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Jimin y Jungkook estaban en una extraña relación desde hace casi 2 meses, iban y venían. Tenían sexo, se celaban mutuamente, peleaban casi siempre y sin embargo no eran nada oficial.
Aunque su oficialización como pareja estaba a la vuelta de la esquina, todo podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos…
Y aún mejor, agregando a alguien más para compartir su amor.
¿Un poli amor? Ni en sus sueños más locos, al menos eso fue antes de conocerlo a él. Min Yoongi, el misterioso productor de música que siempre vestía de negro los cautivó a los 2 al mismo tiempo.
Aunque los dos se sentían avergonzados y confundidos por cometer semejante traición a su no relación, lo hablaron y llegaron a una conclusión: tenían que conquistar a Yoongi hyung y convencerlo de iniciar un poli amor.
Los días pasaron, la convivencia entre los tres ya sea en parejas o en grupo comenzó a ser frecuente. Hubo miradas, sonrisas, roces que lo decían todo. Antes latía 2 corazones a una misma frecuencia mientras que 1 aún era distante, acelerándose de vez en cuando, demostrando que algo comenzaba a florecer entre ellos tres.
Semanas e incluso meses después, los menores lo lograron. Yoongi aceptó iniciar una relación poliamorosa, decidieron celebrarlo a lo grande. Después de un tiempo, la tensión sexual parecía escapar por sus poros, cada fibra de su sistema nervioso se erizaba de solo pensarlo. En el proceso, no habían ido más allá de unos cuantos toques o roces sugerentes, no querían que el sexo influyera en la conquista de aquel lindo corazón.
Cuando el momento por fin llegó, fue una explosión de hormonas y calentura que ninguno de los tres pudo detener o anticipar.
Y aún así, los tres estaban más que preparados.
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La casa de Jimin estaba a oscuras a excepción de la luz de la tele que mostraba una serie a medio terminar. El rubio solo llevaba puesta una sudadera oversize color gris que resbalaba por su hombro dejando sus clavículas a la vista junto a su piel lechosa. La prenda le cubría los muslos pero no lo suficiente como para ocultar los ligueros que apretaban su carne con ímpetu atados a una preciosa lencería negra de encaje que tanto le gustaba usar. Le gustaba verse sexy en cualquier ocasión, incluso sin esperar que algo más sucediera, era un acto de amor propio combinado con su característico egocentrismo.
Su teléfono yacía sobre la mesa, vibró, anunciando un mensaje. Después, un tono de llamada interrumpió su concentración.
—Hola?
—Jimin, cariño, soy Yoongi.— unos ruidos extraños se escucharon a través de la bocina.
—Estaba con Kook en lo de los chicos y las cosas se salieron un poco de control, ¿Podrías abrirnos? Estamos por llegar a tu casa.
Preocupado por sus dos hermosos pelinegros, murmuró un sí para después colgar, 2 minutos después el motor de un carro se escuchó afuera. Corrió a abrir, con su pulso tamborileando y las manos comenzando a temblar, su mente comenzó a maquinar en miles de escenarios que pudieron haber sucedido mientras sus chicos estaban con su grupo de amigos, deteniéndose abruptamente cuando abrió la puerta.
Sus ojos recorrieron de arriba hacia abajo los cuerpos frente a él, reparando en un labio partido aún con sangre seca que hacía juego con aquel irresistible piercing y en un moretón que yacía en el pómulo del más bajo. Dios, aún golpeados le parecían los hombres más sexys que se había cruzado jamás. Sin decir una palabra, se hizo a un lado abriendo más la puerta para dejarlos entrar.
Jungkook le dió un casto beso en sus pomposos labios entrando primero, Yoongi tomó su mano y lo guío hacia la sala cerrando la puerta con su pie. El rubio sabía que se venía una larga noche y por primera vez se arrepentía de haberse puesto lencería pues no podía hacer de enfermero viéndose así, no si quería que los sementales que tenía por novios descansaran.
—¿Qué pasó? ¿Por qué vienen así?
Se paró frente a ellos, cruzó los brazos sobre su pecho, adoptando una postura de molestia. Su hoodie se alzó unos centímetros, revelando un poco más del encaje que asfixiaba sus gruesas piernas. Los 2 pares de ojos frente a él recorrieron su cuerpo entero, devorándolo con la mirada. Una mirada felina que contrastaba con aquellos ojos grandes que brillaban bajo un velo de lujuria creciente. El nerviosismo se apoderó de él, casi logrando que olvidara por completo la molestia.
—Peleamos con unos idiotas en el club, querían besar a Hoseok a la fuerza.— la voz ronca de Yoongi se escuchó.
—Igual ellos fueron los que quedaron peor.— terminó el más alto.
—Claro, como si no tuvieras un labio roto.— se dirigió hacia el tatuado.— y tú un pómulo hinchado, Min. Déjenme ir por el botiquín, tengo que curar esa herida antes de que se infecte.
Los dejó solos en la enorme sala, adentrándose al baño en busca del botiquín. Se detuvo un momento frente al espejo, las manos le temblaban, picando por querer tocarlos a los dos. Sabía que su época reproductiva se encontraba pues su piel se sentía más caliente de lo normal y su libido aumentaba con solo pensar en sus ardientes novios. Tenía que calmarse, abrió el grifo y se lavó la cara con agua fría en un intento de apagar el incendio que se originaba en sus entrañas.
Al regresar, los vio sentados en el sillón, Jeon recargaba su cabeza en el hombro del más bajo mientras lo esperaba. La tierna imagen lo distrajo un poco de sus impuros pensamientos, arrancándole una sonrisa. No había mucho que hacer por Yoongi, el hematoma desaparecería solo así que se limitó a aplicar una pomada para ayudar con la inflamación. Posteriormente, se dedicó a limpiar, desinfectar y curar la herida de Jeon. Se posicionó entre sus piernas, las manos del tatuado automáticamente se sujetaron firmemente a su delgada cintura. El rubio contuvo un jadeo, dios, tenía que concentrarse pero no podía, la mirada intensa del castaño que se encontraba en el sillón individual le quemaba la nuca. Sabía que se veía demasiado provocativo y a decir verdad le encantaba sentirse deseado por aquellos dos hombres. Aunque le inquietaba un poco, pues nunca habían llegado a esa charla de quién iría arriba y quién abajo, más por ellos dos que por sí mismo pues Jimin siempre era el que recibía y nunca le llamó la atención estar arriba. Adoraba los cuidados que su pareja le proporcionaba y la sensación de sentirse lleno hasta más no poder.
Jungkook lo sacó de sus pensamientos cuando su mano derecha bajó hasta sujetar el encaje, jalandolo un poco y soltandolo unos segundos después. Su piel se erizó y un suspiro tembloroso abandonó sus belfos.—No hagas eso Kook.— pidió contando hasta 3 en su mente, consciente de que el pelinegro (al conocerlo por más tiempo) sabía cómo se veía su mirada cuando su mente se encontraba nublada por pensamientos lujuriosos. Solía decir que su mirada se afilaba ligeramente y sus ojos se volvían más brillosos, entendió inmediatamente que esto ya no solo se iba a tratar de él haciéndo de enfermero y que en cualquier momento la situación podría escalar.
Buscando separarse, dió un paso hacia atrás siendo detenido por la ronca voz del mayor. — A dónde crees que vas Minnie? Termina de curarlo.
Yoongi intercambió miradas con el más joven de los tres, asintiendo ligeramente en un acuerdo silencioso. El rubio los había puesto en una apretada y caliente situación cuando decidió abrirles la puerta viéndose así; jodidamente provocativo con lo que apostaba que era un conjunto negro de encaje que solo resaltaba en lechoso tono de su piel, mejillas sonrojadas y su cabello ligeramente despeinado, la sudadera gris lo hacía ver tan pequeño a pesar de que solo fuera unos cuantos centímetros más alto que él. Parecía un ángel o un demonio que lo incitaba a pecar con esos gruesos labios rosados que se veían tan jugosos y suaves. Miles de escenarios comenzaron a pasar por la cabeza de los dos y sin decir ni una palabra acordaron que esa noche sería su primera vez juntos.
—P-pero yoon — se volteó para mirarlo, dándose cuenta que ninguno de sus novios lo miraba a él, se miraban entre ellos, compartiendo una especie de complicidad.
—Nada, vas a ser un buen novio y curarás a Jungkook en silencio, ¿entendido, bonito? Si un solo ruido abandona tu linda boquita, ganarás un castigo.
—A los novios buenos no les gusta ser castigados, ¿O sí, ángel? — la voz, ligeramente ronca de Jungkook contrastaba con la ternura en su mirada, sabía que buscaba asegurarse de que estuviera de acuerdo con lo que iba a suceder a continuación.
Susurró un ligero sí para después continuar limpiando la herida que adornaba su labio de un tono carmesí. Las manos del menor continuaron su recorrido inconcluso, subiendo y bajando ligeramente, llegaban al borde de la curva pronunciada de su trasero y se detenían para bajar nuevamente. Las manos de Jimin temblaban dificultando su tarea, sus dientes apretaban sus belfos en un intento desesperado de reprimir cualquier ruido que quisiera salir. Distraído, apretó de más en la herida provocando un siseo y un apretón en su sensible piel.
—Cuidado amor, no quieres que me desquite más al rato ¿o sí, Jimin?
—N-no, lo siento.
—Lo sientes ¿Qué?
—Lo siento, papi.— sintió un apretón en su nalga izquierda, reclamando su piel, era un regalo por llamarlo así.
—Buen chico, ahora, continúa ya casi terminas y podrás recibir tu premio.
Yoongi observaba su dinámica como un depredador, evaluaba los puntos débiles del rubio; los toques que erizaban su piel, los apodos que parecían excitarlo más, el cómo su cuerpo reaccionaba ante los estímulos, tan receptivo. El pelinegro llevó una mano a la sudadera, levantándola para que su novio se deleitara con la salvaje vista, con la otra mano le hizo una seña para que se acercara. Jimin estaba orbitando entre la nube abrumadora de pensamientos obscenos sin reparar que el mayor se había levantado para jugar también. Al terminar de curar el labio aparentemente roto, sintió una presencia a sus espaldas, una pesada respiración en su nuca. Se giró para encarar al castaño quien le sonrió provocativamente, se sorprendió al sentir cómo el tatuado se levantaba encerrandolo entre sus cuerpos.
Cuatro manos recorrían su cuerpo sin darle tiempo para procesar, las manos de Yoongi amasando su trasero mientras las de Jungkook jugaban con sus pezones, jadeos y suspiros llenaron la sala como si de música se tratara. Eventualmente, la serie en la pantalla quedó olvidada pues su mente se encontraba ocupada en una bruma de deseo y rendición absoluta.
Su cuerpo era suyo y a su vez no lo era, se sentía tan abrumado y fuera de sí por tan solo unos toques, ni siquiera lo habían besado aún. Los delgados labios del más joven atacaron su cuello, dejando un camino de besos húmedos y succiones en aquel lienzo en blanco que adoraba llenar mientras sus manos se encargaban de retirar la única prenda que le impedía ver su conjunto de lencería. Decidieron no perder más tiempo y en un camino de besos, ropas abandonadas y caricias se trasladaron a la habitación.
Jimin se recostó en medio de la cama, abriendo sus piernas en una invitación que los hizo salivar, los dos estaban desnudos mientras que al rubio aún lo cubría la bonita lencería, lástima que tendría que arruinarse.
Jungkook se acercó, acariciando sus piernas mientras recorría sus muslos con su lengua arrancándole jadeos y ruiditos que pronto se convertirían en gemidos. Su ropa interior comenzó a sentirse empapada pues al ser un doncel tenía la capacidad de lubricar.
—Joder bebé, estás tan mojado y aún no hemos hecho nada— susurró el mayor mientras jalaba su cabello y lo atraía hacia sus labios en un beso intenso, sus lenguas se encontraron en una danza pecaminosa y sus labios encajaban tan bien que parecía ensayado.
El tatuado quitó desesperado la braga de encaje y se acercó a probar aquel lubricante natural del que se había vuelto adicto. Su lengua dibujaba círculos alrededor de su agujero, deleitándose con el sutil sabor a dulce. Jimin ahogó un gemido cuando sintió la humedad ajena de su lengua introducirse en su anillo.
— Mmm sí, ah! sí papi, así.
Sujetó el cabello negro de Jungkook para mantenerlo pegado a su sexo, moviendo sus caderas en círculos en busca de más placer. Yoongi descendió sus besos por su mandíbula dejándolo gemir, se paseó por su cuello y clavículas donde se detuvo a marcar su piel lechosa. Bajó hasta sus rosados botones, succionando y envolviéndolos con su lengua. Kook abandonó su entrada para arrancar la tela que protegía sus partes de un tirón, Jimin era una obra de arte digna de ver; sus belfos hinchados, saliva escurriendo por la comisura de sus labios, chupones de todos los tamaños adornaban su cuello y clavículas, sus pezones erectos, rojos e hinchados debido a las succiones, los ligueros que aún apretaban sus muslos, su entrada contraída de la que cada vez salía más y más lubricante y su precioso pene rosado que lloraba lágrimas de líquido preseminal, rogando por atención.
Jungkook cambió de posición con el mayor dejando que fuera él quien se encargara de preparar al rubio para recibirlos. —¿Estás preparado para lo que viene bebé?— preguntó recibiendo un sentimiento por parte del más deshecho de los tres. Apenas podía procesar todas las sensaciones que sentía, lo único que quería era que dejaran de jugar y lo penetraran de una maldita vez, ansiaba sentirse lleno, estaba desesperado.
—Responde bebé, Kookie te hizo una pregunta.— recibió un fuerte azote, la mano del mayor quedando marcada en su nalga.
—S-si, papi, por- por favor— balbuceó
—¿Por favor qué? Amor, necesitamos tus palabras.— dijo el más joven.
—Follenme, por favor, los necesito dentro.— su voz lasciva acompañada de aquella mirada felina con un toque cristalino hizo que sus miembros se contrajeran con anticipación.
—¿A los dos? Eres una puta, bebé. Dos penes dentro tuyo, ¿Crees poder con eso?— Yoongi introdujo dos largos dedos en su entrada, el rubio suspiró de placer.
—Ah! Yo- por favor, joder… mmmh sí.
—Mirate, lloriqueando por unos cuantos dedos y aún así quieres más, eres una puta.— Comenzó a abrir sus dedos en forma de tijeras, sus dígitos entraban y salían, curveandose de vez en cuando, buscando acariciar ese abultado punto de placer que lo volvía loco. El menor era un desastre de gemidos y agudos lloriqueos, Jungkook acercó su erección a los labios de Jimin buscando llevarlo al límite pues sabía que este amaba sentirse usado en sus dos agujeros.
—Joder bebé, amo tu sucia boquita.— tomó un puñado de cabellos dorados, follando así la humeda cavidad. Su lengua era experta en llevarlo al cielo, hacia círculos en el glande mientras succionaba como si fuera una paleta, la saliva escurría de sus labios ocupados. Cada vez que gemía enviaba vibraciones al pene de Jungkook haciendo que se sintiera cada vez más extasiado.
Mientras, Yoongi agregó 1 dedo más desesperado por abrirlo bien para introducirse en él. El rubio abandonó el miembro de su novio para gemir ruidosamente sin dejarlo desatendido, masturbandolo desordenadamente. Se sentía tan cerca de su primer orgasmo y la noche aún comenzaba. — ¡Ahí! Mhm así papi, estoy- estoy tan cerca— sus ojos brillosos reflejaban el placer que sentía. El mayor aceleró los movimientos e introdujo un cuarto dedo cuando escuchó sus gemidos convertidos en gritos desesperados, golpeando con sus dedos esa abultada zona.
—Vamos bebé, córrete para mí, amor.
Jimin se liberó con un grito agudo, la garganta le quemaba y sentía que todo a su alrededor daba vueltas. El éxtasis le duró unos minutos, su respiración irregular acompañada de sus jadeos eran lo único que se escuchaba en la habitación. Yoongi sacó sus dedos observando como su rosada entrada se contraía furiosamente, excitado al ver al rubio hecho un auténtico desastre, atrajo a Jungkook por la nuca, chocando sus labios fundiéndose en un beso desesperado. Yoongi mordió el labio inferior de Jungkook tirando de aquella pieza metálica que lo decoraba. Sus erecciones se rozaban, creando una deliciosa fricción que lograba prenderlos aún más, roncos jadeos llenaron la habitación. Jimin, aún aturdido, se reincorporó en la cama como pudo, ayudándose de sus codos para sostenerse, mordiendo sus labios mientras se deleitaba con la ardiente vista. El tatuado recorría el cuerpo del mayor con fervor, apretando su cintura en un intento de marcar sus dedos en ella. Su piel era aún más pálida que la de Jimin, significando un perfecto lienzo en blanco que quería marcar, plasmando su deseo de posesión.
Jungkook acarició el trasero bien formado de Yoongi, Jimin se acercó gateando hasta quedar frente a ellos que se devoraban al borde de la cama. Jungkook le dió la vuelta dejándolo de cara frente a Jimin, el rubio atacó la erección del mayor rodeándola con sus labios rosados, su cabeza subía y bajaba en un tortuoso y perfecto vaivén, sus delicadas y pequeñas manos acariciaban sus bolas. Jungkook aprovechó para posicionarse tras él, bajando sus manos dió una nalgada firme, el sonido resonó en esas 4 paredes. El mayor gemía, deleitado, tomó el sedoso cabello dorado para obligarlo a quedarse quieto para poder follarle la boca pero el tatuado tenía otros planes. Lo detuvo con un fuerte agarre en sus caderas obligándolo a quedarse quieto.
—Te voy a preparar para que puedas follarte a Jimin mientras yo te tomo a ti, ¿Estás bien con eso? — le habló al oído, su voz era profunda y cargada de deseo. Lamió el lóbulo de su oreja y después mordió ligeramente, bajando por su nuca hacia su cuello comenzando a marcar. Yoongi se limitó a gemir, asintiendo mientras el rubio continuaba con su trabajo en su pene.
Jungkook lo calló introduciendo sus dedos en sus labios finos— Chupa. — ordenó. El mayor hizo su trabajo, dejándolos completamente húmedos. Sus músculos se tensaron cuando sintió aquellos dígitos rozar su sensible entrada, la incomodidad desapareció tan pronto como Jimin aceleró sus movimientos, su lengua haciendo círculos sobre el glande. Su abdomen se tensó con anticipación, su pulso era acelerado, el corazón le retumbaba tanto que creía que sus novios serían capaces de escuchar si tan solo pudiera controlar el volumen de sus lloriqueos.
—Carajo gatito, estás tan apretado. Mira cómo succionas mis dedos, tan jodidamente delicioso.
Yoongi dejó caer su cabeza en el hombro de Jungkook buscando apoyarse en él, se sentía muy estimulado en todas partes. Subió sus manos hacia sus pezones, apretando y jugando con ellos, joder se sentía en la puta gloria. No podía esperar a penetrar a Jimin a la par que Jungkook lo penetraba a él, se sentía desesperado por introducir su pene en el cálido y rosado agujero de Jimin y follarlo hasta dejarlo en la inconsciencia.
Después de unos momentos y unos cuantos dedos más, Jungkook decidió que ya podían dejar los juegos previos y comenzar la verdadera diversión. Sacó sus dedos mientras le ordenaba a Jimin que se pusiera en 4 frente a Yoongi, estirándose para recoger un poco de su lubricante natural que recorría sus muslos para untarlo en su pene. Tomó al mayor por la cadera acercándolo al rubio en una invitación silenciosa para que se introdujera en él. Min hizo caso, agarrando las caderas sintiéndose abrumado por la vista del culo bien formado en forma de melocotón, enterrandose lentamente en él, sintiendo como sus paredes calientes y húmedas lo apretaban en cada punto correctamente. Se tomó un minuto para concentrarse, temiendo que pudiera correrse demasiado rápido.
—Mierda Jimin, estás- oh joder. Estás muy apretado bebé, mira como tu culo se abre para recibirme, tan jodidamente caliente.
El mencionado soltó un gemido demasiado agudo y roto, extendió sus brazos hacia atrás, apoyándose enteramente en su hombro. — Hyung, toma… toma mis manos por favor.
Estaba muy abrumado, si bien su pene no era tan grande como el de Jungkook si que era más grueso, sentía cada vena palpitar dentro de sí, abriéndolo más de lo que acostumbraba y aún así Jimin quería más.
Jungkook aprovechó el éxtasis desbordado que sentían sus parejas para apoyar su mano tatuada en la espalda de Min, inclinandolo ligeramente tomó una de sus piernas subiendola hasta quedar a un lado de la de Jimin. En ese ángulo, aprovechó para introducir su erección en su cavidad que lo recibió gustosa.
Mierda, Yoongi no sabía en qué concentrarse. Estaba siendo estimulado por todas partes, su entrada se apretaba en una búsqueda de succionar más el pene de Jungkook hacia dentro, como si temiera dejarlo ir. Por otro lado, la estrechez de Jimin, aquel culo perfectamente redondo, su cavidad expulsaba chorros de lubricante demostrando lo bien que se sentía junto a los pequeños ruiditos agudos que salían de sus pomposos labios, los hoyuelos de Venus resaltando bajo sus dedos y aquel tatuaje de las fases lunares que adornaba la piel de su espalda.
—Dios…
—¿Dios? — la voz agitada de Jungkook resonó en la habitación donde solo había jadeos y sonidos agudos acompañados de sus respiraciones aceleradas.— Creí que mi nombre era Jungkook.
Soltó agitadamente con voz ronca, como si se estuviera conteniendo, un gemido abandonó los labios delgados de Min. Jeon sintió algo encenderse en su interior, el deseo de ver a sus novios completamente jodidos y arruinados lo motivó a, por fin, mover sus caderas en un delicioso vaivén.
—Ah, kookie! Mhm…
Los gemidos altos de Jimin se escuchaban puesto que la posición en la que estaban provocaba un efecto dominó en donde el pene de Yoongi golpeaba su interior al mismo tiempo que Jungkook lo embestía. Los tres se encontraban en el cielo, o el mismísimo infierno, no importaba ya. Lo único que importaba en ese momento era aumentar la sensación de placer en la que se encontraban completamente sumergidos y entregados. Jimin buscaba dónde sostenerse mientras que Yoongi algo abrumado envolvió a Jimin por la cintura con un brazo, casi recargando todo su peso en él, sostenido únicamente por su codo libre. El rubio jadeó al sentir la pesada y cálida respiración en su nuca, sus ojos se volvieron blancos cuando la mano que lo sostenía descendió hacia su entrepierna en busca de su necesitada erección. Gimió cuando el tacto se hizo presente, sus pezones erectos se rozaban con las sábanas aportando más placer.
Jungkook decidió que era suficiente, tomó a Yoongi por el cuello obligándolo a arquear su espalda y levantarse, embistiendo aún más fuerte. El sonido del golpeteo que hacían sus nalgas y la pelvis del menor era como música para sus oídos. Jimin se reincorporó cambiando de posición, su espalda quedó sobre las sábanas, sus piernas abiertas de par en par frente a sus novios, tocándose mientras admiraba la gloriosa vista frente a él.
Su mirada lasciva recorría sus cuerpos, intentaba grabarse la expresión perdida de Yoongi. Su ceño fruncido, sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos de los cuales salían jadeos y a veces escapaban sonoros gemidos. La venosa mano del menor anclada a su cuello enrojecido, el pecho parcialmente tatuado cubriendo por completo la espalda del pelinegro, sus dientes presionando su labio inferior donde la argolla plateada se robaba toda la atención. Su expresión depredadora, sus ojos que observaban con fervor la unión de sus cuerpos, disfrutando de cómo aquel culo se tragaba su pene, desviándose de vez en cuando para posar su mirada en el rubio que se acariciaba a sí mismo.
—Vamos bebé, métete los dedos.
—Mhm! Jung- Jungkook — su mano dejó de acariciar su erección, sabiendo lo que provocaba su sola presencia guió sus pequeños y regordetes dedos hacia su entrada reluciente por el lubricante. Sin romper el contacto visual introdujo 4 dedos, sabiendo que no era suficiente pues eran demasiado cortos.
—Ngh, papi, por favor. — comenzó a moverlos, desesperado por alcanzar su próstata sin ningún éxito.— Te necesito, los necesito. — su mirada se suavizó, ojos brillantes acumulando lágrimas de frustración, labios rojizos sumamente hinchados, mejillas sonrojadas acompañado de un tono de voz suplicante.
—Mierda bebé.
Disminuyó sus embestidas poco a poco, permitiéndole a Yoongi recuperarse, era hora de poner en práctica lo que Jimin tanto anhelaba.
Salió del interior de Yoongi lentamente y lo volteó dejándolo frente a él para unir sus labios en un beso apasionado pero lento, denotando el cariño que sentía por él sin dejar de lado las ganas que tenía de romperle el culo. Bien, eso podía esperar para otra ocasión, no podía hacerlo en estos momentos, no cuando su precioso angelito se encontraba gimiendo con sus propios deditos en su interior, sin parar de balbucear súplicas, deseando que lo llenaran.
Dejando que el mayor se recuperara, se acercó lentamente a su presa, se subió a la cama y bruscamente retiró la mano con la que se estaba tocando anteriormente. Su blanquecino cuello convirtiéndose en víctima de su mano tintada, la presión lo hizo jadear, sus manos rodearon la muñeca del más alto, su mirada de sirena se conectó con esos preciosos orbes negros que en ese momento lo observaban con hambre. Sus ojitos transformándose en segundos hacia una mirada suplicante, viéndolo hacia arriba sacó su lengua, sugerente. Jungkook captó la súplica silenciosa y escupió directamente hacia su roja boquita. No esperó a que tragara y lo atrajo en un beso que provocó un corto circuito en la cabeza del rubio. Estaba muy caliente y necesitado, su piel ardía bajo el toque de sus manos.
El menor succionaba y mordía los gruesos labios del contrario como si su vida dependiera de eso. La mente de Jimin se nubló aún más, sin poder corresponder al ritmo de aquel intercambio. Se separaron jadeando, la mano tatuada dejó de hacer presión alrededor de su cuello y pasó a sostener su mandíbula, su pulgar deteniéndose peligrosamente cerca de sus labios, delineando el borde del inferior. No aguantó y lo introdujo, sintiendo la calidad de la lengua viperina del rubio envolverlo.
Joder Jimin
Soltó su mandíbula, aventandolo contra el colchón, abriendo las blanquecinas piernas, penetrando su interior en el proceso provocando que más lubricante abandonara su apretada entrada.— El puto paraíso, eso eres bebé, desearía morir enterrado en ti.
Sus caderas se movían desesperadamente, vió la sonrisa burlona de Jimin al sentirlo perder el control, callandolo introdujo 4 dedos en su boca, casi ahogandolo, sosteniendo de alguna manera, su pulgar reposaba en su barbilla.
Todo era rápido, duro y profundo. La piel de sus nalgas se enrojecia cada vez más con cada golpeteo.
—A-ah! — jadeos y balbuceos rotos e incoherentes salían de su boca, no podía hablar con la mano de Jungkook dentro suyo.
—Vamos Jeon, déjalo. Es hora de que le demos lo que tanto ha estado rogando como una maldita puta. Porque eso eres ¿Verdad bebé? Una puta zorra necesitada, tan jodidamente desesperada por recibir 2 penes en su interior. Porque uno no es suficiente para una putita caliente como tú.
—Mmm, aaah! Ahg!
—Mirate, gritando y todavía ni empezamos. ¿Qué será de ti cuando nos tengas dentro de ti? Estirando tu agujero más de lo que eres capaz de soportar.
Jungkook lo levantó sin dejar de embestirlo, señalando la cama con su cabeza, Yoongi captó su órden, acostándose atrás de Jimin para recibirlo, recostandolo sobre su pecho. El mejor salió de su interior, con su mano juntó su pene y el de Yoongi, masturbandolos juntos. Los dos jadearon viéndose a los ojos, el rubio veía la acción muy atento, sentía la boca salivar de solo pensar en tenerlos dentro.
Tomó la erección de Yoongi, llevándola hacia la entrada de Jimin, por más que estuvieran desesperados aún tenía que abrirlo un poco más para poderlos recibir a los dos. Introdujo su pulgar junto al pene de Yoongi, jadeando al sentir su interior contraerse. El rubio se encontraba en la gloria, respirando entrecortadamente.
Al no ver mucha resistencia por parte de su novio sacó su pulgar y en su lugar introdujo el anular y el indice. —Muévete gatito, hazlo sentir bien.
Ordenó, Yoongi tomó las piernas del rubio y se impulsó para comenzar un ritmo lento pero profundo. Su pene se deslizaba dentro y fuera de la apretada entrada, lo único que nunca salía eran los dedos del tatuado, obligándolo a mantenerse abierto. Al verlo más relajado, introdujo un tercer dedo.
—Ah! Si papi, así.
—Mírate, estás hecho un completo desastre y aún no me tienes a mi adentro. ¿Crees poder soportar 2 penes abriendo tu hermoso culo? ¿O sólo estás siendo una puta arrogante?
—Yo- oh! Mmmh…
—Palabras Jimin, sabes que no me gustan los lloriqueos.
—Joder, yo- si, por favor.
—¿Por favor qué?
—Por- fa ah! favor, metemela.
Sin decir más, retiró sus dedos y acercó su pene, Yoongi detuvo sus movimientos, retirándose un poco hasta dejar solo la punta, Jungkook se alineó y al mismo tiempo empezaron a empujar. Carajo, la sensación era tan deliciosa, se sentía muy apretado, caliente y húmedo. Jimin se tensó, Jungkook lo percibió, atrayendolo en un beso buscando distraerlo, Yoongi lamía y succionaba su cuello, dejando marcas.
Cuando ya no hubo resistencia y el rubio estaba más relajado, continuaron empujando hasta que no pudieron entrar más. Jimin estaba flotando en placer, se sentía tan abrumado, tan fuera de sí, que la sensación de éxtasis recorría cada uno de sus nervios. Su corazón retumbaba con fuerza en la caja torácica, sentía que se le iba a salir. No se percató de que estaba llorando hasta que sintió la áspera mano de su novio acariciando su mejilla en un intento de limpiar sus lágrimas.
—¿Estás bien bebé?
Preguntó Kook, en su voz se notaba el esfuerzo sobrehumano que hacía para contenerse y no moverse. La estrechez los estaba matando a él y a Yoongi. Estaba muy apretado, tan apretado que sentían que sus penes se asfixiaban.
Jimin sollozó de placer, su mente nublada no lograba comprender lo que le acaban de preguntar. Él solo quería más, necesitaba correrse ya.
La palabra “más” acompañada de balbuceos incoherentes era lo único que salía de su boca. Jungkook se desesperó y le propinó una cachetada no tan fuerte para hacerlo reaccionar, tomándolo por el mentón, obligándolo a verlo.
—Jimin, cariño, ¿Estás bien?
—Yo- sí, kook, pe- perdón. Muévase por favor.
Los dos no necesitaron más y se movieron, increíblemente sincronizados. El roce de sus penes junto al apretado y cálido interior de Jimin se sentía como la gloria. Chorros de lubricante salían sin parar facilitando el movimiento. Su precioso pene rosado rebotaba con cada embestida, se veía brillante en la punta por culpa del presemen tentandolo a acariciarlo pero no lo haría. Quería que el rubio se corriera únicamente por la sensación de sus penes estirandolo, es por eso que Jungkook tomó la pierna de Jimin para inclinarla más en busca de un mejor ángulo que rozara su próstata.
—¡Ahí! Joder, ahí.
Sollozó, las lágrimas descendían por sus mejillas rojas, una más colorada que la otra debido a la cachetada. Se sentía desesperado, su pene dolía, buscando alivio intentó llevar sus manos a su erección pero las de Yoongi llegaron primero, tomando las suyas impidiendo que se tocara.
—No bebé, sin tocarte. Si te quieres venir será solo por tener dos penes presionando tu interior así de rico. — provocó, alzando sus caderas para ir más profundo, lograndolo gracias al nuevo ángulo que Jungkook facilitó.
Un húmedo golpeteo junto a los agudos sollozos de Jimin eran lo único que lograba escucharse. El sudor recorría la sien de Jungkook, quién estaba completamente erguido frente a sus parejas. La vista que los dos tenían era gloriosa. El cabello negro alborotado y ligeramente mojado debido al sudor, sus labios un poco más hinchados de lo normal debido a los besos y las mordidas que el mismo se propinaba, su manga de tatuajes completamente expuesta mientras sostenía la pierna del rubio, por su pecho descendían más gotas de sudor, perlando su abdomen. Las venas de sus brazos resaltando debido a la fuerza y el empeño que ponía sobre sus embestidas.
En cambio Jungkook, sí que se estaba conteniendo para no correrse primero que ellos. Jimin estaba completamente arruinado, su cabello dorado apuntaba en todas las direcciones posibles, su ceño fruncido, sus ojos en blanco, su boquita roja abierta dejando escapar saliva, sus gemidos sonoros y ruidosos acompañados de sollozos y balbuceos.
Yoongi no estaba mejor que él, había pasado sus brazos por debajo de los brazos de Jimin, haciendo presión en su nuca, golpeteando el interior de Jimin con la misma pasión y rapidez que el tatuado, su cabello negro húmedo, sus ojos cargados de placer, una sonrisa ladina se asomó cuando hizo contacto visual con Jungkook. —¿Ya te quieres correr Kookie?
Se burló.
—Ca- cállate Min.
—Cállame Jeon.
Jungkook deslizó su mano libre hacia las nalgas de Yoongi e introdujo dos dedos de golpe, la sonrisa del mayor se congeló. Su agarre sobre Jimin flaqueaba por momentos. El placer aumentó, gemía y jadeaba por igual, los dedos largos rozando su próstata mientras su pene era deliciosamente apretado por Jimin y presionado por el pene de Jungkook.
Carajo, no debió burlarse, ahora no estaba seguro de quién era el que se correría primero de los tres.
—¡Papi! Aaah! Mierda.
—¿Si bebé?
—¿Puedo? Por favor, por favor.
—¿Mi putita ya no puede más? ¿Quieres correrte bebé? — preguntó acelerando aún más sus embestidas, casi retirándose por completo para volver a enterrarse en su interior.
— Por favor papi, ¿Puedo venirme?
—Joder, si bebé, correte para papi.
Jimin no necesitó más y se dejó ir, la sensación arrasadora del orgasmo lo cubrió por completo, nublando sus sentidos en el proceso. Su mente estaba en blanco, a lo lejos escuchaba a alguien sollozar. ¿Era él? ¿Acaso eran sus propios lloriqueos lo que escuchaba? No lo sabía.
Jungkook y Yoongi no pudieron soportar más la sensación de sus penes ser apretados por la lubricada entrada que se corrieron casi al mismo tiempo.
—Ah, joder, sí. — con una última embestida el tatuado llegó al clímax, llenando la cavidad con su semen.
—Mierda, mhm. — Min le siguió, apretando los dedos de jk, expulsando chorros de su escencia en el interior del rubio.
El éxtasis de su libido los arrastró a los tres en una nube densa de placer. Sus sentidos se nublaron por unos segundos, sus respiraciones y los sollozos de Jimin eran lo único que lograban percibir aparte de la calma y aquella sensación vertiginosa del clímax.
Se sentían como si hubiesen corrido un maratón entero sin descanso y la recompensa al ganar era nada más que la gloria de percibir sus cuerpos relajados. Con una sonrisa en el rostro y una carcajada amenazando con abandonar su garganta, Jungkook se reincorporó, dejando besitos por todo el rostro húmedo de Jimin, tomó sus mejillas con ambas manos mientras presionaba sus labios tiernamente.
El rubio sonrió entre sollozos, volteando hacia Yoongi quién también traía una radiante sonrisa en su rostro cansado. Cómo todo un pollito, extendió sus labios en un lindo y atractivo puchero que Min no tardó en besar, acariciando su cintura en el proceso.
El tatuado los admiró con una boba sonrisa, sus ojitos de tapioca brillando incluso más que antes. Acarició la mejilla de cada uno, tomándose su tiempo en apreciar los rostros sonrojados de sus pálidos novios, dejando un beso en cada lugar. Primero en sus labios, su mentón, sus mejillas, la punta de su nariz, sus párpados y su frente. Repitiendo el proceso una segunda vez. Se sentían tan felices, tan llenos (en el sentido literal y emocional), una plenitud después de retrasar tanto el intimar juntos.
Habían sido rudos, sí.
Pero no por eso había menos amor en sus acciones.
Lo habían disfrutado, cada pequeño momento se sintió como una caricia por más intenso que fuese.
Estaban maravillados.
Sin duda, lo repetirían muchas veces más a partir de este momento.
