Work Text:
Existía una enfermedad entre los dioses, una de la cual no se solía hablar.
Conocida como:
“Hanahaki”
Aunque muchos la conocían su existencia seguía siendo algo extraño e inexplicable.
Muchos la llamaban; “la enfermedad del amor no correspondido”
Cuando amabas con mucha intensidad a alguien era algo que podía pasarte.
Petalos de rosas crecían en tus pulmones llenándolos hasta matarte.
Una forma tan hermosa de morir.
Cuando Hades tosió sacando su primer pétalo de su boca, estaba incrédulo. El aún no podía identificar sus sentimientos por el emperador, pero al parecer su cuerpo si.
¿Era una señal?
De que su amor era tan especial que desarrollo la enfermedad.
Hades guardó cada pétalo, desde el primero hasta los últimos que había soltado.
La enfermedad empeoraba gradualmente.
Y eso era por un solo motivo.
Hades no tenía la fuerza de declararse al emperador.
Quería hacerlo, claro que quería hacerlo, quería vivir a su lado, besarlo, hacerlo suyo, quizás formar una familia.
Divagaba en su oficina mientras pensaba en el amor de su vida.
¿Por que Qin Shi Huang era tan especial?
La pregunta se le hacía absurda.
Desde el primer segundo que el chino entró en su vida no dejo de demostrarle lo increíble que era.
En su pelea demostró su valor, luego de esta cuando pudieron reunirse Hades se dio cuenta de que la pelea solo fue el inició del amor que sentía por Qin.
Tuvieron varios encuentros, a Hades le gustaría llamarlos “citas”.
Pero lo cierto es que nunca le pusieron nombre a eso.
Normalmente Qin buscaba a Hades y lo arrastraba a compartir algo juntos en algún lugar al azar.
El dios apreciaba eso, apreciaba cada momento que tuviera para poder ver a ese humano brillar.
Pero su enfermedad empeoró, no dejaba de toser petalos por su boca, a veces acompañados de un poco de sangre.
Término en su cama, postrado, sin apenas poder moverse.
— Hades, deberías decirle lo que sientes a ese idiota. — intentó Poseidón.
— Estoy de acuerdo con el... — dijo Adamas con cuidado. — Hermano, no quiero perderte otra vez.
— Aprecio sus palabras cof cof cof — Hades empezó a toser dejando salir otro petalo. — Pero si me rechaza... ya no quedará nada de mi.
La habitación se lleno de un silencio demoledor.
Mientras por otro lado, el emperador no entendía que pasaba, hace tiempo que iba a buscar a Hades y este lo rechazaba brutalmente.
— ¿Creen que no me quiera? — preguntó a sus hermanos jurados, los guerreros de la humanidad.
— Creo que es algo más. — dijo Nostradamus quien siempre parecía saber más que los demás. — No solo es usted emperador, hace rato que no se ve al rey del helheim salir de sus aposentos.
— ¿Tal vez podrías visitarlo en lugar de querer llevártelo a cualquier lugar? — propuso Sasaki Kojiro. — Puede que se sienta más cómodo de esa forma.
— Que curioso que tu lo digas. — respondió Kintoki. — Pero tienes razón.
— ¿Realmente nos llamaste para quejarte de tu historia de amor con el rey del helheim? — preguntó Okita Souji algo cansado.
— Siempre nos llama para lo mismo. — recalcó Lu Bu.
— Es que lo amo~ — soltó al aire Qin acompañado de un suspiro.
— Debatible. — murmuró Leonidas.
— No es debatible. — se quejó el chino. — Hemos estado teniendo citas todo este tiempo donde le demostré todo el amor que siento por el, ¡estoy seguro de que el también lo siente!
— Si estas tan seguro, ¿por que no vas y lo visitas? — sugirió Raiden Tameenon.
— ¡Eso mismo voy a hacer! — Qin se levantó de su asiento y fue en busca de Hades.
Cuando el emperador llegó la seguridad de Hades no sabía que hacer, ¿lo dejarían pasar por el bien de su señor o seguirían las órdenes al pie de la letra?
Tuvieron dos segundos para pensarlo cuando Qin entró por su cuenta rompiendo la pared y ninguno se ánimo a detenerlo.
— ¡Hades! — el emperador entró con alegría al lugar, para encontrarse con un Hades debilitado acostado en su cama. — ¿Hades?
— Zheng... me alegra verte. — murmuró el dios antes de que su garganta se llenara de petalos que tuvo que toser sorprendiendo al humano.
— ¿Por que salen flores de tu boca? — preguntó el humano acercándose hasta estar a su lado.
— Es una enfermedad que tenemos los dioses. — explicó el Dios. — la enfermedad del amor no correspondido.
Para alguien como Qin Shi Huang, que acababa de descubrir la existencia de la enfermedad, esa descripción sonó como que Hades amaba a alguien más que no le correspondía.
Pero eso no tenía sentido.
Con tantas citas, con tantos encuentros, el juraba que había algo entre ellos.
Al parecer estaba equivocado.
— Ya veo, ¡yo puedo cuidarte hasta que sanes de tu enfermedad! — sonrió el humano.
Hades quería explicarle que no tenía cura, pero el emperador fue rápido a la cocina a preparar un té para el dios. Una vez listo se lo llevo con unos panes que encontró en la cocina para que descansara.
Hades comió en silencio, este momento de cuidado compartido con Qin hacia que se sintiera un poco mejor, pero sabía que solo era pasajero.
Cuando Hades se quedó dormido el emperador se aventuró a investigar el cuarto del dios.
NO era un acosador, era una persona aburrida.
Y se encontró con algo que le quitó el aliento.
Un altar.
Pero no era un altar dedicado a Hades, sus hermanos o cualquier otro dios.
Era un altar dedicado a el, Qin shi huang, con una gran cantidad de flores iguales a las que Hades tosia.
Para Qin no hizo falta ver más, cerró con cuidado el altar y volvió a la cama acostándose a un lado de Hades, dándole caricias.
— ¿Zheng? — Hades despertó cansado. — ¿Sigues aquí?
Qin unió sus labios en un beso suave y dulce que sorprendió al dios.
— ¿Por qué no me dijiste que era yo? — preguntó el humano.
— Porque no pensé que tu...
— ¿Te correspondería? — preguntó Qin dándole más besos en las mejillas. — Pero si hemos estado saliendo todos estos días.
— ¿Entonces si eran citas? — preguntó Hades rojo, el dolor en su pecho comenzaba a desaparecer.
— Por supuesto que lo eran.
Se dieron besitos sin detenerse hasta que Hades se sintió mejor para levantarse de la cama.
Los hermanos griegos volvieron a ser lo que eran en un principio, con la diferencia de que el mayor de ellos casi siempre estaba distraído con su nuevo amor.
— Tenemos una buena y una mala noticia. — murmuró Poseidón sin mirar a nadie. — La buena es que Hades está de vuelta, la mala es que ese humano está en la familia.
Sus hermanos rieron por aquello, pero era una verdad que aunque pensaron que si no les costó aceptar.
Lo importante es todo había salido de maravilla.
Fin.
