una cesta. Esta gritó cuando lo vio asomar la cabeza y huyó. Esa noche vino un monje con varios hombres a exorcizar las aguas; Shen Yuan no supo qué estaban haciendo esos hombres con su hogar: meciendo un especie de rama larga y dorada, lanzando basura a sus limpias aguas. Menos mal solo hicieron que el agua burbujeara y una corriente de agua subterránea tibia se liberara, causando que las aguas heladas del manantial se transformaran en aguas termales. Eso estuvo bien, ya no le dolían las articulaciones de las manos y su cola no se sentía tan fría y pegajosa, pero fue la última vez que se apareció antes los humanos, porque sus compañeros peces, que no estaban acostumbrado a las aguas cálidas se cocieron.
Ventajosamente los huevos de los peces restantes, no se cocinaron por lo que nacieron nuevos peces Koi y nadaron junto a Shen Yuan en el manantial haciéndole compañía. Por otro lado, por fin pudo comer esas pequeñas frutas rojas que al meterlas en su boca se hacían agua dulce, ¡muy delicioso!, había hecho un trato con los conejos y faisanes que venían a tomar agua de su manantial prometiendo no comerlos y dejarlos beber, a cambio debían traerle estos ricos frutos, los animales para nada tontos accedieron a la curiosa petición de la criatura acuática. Así Shen Yuan, flotaba por las tardes tomando sol y comiendo bocadillos.
Eso le hizo recordar que aún tenía varios de esos frutos rojos guardados cerca de una caverna aun costado de la cascada que nutria su manantial, los tomó y se los dejó cerca esperando pudiera comerlos. El chico seguía dormido, y la criatura temió a que no fuera a despertar nunca, quizás este herido pensó. Movió las túnicas oscuras del pequeño y descubrió varios hematomas, algunos más grandes que otros, y todos de un color horrible, ¡pobrecito seguramente debía dolerle! Se hundió en las aguas y nadó profundo donde crecían algas que desprendían una baba curativa, arrancó varias y las puso en las heridas del niño.
Las horas pasaron y Shen Yuan no se alejó de la orilla, solo daba vueltas y jugaba a tirar hacia el cielo los peces Koi, pero no muy alto, no quería matarlos de un golpe. Estaba comenzando a darle hambre cuando escuchó al niño moverse. Luo Binghe toció un par de veces antes de despertarse, le dolía ligeramente la cabeza por la falta de alimentos, y tenía los ojos hinchados de tanto llorar: hace dos días había muerto su madre adoptiva, dejándolo solo y desamparado. Durante esos dos días había vagado por las calles del pueblo, pidiendo comida; no era tan descarado para pedir limosna, solo quería llevarse algo a la boca, pero solo logró comer algo de pan con moho, y una paliza. Incluso los hombres encargados de la seguridad del pueblo habían hecho la vista gorda cuando el carnicero le tiró los perros, corriendo por su vida llegó más lejos de lo que alguna vez se adentró en el bosque. Lastimosamente uno de sus pequeños tobillos se dobló y lo hizo caer por una bajada muy empinada, golpeándose la frente y aturdiéndose.
Despertó sintiéndose extramente bien, su cuerpo que debería estar adormecido y adolorido solo sentía una sensación viscosa en su piel. Se miró los brazos y el pecho, su túnica había sido ligeramente removida para colocar lo que parecía ser una venda hecha con algas, parpadeo confundido, entonces escuchó un ligero movimiento en el agua, miró hacia el frente encontrándose con unos hermosos ojos verdes, tan verdes como las aguas del manantial.
― ¿Tú...estabas cuidándome? ―preguntó inocentemente Luo Binghe, mirando a la extraña ninfa que no asomaba más que sus bellísimos ojos del agua.
Shen Yuan asintió, pero no se atrevió a acercarse al niño, temiendo asustarlo con su apariencia. Shen Yuan realmente no tenía idea como lucia, pero cada vez que la gente lo veía gritaba, así que no debía tener belleza alguna, sino una apariencia desagradable.
― ¿Quién eres?, ¿Cómo terminaste...? ―. El niño no pudo terminar su oración porque su cuerpo al inclinarse más cerca de la orilla perdió el equilibrio por sus extremidades aún un poco rígidas, pero Shen Yuan atentó a los movimientos del niño se apuró en atajarlo antes que cayera de cara al agua y se mojara. La criatura quedó a la vista completa de Luo Binghe, que no podía apartar sus ojos de la increíble criatura celestial, jamás había visto algo tan bello; el rostro de la criatura parecía a ver sido tallada en jade, y su largo cabello negro se ondeaba en el agua como tinta negra. Sus mejillas se sonrojaron cuando sus ojos se fijaron en el pecho descubierto de la criatura, no llevaba nada que tapara esas pequeñas y rosadas cerezas. Por respetó a su salvador, miró hacia otro lado.
― Ten cuidado pequeño, no te vayas a mojar y enfermar.
Luo Binghe abrió aún más si es posible sus ojos, ¡que hermosa voz!, estaba seguro de que debía estar frente al mismísimo Dios del Agua. No se había dado cuenta que había abierto su boca del asombro, por lo que fue fácil para Shen Yuan meter un lichi en la boca del niño. Al tomarlo comprobó de mala gana que el pequeño estaba muy delgaducho y no pesaba nada, debía alimentarlo.
― Debes comer, estas muy flaco ―dijo Shen Yuan tocando la barriga del niño que estaba muy falta de musculatura, haciendo saltar a Luo Binghe que se sonrojo― los niños deben ser gordos y rechonchos.
Por un momento, Luo Binghe se asustó ¿acaso aquella criatura celestial quería comerlo?, ¿su intención era engordarlo para después devorarlo?, ¿comerse una por una sus huesudas extremidades? Ante ese pensamiento Binghe no pudo evitar tragar saliva. Pensó en correr, la criatura no podía seguirlo en la tierra, había visto el borde de su pelvis allí solo había escamas, bellas escamas blancas... otro lichi fue puesto en su boca, mordió y tragó; Luo Binghe olvidó el instinto de supervivencia que le pedía a gritos salir corriendo de ahí, en cambio se sentó aún más cerca de la orilla dejando que la bella criatura lo alimentara.
― ¿Cómo te llamas?, se que los humanos tienen nombres ―dijo Shen Yuan mirando al niño que había recuperado levemente el color en sus mejillas.
― Este es Luo Binghe, eh... Dios del Agua ―murmuró el niño.
Shen Yuan inclinó su cabeza confundido, ¿Dios del Agua?
― ¿Qué es un Dios del Agua? ―preguntó Shen Yuan. Buscó entre sus recuerdos heredados por otras criaturas antes que él, pero no encontró ninguna palabra parecida.
― ¡Eh!, ¿no eres un dios o una deidad? ―. La criatura negó, pero Luo Binghe tuvo la impresión de que tampoco entendía esas palabras― Este Luo Binghe, ¿puede preguntar qué eres?
― Soy Shen Yuan ―sonrió la criatura, sonrojando aún más a Binghe. ─ Ahora, se un buen cachorro y come.
Shen Yuan alimentó a Binghe con todas sus provisiones de lichis, incluso cuando el pequeño ya no podía comer de lo tan lleno que estaba, pero la criatura negó con su cabeza, tomándole del delgaducho brazo y metiéndole otro lichi en la boca. Shen Yuan había visto como las madres osos cuidaban de sus oseznos: les daban de comer de forma abundante, poniéndolos como bolitas negras y peludas; los hacían dormir, arrullándolos en las noches y arrastrándolos de nuevo a sus nidos para dormir la siesta; y mejor de todo, mimándolos.
Luo Binghe comió todo lo que la hermosa criatura le dio. Jamás estuvo tan lleno en toda su vida. Aunque su amada madre adoptiva, le dio todo lo que pudo y más, siempre tuvo que ir a la cama con el estómago vacío. Por primera vez en su corta existencia, se recostó en el suave follaje con el estómago a reventar. Comió hasta casi vomitar, y se sentía maravilloso. Cayó de espaldas, sintiendo en la piel descubierta el calor de los rayos del atardecer, que traspasaban las hojas y ramas de los árboles. Los ojos comenzaron a cerrárseles, arrullado por el sonido de una melodía que Shen Yuan tarareaba. ¿Qué estaba haciendo? Debía escapar cuanto antes, o iba a ser devorado por esta hermosa y gentil criatura acuática, que le cantaba y acariciaba su frente, con esas largas garras que podrían perforarle la carne y arrancarle las entrañas.
A pesar de que su mente le gritaba que se alejara, el cuerpo le fue incapaz de responder. Terminó completamente dormido bajó las caricias de Shen Yuan. Apoyado sobre sus antebrazos en tierra y ondeando su cola en el agua, tocaba con una de sus manos los cabellos rizados del niño.
Qué pequeño, iba atener que buscar más comida para hacerlo crecer rosadito y gordo.
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Fue una batalla meter a Luo Binghe al agua. Se había alejado lo máximo posible del alcance de Shen Yuan, pero como este era obstinado igual que ese pequeño niño humano; impulsó su cuerpo fuera del agua, subiéndose a la grama persiguiendo a Luo Binghe, teniendo que arrastrarse para llegar a él.
Binghe estaba aterrado y maravillado al mismo tiempo: había visto en todo su esplendor a la criatura. No tenía piernas, sino una elegante y hermosa cola de pez Koi. Las escamas argentadas y brillantes resplandecían con la humedad. El cabello largo y azabache, mojado se le pegaba a la piel de la espalda y los contornos del rostro, otorgándole un aspecto fatal y seductor; y esos ojos, verdes como dos gemas esmeraldas. Por supuesto, Binghe no sabía de tales placeres y erotismo del cuerpo, pero podía sentir un fuerte lazo encantarle, desde los pies a la cabeza. A la tierna edad de ocho años, Luo Binghe supo que no deseaba apartarse nunca más de Shen Yuan, aunque este decidiera engordarlo para comerlo después.
Shen Yuan le quitó la ropa a Binghe con algo de resistencia, pero logró su cometido: desnudar al cachorro para bañarlo. Lo tomó por debajo de las axilas y lo arrojó al agua, tal y como lanzaba a los peces cuando estaba aburrido. Sin prestar atención a como Luo Binghe pataleaba y aleteaba en agua, reviso la ropa andrajosa que llevaba; tenía muchos parches y hoyos, aparte de estar desgastada y sucia. Shen Yuan arrugó la nariz: cuanto deseaba tirarla, pero el pequeño cachorro no tenía más con que cubrirse. Sabia que los humanos necesitaban cubrir sus cuerpos, no tenían la capacidad para autorregular su temperatura corporal. Resopló, tendría que buscar cómo proteger la piel de Binghe.
― ¡A-ayuda! ―gritó casi ahogado Luo Binghe. Intentando mantener su cabeza fuera del agua.
Shen Yuan había olvidado que dejó solo a Binghe. Se zambulló de cabeza, con un movimiento fluido y estiloso, tomando al niño y lo acercó a su cuerpo, manteniéndolo a flote. La criatura no había considerado que los niños humanos no nacían aprendiendo a nadar, tendría que enseñarle.
― Vamos Binghe, extiende las piernas ―pidió gentil Shen Yuan. Teniendo firmemente sujetado a Luo Binghe. ― ¡Mira! ¡así! Como lo hacen los peces.
Luo Binghe, estaba aterrado, pero una vez que fue ayudado por Shen Yuan, manteniéndolo a flote sintió que podía relajarse un poco. Lo tenía sostenido de la espalda, boca arriba como una estrella mar. Binghe podía ver como las aves e insectos voladores pasaban por sobre su cabeza, y las ramas más pronunciadas de los árboles que asomaban por sus cabezas. Se rio del puro gusto.
― Muy bien, Binghe ―felicitó Shen Yuan, viendo como el cachorro flotaba en la superficie como una hoja.
Luo Binghe, nunca había jugado. Jamás tuvo la oportunidad de ser un niño. Disfrutar de corretear por las tardes con otros niños, tener juguetes o reír de alegría. Realmente Luo Binghe jamás había sentido el sentirse ligero como una pluma o una hoja, solo sabia lo que era la carga infortunio y la desgracia. Pobre, extremadamente pobre y una madre muy enferma, sin ayuda de nadie intento salir adelante, sacar a su madre adelante, pero nada de lo que pudiera hacer un niño de ocho años, era suficiente. Cargo el peso de un cuerpo frío, que lo espero hasta que ya no pudo más. Luo Binghe llego tarde y su madre murió, sola. Ahora, jugueteaba en el agua, nadando como un perrito de un extremo a otro, en las tibias aguas de un manantial hechizado junto a una criatura que lo seguía a todos lados; velando de que no se hundiera de nuevo y tragara agua.
Salía del agua y saltaba de nuevo a ella, hundiéndose y emergiendo de nuevo, entonces comenzó a saltar a los brazos de Shen Yuan, quien lo recibía y le daba vueltas en el agua. Jugó tanto que su pequeño cuerpo quedó agotado, quedándose dormido casi de inmediato. Shen Yuan no quería ponerle esas sucias vestimentas, pero no tenía otra cosa con que cubrirle, entonces vio las enormes hojas de nenúfares que flotaban en el manantial y tomó una, cubriendo a Binghe por la parte seca.
Shen Yuan pensó por un momento. Terminó por cubrir por completo a Luo Binghe, quien dormía apaciblemente en la hierba. La criatura tomó de las orejas a un conejo gordo que pasaba por ahí, y advirtiéndole con un dedo le dijo que cuidara del cachorro; volvería al anochecer. Hundiéndose nuevamente en el agua, nadó por las cavernas acuáticas que conducían hasta un lago, muy cerca de una ciudad. Ocultándose entre las rocas, espero.
Un pescador que se notaba por el sonrojo de sus mejillas, y la falta de equilibrio sobre sus piernas, que estaba borracho. Se acercó hasta la orilla, se bajó los pantalones con la intención de orinar, pero antes que pudiera percibir la perturbación en el agua, fue jalado por el tobillo y arrojado al agua. Nadie alcanzo a escuchar un grito del hombre; las aguas estaban serenas como si nada hubiera pasado. De pronto, el pobre hombre salió tan rápido como le dieron las piernas del agua y corrió completamente desnudo y gritando alterado hasta la ciudad. Shen Yuan, solo pudo ver el trasero del hombre perderse en la oscuridad. Sonrió satisfecho con la ropa entre sus garras: un poco grande, pero el cachorro iba a crecer y estaría abrigado.
