Actions

Work Header

To fill your role properly

Summary:

Yuji miró justo donde debían estar los ojos de Gojo, sabiendo que su intensa mirada hacía que el hombre se detuviera y escuchara, la misma mirada que le metió en un buen puñado de peleas en el pasado.

"Quiero cachorros, al menos 3".

Yuji hace lo que debe para conseguir lo que más quiere.

Notes:

  • A translation of [Restricted Work] by (Log in to access.)

Recordatorio de que esto es solo una traducción, todos los créditos a Angels_Trumpet. Pueden encontrar el original y el perfil del autor aquí arriba al inicio de las notas.

Por favor checa bien los tags y si no estás cómodo con alguno abstente de leer.

Chapter 1: Problema

Chapter Text

Cuando despierta, se encuentra en una habitación poco iluminada, cubierta de talismanes pegados en la pared, sin que ninguna superficie de las cuatro esquinas quede intacta por los papeles amarillos que parecían casi brillar con las pocas lámparas esparcidas por el suelo. Yuji parpadeó y sus brazos se movieron detrás de él, llamando su atención sobre el hecho de que estaba atado. Al darse cuenta de ello, la niebla que invadía la mente de Yuji se disipó y su cabeza se movió para mirar por encima del hombro y ver la gruesa cuerda que le ataba por las muñecas y por detrás del respaldo de la silla en la que estaba sentado. Sus ojos se dirigen entonces de las paredes a las lámparas del suelo, observando los detalles con confusión. 

"Itadori Yuji" 

La cabeza de Yuji se inclinó hacia delante, sus cejas se alzaron mientras miraba al hombre de antes sentado en una silla de madera que parecía incómodamente pequeña para él por cómo se sentaba en ella. El hombre se sentaba como los chicos malos que había visto en los dramas del instituto que veía con su abuelo, o como si estuviera en una banda. Yuji se habría reído si no estuviera tan confuso. 

Yujis tragó saliva, incapaz de captar ningún olor del tipo que tenía delante, su aura desprendía Alfa pero su falta de olor distinto parecía un beta; era un poco confuso. 

El hombre se inclinó hacia delante, apoyándose en el respaldo de la silla, con la espalda arqueada y los brazos colgando delante de él, como si hiciera un mohín ante la falta de reacción. 

"Bueno, por lo que parece, tú eres tú y no Sukuna", empezó a divagar el hombre, dejando a Yuji luchando por seguirle el ritmo. 

"¿Eh?"

"Te has tragado una maldición bastante desagradable. Un poco asquerosa, sinceramente, pero..."

"¡Espera! ¡Eres el tipo de antes!" Yuji oyó vagamente el hombre delante de él decir su nombre que desencadenó su memoria del niño con el pelo oscuro y los perros. Todo su cuerpo tratando de levantarse aun sabiendo que estaba atado tirando contra las ataduras sorprendido de verlas capaces de retenerlo. Eso nunca le había pasado. 

"Espera, ¿¡Dónde está Fushiguro!? ¿Está bien?" 

"Está bien, no te preocupes por él, pero yo no estaría más preocupado por los demás en este momento, Yuji" Gojo se inclinó más en la silla, una pequeña sonrisa bailando en su hermoso rostro medio cubierto mientras hablaba en un tono suave y bajo. 

"Se ha decidido que serás ejecutado" 

Eso hizo que algo en las tripas de Yuji se retorciera un poco incómodo, su ceño se arrugó al oír la palabra. 

'¿Ejecutado?'

"¡Pero no te preocupes! La ejecución sigue en pie, pero por el momento, ¡he conseguido que suspendan tu sentencia!"

Yuji miró fijamente a Gojo, que era todo sonrisas y manos de jazz, murmurando las palabras para sí mismo y luego soltando un lento suspiro. 

"¿Así que no me vas a matar de inmediato?". 

Con la rápida confirmación del hombre, Yuji sintió que se relajaba un poco. Sus ojos se clavaron en el dedo momificado, idéntico al que se había tragado probablemente horas antes, ahora en la mano del hombre. Gojo le explicó lo básico. 

El dedo que se comió era un objeto maldito, hay 20 en total, y la escuela posee actualmente 6 de ellos. 

No pueden ser destruidos por ningún medio, el cráter caliente en la pared muestra perfectamente ese hecho. 

¿Su papel? 

Morir con la maldición imbuida en su interior, llevándola consigo ya que su rareza era muy conveniente para la tarea. Esto le dejaba sólo dos opciones a elegir. 

"Puedes morir ahora mismo, o puedes encontrar todas las partes de Sukuna y morir después de haberlas absorbido". 

La voz del hombre era seria, sin mirar al chico de la silla mientras le mostraba el dedo que tenía en la mano. Yuji podía oír claramente en su cabeza las últimas palabras de su abuelo, ayudar a los demás con su fuerza, pero otra parte de él le gritaba, el omega que llevaba dentro. Yuji aspiró hondo, contuvo la respiración y luego la soltó despacio con los ojos mirando al hombre que tenía delante con determinación.

"Me comeré todos los dedos de Sukuna, no puedo sentarme y no hacer nada si eso significa que puedo ayudar a la gente haciendo esta única cosa". 

Gojo sonrió su sonrisa amplia y casi infantil, su boca se abrió para hablar pero se detuvo cuando Yuji empujó para seguir hablando. 

"Sin embargo, no entiendo por qué tengo que ser ejecutado... pero si va a suceder de todos modos, quiero pedir una cosa"

Yuji miró justo donde debían estar los ojos de Gojo, sabiendo que su intensa mirada hacía que el hombre se detuviera y escuchara, la misma mirada que le metió en un buen puñado de peleas en el pasado. 

"Quiero cachorros, al menos 3".


Durante su infancia, Yuji sólo tuvo a Wasuke como único miembro de la familia, el hombre que desempeñó el papel de padre cuando el suyo había desaparecido hacía años. Yuji no tenía verdaderos sentimientos hacia sus padres biológicos, ni siquiera recordaba sus caras y mucho menos sentía rencor por haberle abandonado. Por mucho que le doliera a Yuji, su abuelo Wasuke cargó con el dolor de haberlos perdido. Incluso echando de menos a su madre y a su padre, Yuji era un niño alegre y brillante con demasiada energía para quemar que el anciano no podía mantener. Wasuke no siempre podía jugar con él, no tenía la energía suficiente para dejar que el niño sintiera la ausencia de otro compañero, lo que siempre hacía que Yuji deseara tener un hermano o hermana para llenar el vacío. 

Tardes nubladas y tranquilas en el parque jugando solo, días solitarios en los que no había colegio y Wasuke estaba ocupado, una habitación en penumbra con la tele a bajo volumen mientras su abuelo dormía la siesta en el sofá. Los ojos de Yuji se clavaban en la pantalla para distraerse del silencio sigiloso. 

Sus programas favoritos eran siempre las comedias familiares, aquellas en las que enormes familias vivían bajo un mismo techo. Padre, madre, hermanas, hermanos, familia ampliada y mascotas, todos conviviendo ruidosa y vivamente. Siempre seguían una fórmula: había un problema, el problema se iba de las manos, la familia se enfrentaba al problema y se unían con un vínculo más fuerte que antes. 

Yuji quería eso. 

Quería una casa ruidosa, el sonido de los piececitos corriendo por el suelo de madera y las baldosas, quería que todos sus hijos se sentaran a la mesa para comer lo que él había preparado y hablar de su día, tener ese cálido vínculo entre madre e hijo con un cachorro propio. Quería una familia a la que pudiera cuidar y alimentar. Quería un hogar cálido y completo.

Su omega interior prácticamente lo pedía a gritos, incluso a una edad tan temprana. 

Cuando cumplió once años, supo que no podía ir a ciegas, que tenía que prepararse para su futuro ideal. Yuji leyó sobre puericultura, psicología infantil, manuales de maternidad, blogs de mamás en Internet, todo lo que caía en sus manos, y leyó una y otra vez hasta que pudo entenderlo por sí mismo. No era fácil encontrar esas cosas, no tenía ordenador personal, así que todo lo hacía en las bibliotecas públicas. 

Incluso llegó a trabajar como voluntario en guarderías o en la guardería de enfrente de la escuela, algo que le costó convencer a su abuelo, pero había acabado siendo su trabajador más dedicado, acudiendo todos los días después del instituto. 

Yuji tenía un sueño que quería alcanzar y sabía que necesitaba toda la práctica posible antes de que llegara el gran día. Su dedicación le valió el apodo de "mamá tigresa", dado que ya tenía un título de tigre en la secundaria occidental. Con todo esto, sabía que iba por buen camino hacia el sueño que deseaba alcanzar, ese sueño de una gran familia en una casita bonita. Sin embargo, la vida tiene formas de desviarte del camino elegido.

Cuando el abuelo Wasuke fue hospitalizado, las cosas fueron cuesta abajo. 

Los Itadori no eran ricos ni mucho menos. Podían arreglárselas con lo que Wasuke tenía, pero las facturas médicas eran caras y, de repente, tener que hacerse cargo de las facturas de la casa y de los comestibles, además de eso, hizo que Yuji tuviera que abrir los fondos que había reunido para ahorrar para su primer cachorro para, en su lugar, pagar los primeros meses de facturas mientras buscaba trabajo. Con gran decepción, tuvo que renunciar a sus horas de voluntariado en la guardería para hacer turnos en trabajos esporádicos, sin querer contarle a su abuelo su lucha por reunir dinero antes de que llegara la siguiente factura. Mantenía las luces apagadas, consumía la mínima cantidad de agua, comía sólo dos veces al día, sin tentempiés, y aun así se las arreglaba para seguir adelante cada día con una sonrisa. Eso es lo que haría una madre, ¿verdad? ¿Ser fuerte incluso ante las dificultades? 

Todo esto no era más que una práctica para la vida real. Podía hacerlo, ¡las madres podían hacer cualquier cosa con un poco de esfuerzo! 

Sin embargo, cuando su abuelo muere, siente el escozor de las lágrimas en sus ojos. Cuando casi matan a sus amigos del club, su cuerpo se mueve solo. Cuando Fushiguro le mira ensangrentado y herido por proteger a Yuji, lo único que el chico puede hacer es darlo todo, darlo todo. Olvida su sueño y lucha por el aquí y el ahora, resonando en su interior esa petición de utilizar su fuerza para ayudar a los demás. 

Ahora su vida tiene un límite temporal muy marcado, del que no sabe cuándo terminará, lo que le hace estar ansioso por ponerse en marcha con lo que siempre ha deseado más que nada. 

Su petición le había valido un silencio absoluto y ninguna respuesta real, así que tendría que tomar cartas en el asunto.


Mudarse de Sendai a Tokio no estuvo tan mal. Yuji no poseía muchas cosas, ya que había vendido muchas de las suyas para reunir dinero para las facturas médicas. Muchas de las cosas de su abuelo de las que no podía desprenderse las guardó en un almacén gracias a su profesor Gojo, mientras que su ropa y las pocas cosas que tenía las empaquetó y las llevó a su dormitorio del instituto. 

Yuji acababa de desempaquetar su colección de sudaderas con capucha y de colocar algunos pósteres al azar, su póster favorito de Jennifer Lawrence justo encima de su cama, cuando oyó que llamaban a la puerta. Yuji giró la cabeza y vio los nudillos de Megumi todavía apoyados contra la madera dura de su puerta abierta, sosteniendo una bolsa que supuso que era comida de Gojo sensei. 

"¡Gracias, Fushiguro!".

Vitoreó Yuji, saltando de la cama y salvando la distancia de un salto, cogiendo la bolsa y empujando al otro chico para llegar a la cocina y sacar los objetos. Megumi se quedó en su sitio, sus ojos captando las palabras de una caja que rezaban en grandes letras negras.

'Bebé'

Los caracteres estaban escritos con letra desordenada, como si el ángulo fuera torpe o la persona que lo escribía fuera muy joven. Yuji miró hacia allí, con la boca llena de fideos y unos bocados de pollo, observando cómo Megumi se quedaba mirando la caja, tragando rápidamente para explicarle lo que contenía. 

"Es para mi futuro cachorro, cosas de segunda mano de los vecinos". 

Megumi se sobresaltó, mirando a Yuji con cara de confusión antes de comprender. Volvió a mirar la caja asintiendo con la cabeza mientras dejaba su lugar en la puerta para salir del dormitorio. 

"Todavía tienes algo de tiempo, no te precipites". 

No es que Yuji ocultara a nadie su deseo de tener un cachorro, era muy abierto al respecto y a menudo se paraba a arrullar a un bebé mientras preguntaba a la madre cuántos años tenía o cómo se llamaba. A Nobara le molestó un par de veces cuando tenía prisa por llegar a una tienda antes de que cerraran por la noche. 

"De todas formas, ¿por qué te gustan esas babas ruidosas?". 

"¿Qué? Es que son tan lindos, con sus mofletes regordetes y sus ojazos. Y son así de pequeñitos, ¿no crees que también son lindos Kugasaki?" 

"...omegas, lo juro..." 

Yuji siguió junto a su compañera de clase, caminando deprisa para seguir su ritmo mientras agarraba con fuerza las bolsas que había conseguido en sus brazos. La tienda era una nueva boutique que había abierto hacía poco, vendía todo tipo de conjuntos y accesorios con estilo. En el escaparate se leía 'Mommy and me special' con dichos artículos expuestos en maniquíes. Yuji miró la ropa durante un segundo, en realidad no le gustaba la moda, la mayoría de las veces era demasiado indeciso para vestirse con algo que no fuera un uniforme o una sudadera con capucha y pantalones, pero la ropa para lo que parecía ser un niño pequeño que estaba expuesta era bastante bonita. 

Tan pequeña, tan adorable, que ya podía imaginarse a su futuro cachorro con ella puesta. 

Una vez dentro, arrastrado por Nobara que le agarró del brazo antes de soltarle, Yuji se desvió rápidamente para ir a mirar los artículos expuestos mientras Nobara charlaba con la empleada. Al notar que Nobara lo miraba antes de centrarse en la mujer que tenía delante, fue una mirada rápida, sus ojos siguieron la trayectoria de Yuji y parecieron comprender antes de centrarse en su tarea. Yuji se paró frente al expositor de ropa infantil, los brazos de Yuji se tensaron momentáneamente alrededor de los paquetes que llevaba en los brazos al ver el tamaño de la ropa y los zapatos. Todos eran artículos de diseño, 100% algodón y seda con bonitos y suaves diseños que se habrían ensuciado muy rápidamente si el niño hubiera sido un niño activo. Yuji pasó la mano por las asas de la bolsa que llevaba en los brazos, dejando que se posaran en el pliegue de los codos, mientras cogía un par de zapatos pequeños, cuyo tamaño encajaba perfectamente en la palma de la mano, lo que le hizo sonreír al ver la diferencia de tamaño. 

Se trataba de un par de sandalias, de cuero blanco suavizado con una tela rosa que cubría la parte interior, donde estaría el pie del niño, para proteger su delicada piel. Unas flores de tela azul y rosa decoraban el tobillo y la puntera, dando a los zapatos un divertido toque de color.

Se pregunta si suplicándole también a Gojo sensei se los compraría. Yuji se sacude la idea de la cabeza y deja los zapatos sabiendo que no podría permitirse el par sin mirar el precio. Un poco de decepción le invade ante la idea de salir de la tienda sin ellos, pero sinceramente, nunca supo lo grande que sería su cachorro así que era lo mejor. Yuji dejó caer los ojos, salió de la tienda y apoyó la espalda en un árbol justo fuera de la boutique para esperar a la sombra.

Nobara salió de la tienda unos minutos más tarde con las bolsas nuevas en la mano, esperando que Yuji la siguiera mientras se dirigían al coche que Ijichi había aparcado en la calle. El trayecto en coche estuvo lleno de conversaciones entre los dos sobre temas aleatorios, menos que una conversación y más que una discusión en realidad, pero no dejaba de ser divertido. 

Como la hermana que Yuji nunca tuvo. 

La larga caminata hasta el campus hizo que Yuji sujetara todas y cada una de las bolsas excepto una, lo que hizo que el pobre chico refunfuñara un poco al tener que ser esencialmente la mula de carga de la otra chica. El alivio inundó a Yuji cuando por fin llegaron al edificio de los dormitorios, no es que ninguna de las bolsas pesara o que él estuviera particularmente agotado, sólo quería ir a comer sus bocadillos y leer algo de manga antes de ir a la cama. Cuando por fin le permitieron dejar las bolsas en el mostrador de la habitación de las chicas, Yuji pudo salir corriendo con su propia bolsa llena de bocadillos y un nuevo conjunto de sudaderas para hacer ejercicio, sólo para ser detenido por una breve llamada que su cerebro omega no pudo ignorar. Nobara le lanzó una pequeña bolsa que atrapó fácilmente entre sus manos y que inspeccionó con confusión, ya que el logotipo de la bolsa decía que el artículo era de la boutique que habían visitado hoy. Miró confundido a su compañera de clase que se limitó a mantener la barbilla alta y entró en su habitación dejando sólo su espalda visible para Yuji. 

"Algo para esa fiebre de bebé que tienes ahí". 

La confusión de Yuji se transformó en alegría al ver el pequeño par de sandalias.


Yuji recordó la primera noche después de haber consumido a Sukuna, la maldición lo había arrastrado a su dominio innato y lo había mirado desde su lugar en su trono de calaveras. Parecía estar inspeccionando a Yuji, antes de hacer una mueca y chasquear la lengua, desterrando al omega para que por fin pudiera dormir en paz. 

La maldición era sorprendentemente pasiva para algo llamado el "Rey de las Maldiciones". Claro que salía y acosaba a otros como Gojo sensei o Megumi, pero también era extrañamente bueno dando indicaciones durante el sparring o los estudios. Otra cosa extraña era su supuesta tolerancia de Kugasaki, a pesar de la diferencia en el poder ella no contuvo nada incluso con el Rey de Maldiciones. 

Esencialmente ella tenía bolas de acero y Sukuna lo encontraba hilarante.

No daba ninguna excusa o razón para su comportamiento y a menudo reprendía a Yuji por sus muchos intentos de inventarse cosas sobre Sukuna por diversión. 

Sin embargo, había una extraña amabilidad hacia Sukuna, más o menos después de algunos conflictos. La curiosidad y el aburrimiento eran los que empujaban las palabras de Sukuna, pero sin embargo era extraño como de repente la maldición no parecía detestarlo tanto como sospechaba. Más extraño aún porque cuando había llegado, tenía toda la intención de matar a cualquier cosa vagamente con forma de omega o joven, pero a pesar de matar a Yuji un selecto par de veces en su dominio innato mientras lo irritaba, simplemente parecía aburrirse de ello. 

La maldición encontró más diversión en la lucha de Yuji por alcanzarle. 

"Un débil omega esforzándose tanto" 

A Yuji sinceramente no le gustaba el tipo, pero Sukuna no sentía gran cosa por él. Al menos eso era lo que Yuji había pensado. 

La maldición comenzó a actuar de forma extraña después del roce de Yuji con la muerte. La maldición siempre mirando, siempre hablando, ahora mirando el teléfono de Yuji y burlándose de la elección de Yuji en Alfas o Betas.

"Semilla débil"

"¿Quieres que tus cachorros mueran antes de tomar su primer aliento mocoso?" 

"Tsk" 

Sinceramente era exasperante, ¿era así como se sentía tener una madre autoritaria? Yuji quiso gemir cuando la maldición volvió a quejarse del último alfa con el que se había juntado. Dejó caer el teléfono sobre las sábanas de la cama y se dio de bruces contra la almohada con un fuerte gemido. Podía sentir cómo la maldición de su cabeza volvía a instalarse como si su trabajo hubiera terminado una vez más insultando las elecciones de Yuji. 

"Semillas débiles producen cachorros débiles, elige a alguien mejor".


Gojo sensei era un tipo muy agradable. 

Parecía infantil y juguetón, quizá incluso un poco mezquino, pero Yuji siempre diría que el hombre era bueno de corazón.

Gojo había pospuesto su ejecución, le había protegido a él y a sus compañeros de clase de una maldición de grado especial y de los superiores, se desvivía por tratar a sus alumnos siempre que le apetecía, e incluso le dio a Yuji un entrenamiento especial en forma de atracón de películas para controlar su recién adquirida energía de maldición. 

Tenía mucho que aprender en comparación con los demás alumnos en lo que se refería al jujitsu, era básicamente una pizarra en blanco en lo que se refería a la mayoría de las cosas relacionadas con la práctica. Su profesor era paciente con él, le explicaba las cosas de una forma divertida y fácil de entender, y no le despreciaba por no entenderlas a la primera. 

Sí, parece que se le olvida alguna información clave en ciertos momentos, pero Yuji acaba entendiéndola, así que el chico no se queja demasiado de ello a su profesor. 

Sin embargo, a veces el hombre puede dar bastante miedo. 

Ver a su profesor contra una maldición de desastre, e incluso jugar con ella, fue impactante. Y lo que era más chocante era que el hombre quería que Yuji fuera capaz de luchar contra cosas así algún día con tanta facilidad como él. Todo un objetivo, pero Yuji no se quejará, puede hacerse más fuerte.

Mientras se burlaba del espíritu maldito, el hombre tenía una expresión en la cara como si disfrutara acosándolo, jugando con él todo el tiempo que hablaba con Yuji para intentar que la situación se convirtiera en una experiencia de aprendizaje para el chico. Lo único en lo que Yuji podía concentrarse era en el hecho de que se estaba jugando con esa maldición. Como un ratón atrapado bajo las garras de un gato que enseña a su gatito a cazar, zarandeando al pobre hasta que simplemente no puede soportar más acoso. 

Gojo Satoru daba miedo, pero también era la persona más segura junto a la que estar. Un brazo cálido le rodeó por el medio, acercando a Yuji, mientras del hombre salía por fin un aroma que no era sólo aire. 

Colonia, algo penetrante, sándalo con el dulce aroma floral del osmanthus que lo unía en una suave dulzura. 

Gojo era un alfa, un alfa de primera. 

Por lo general, los alfas nunca tienen ningún tipo de olor dulce en su aroma, que era por lo general para los omegas. Sin embargo, los alfas de primer nivel siempre tienen un pequeño toque de dulzura, como para atraer la confianza de un omega.

Yuji fue definitivamente atraído. 

Sinceramente, era difícil no encapricharse un poco de Gojo Satoru. Yuji, que provenía de un entorno humilde y no tenía familia ni compañeros de manada, se sintió fácilmente cautivado. No era sólo el hecho de que Gojo fuera un alfa lo que hacía que su omega interior ronroneara y tratara de acurrucarse cerca de él, sino el hecho de que el hombre lo mantuviera, lo protegiera de maldiciones y humanos por igual, e incluso fuera un amigo, lo que hacía que su omega ronroneara. Desde que se había unido al pequeño grupo, se había dado cuenta de lo fácil que era estar cerca de Gojo-Sensei. Podía reír y bromear y acercarse sin ningún problema piel con piel, y sin embargo aquella noche en el lago fue la primera vez que había olido el verdadero aroma de Gojo. Y tampoco fue la última. 

Gojo empezó a perfumarlo como si fuera suyo.

El hecho empezó a retorcerle un poco, su omega interior se alegró más de la cuenta y se retorció por más afecto que pudiera obtener de su potencial compañero recién adquirido. La cereza del pastel era que nadie más había sido perfumado por Gojo, ni Megumi ni Kugasaki. 

Era sólo Yuji.

Megumi sin embargo trajo Yuji de vuelta a la tierra. Explicó a Yuji que cuando todavía era un cachorro joven Gojo lo había perfumado de esa manera para mantener a otros lejos de él, una guardia y una advertencia a los demás para mantenerse lejos de un cachorro de alfa dominante. Eso es probablemente lo que estaba sucediendo aquí si ese era el caso, que Yuji era ahora designado nuevo cachorro del alfa Gojo Satoru y estaba tratando de mantener alejados a otros hechiceros y depredadores. 

Fue un poco decepcionante, su omega interior se marchitó un poco, pero tenía sentido. ¿Por qué un alfa adulto, un alfa de primera, se emparejaría con un joven omega sin nombre del campo?

Para colmo, Gojo sensei también era el jefe del renombrado pero pequeño clan Gojo; no habría sitio para un omega como él, aunque Yuji no entendiera realmente la política, podía comprenderlo. Además, el hombre se acercaba a la treintena y también era su maestro. 

Pero no importaba, Yuji estaba feliz de estar tan cerca de un alfa que quería mantenerlo a salvo. Así que cuando el hombre complació su deseo de ser madre regalándole cosas para las futuras mamás, Yuji no pudo contener sus ronroneos y gorjeos.

En una caja, ahora abierta en medio del suelo del dormitorio de Yuji, había un surtido de artículos. 

Un juego de biberones de cristal junto con un cepillo para ellos y tetinas de silicona, un preparador de comida para bebés, chupetes, anillos de dentición y baberos que iban desde los de tela hasta los de silicona. 

"¡Gracias Gojo Sensei!" 

gorjeó Yuji, que ya se había abalanzado sobre el esternón del hombre y había hundido la mejilla en el cálido pecho, ronroneando tan fuerte que prácticamente podía sentirse vibrar. Gojo se había reído, le había alborotado el pelo y había permitido el contacto cercano con facilidad, desvaneciéndose el infinito en cuanto Yuji se había movido para hacer contacto. Esto significaba que el aroma del sándalo y el osmanthus del alfa empezaba a llenar el aire de la habitación de Yuji, mezclándose con el melocotón suave y los cítricos intensos del suyo. 

Su aroma combinado era como el perfume más asombroso que hacía que la cabeza de Yuji se volviera borrosa. Se pregunta si a Gojo sensei le pasa lo mismo.

"También te he traído esto, pensé que te quedaría bien". 

Gojo levantó una pequeña bolsa por encima de la cabeza del chico, balanceándola en el aire para que Yuji la cogiera. Yuji se apartó para alcanzar con curiosidad la bolsa que le ofrecían, pero se dio cuenta de que la levantaban más alto, por lo que gruñó juguetonamente al alfa antes de saltar y agarrar el paquete, para regocijo del adulto. Al inspeccionarlo, se trataba de una suave sudadera rosa con capucha, no muy diferente de su uniforme, salvo que era sólo una sudadera con capucha, por comodidad. La tela era gruesa, lisa por fuera y de suave piel sintética por dentro, posiblemente lo más suave que Yuji había sentido en su vida. La parte delantera tenía un tigre bordado en rosa oscuro y blanco, pequeños cachorros a su lado con las palabras "Mamá tigresa" en letras grandes y bonitas encima. Yuji quería saltar sobre el hombre y perfumarlo toda la noche, pero resistió el impulso por un asunto más apremiante. 

"¡Sensei Gojo, esto es demasiado! No puedo aceptar todo esto sin devolvértelo de alguna manera... ¡Oh! ¡Ya sé! Te haré la comida a partir de ahora". 

Yuji golpeó la palma de la mano con el puño abierto, la nueva sudadera rosa bebé doblada sobre el brazo mientras asentía ante su propia decisión, con el rostro serio en su plan de devolverle algo al alfa que lo había estado mimando hasta la saciedad. 

Gojo canturreó, con la mano en la barbilla haciendo que su labio inferior se frunciera hacia delante al ver cómo se agarraba sus propias mejillas en la acción, con las cejas visiblemente fruncidas bajo la venda que siempre llevaba. 

"¡Muy bien! Esta es una forma adecuada de pago". 

El hombre habló formalmente, aunque su voz era burlona mientras representaba algún papel imaginario en su cabeza ante la situación actual. Alborotando el pelo del chico juguetonamente mientras se movia para hacer su salida, teniendo una mision a la que dirigirse tambien. 

"¡Buena suerte Gojo-sensei!" 

"¡Oh, es tan lindo que mi pequeño Yuji-kun me esté animando! ¡Asegúrate de causar algunos problemas! ¡Pero no demasiados!" 

Yuji chirrió una confirmación haciendo un saludo como un soldado con una sonrisa tonta en su cara un calor instalándose en su vientre en la sonrisa que recibió de vuelta del hombre cuando finalmente desapareció de la vista. 

El omega de Yuji estaba bastante satisfecho. 


Los omegas son conocidos como el regalo de Dios de la vida, son capaces de crear vida a través de la reproducción sexual sin importar el segundo sexo de la pareja. Cada omega tiene la capacidad de quedarse embarazado fuera de su celo, pero si quieres un resultado garantizado, apunta a ese momento especial. 

Yuji no tenía tiempo para que su cuerpo entrara en celo, necesitaba tener cachorros pronto antes de que se cumpliera su plazo. Nunca sabía cuándo le iban a desconectar los de arriba, lo dejaban claro los muchos atentados contra su vida, así que acudió a lo primero que se le ocurrió. 

Las aplicaciones de citas. 

Lo bueno de estas aplicaciones es que podía crear una cuenta y decir exactamente para qué estaba allí, y la gente se ponía en contacto con él. El problema venía cuando salía a conocerlos, cada vez era lo mismo, le veían la cara y se daban la vuelta. 

Todo el tiempo sufriendo el comentario grosero de Sukuna sobre el alfa o beta con el que Yuji había salido a encontrarse, sólo para que se fueran. La voz ronca de Sukuna en su cabeza le decía a Yuji lo mal que habían elegido huir de un omega dispuesto.

Semilla débil, cachorros débiles.

Frustrado ni siquiera empieza a explicar cómo se sentía el chico. Era una pérdida de tiempo y esfuerzo, escabullirse delante de las narices de su maestro era una molestia. El hombre prácticamente tenía ojos en la nuca.

Sólo para que el alfa o el beta huyeran tan pronto como vieran lo joven que era; realmente estaba empezando a molestar a Yuji.

Esa frustración acabó por desbordarse una mañana mientras hablaba con sus compañeros de clase en una cálida mañana de verano. Su reciente intento se había desmoronado la noche anterior y estaba cansado por lo poco que había dormido. Refunfuñó abiertamente, dejándose caer sobre el escritorio mientras jugueteaba con el teléfono que le había dado Gojo. Nobara lo miró, enarcando una ceja, y luego suspiró y se recostó en su silla, cruzando una pierna sobre la otra con elegancia. 

"¿Por qué suspiras así? Se está volviendo molesto, así que escúpelo y acaba de una vez". Chasqueó los dedos delante del omega, que miró a Nobara con un poco de duda. Mirando su teléfono, Yuji decidió sincerarse, hundiéndose un poco más en su silla y soltando un suspiro aún más pesado que recibió una mirada fulminante de su compañera alfa. 

"No estoy consiguiendo nada sólido de la aplicación de citas que he descargado, cada vez que voy a conocerlos, huyen como si hubieran visto un fantasma".

La sala se quedó en silencio, la puerta se había abierto y allí estaba Gojo Satoru en toda su gloria, su cuerpo pasó de la pereza a la atención en un segundo al oír hablar a Yuji. La presencia de su profesor pasó desapercibida cuando Nobara se levantó de su asiento tan rápido que la silla chirrió, casi cayéndose en su prisa por levantarse. 

"¡Entrégame tu teléfono ahora!" 

"¿Qué? Um, sí, ¿seguro?" Yuji vaciló antes de entregar el teléfono a su compañera de clase, que empezó a hojear los mensajes y su perfil mientras su cara se arrugaba lentamente como una bolsa de papel aplastada. Megumi, que antes parecía desinteresado, se había levantado para mirar por encima del hombro de la hembra alfa, bajando la vista hacia la pantalla mientras lo hacía. A la pareja alfa pronto se le unió el alfa dominante que se alzaba sobre los otros dos como un árbol proyectando una sombra sobre los tres estudiantes, sobre todo Yuji que seguía sentado en su asiento sin darse cuenta de lo que pasaba. 

"¿¡Qué demonios es esto!? ¡No puedes ser madre soltera a los 15 años! Además, no engañas a nadie diciendo que tienes 20, todavía tienes un poco de cara de niño, estúpido". 

Nobara puso un puño contra su cadera, parecía agitada, pero la ira provenía de un lugar de cuidado por lo que Yuji sólo hizo un puchero y alcanzó a agarrar su teléfono de nuevo sólo para tenerlo fuera de su alcance. 

"Oh no, no te lo devolveré hasta que borre hasta la última aplicación de citas de este teléfono. No vas a ser madre soltera a los 15 años". 

Se dio la vuelta dispuesto a salir de la habitación, pero el único adulto le arrancó el teléfono de las manos. Se dio la vuelta para gritar al hombre, pero se detuvo al ver su rostro inexpresivo.

"¿¡Qué!? ¿Qué? Espere, por favor. Sensei, por favor, devuélvemelo. Lo siento, yo..." Yuji vaciló con la voz entrecortada mientras miraba sus zapatos, la vergüenza empezaba a enroscarse cruelmente en su estómago. 

"Yuji" 

Yuji miró a Gojo, encontrando su rostro bastante inexpresivo, no parecía tan sorprendido sólo decepcionado y algo en Yuji se quebró. Yuji tragó saliva y volvió a mirar los zapatos rojos que llevaba puestos, los que el propio Gojo Sensei le había regalado. 

Casi todo lo que tenía Yuji se lo había regalado Gojo Sensei, ahora que lo pensaba.

"Sé que no me queda mucho tiempo de vida, y el centro de detención realmente me mostró lo fuertes que pueden ser los enemigos... nunca lo habríamos logrado si nuestra suerte no hubiera sido tan grande ese día si tú no hubieras venido a salvarnos. Quiero poder tener mi propia familia, aunque sólo seamos mi cachorro y yo, aunque sea por un momento. Es lo único que siempre he estado seguro de querer" 

Yuji levantó la vista sintiendo el calor de 3 pares de ojos sobre su piel, sobre todo de los ojos de Gojo Satoru sobre él. 

Caliente, picante y lleno de vergüenza por decepcionar al hombre no estaba muy acostumbrado a este sentimiento cuando se trataba de su deseo de ser madre. A Yuji siempre le habían alabado por ello, le habían dicho que era un buen omega por desear una vida tan sencilla y que conseguiría su deseo cuando llegara el momento.

Todo ello sin ser consciente de la agitación interior de su maestro. Yuji se tragó el repentino nudo que se le hizo en la garganta manteniéndose firme, necesitando explicarse. 

"No quiero morir con remordimientos. Quiero tener una familia antes de morir". 

Dijo Yuji con pasión pero voz suave, sus ojos mirando a su profesor y compañeros, la cara un poco sonrojada y el olor de un omega angustiado llenando el aula, haciendo que los alfas del aula se removieran incómodos. Nobara gruñó tratando de deshacerse de los efectos del olor mientras se acercaba de nuevo, lista para decir algo y golpear el grueso cráneo que el omega poseía sólo para que Gojo se le adelantara.

"De acuerdo. Me enlazaré contigo, pero no busques alfas al azar cuando el mejor está aquí mismo". 

Las cabezas de Nobara y Megumi se dirigieron hacia el alfa mayor, Nobara pateando su pierna y siendo detenida por su infinito mientras Megumi ponía cara de disgusto. Ambos empezaron a alzar la voz para que Gojo se retractara mientras el alfa mayor se centraba en la cara de Yuji. 

Yuji parpadeó un poco sorprendido por la oferta, sus cejas se entrecerraron ligeramente mientras lo pensaba. Obviamente, Yuji no dejaría pasar la oportunidad de tener la semilla de un alfa dominante, está en su naturaleza de omega hacerlo, y sin embargo...

"Pero si te enlazas conmigo, ¿no sufrirás cuando yo muera?". Yuji sintió una punzada de culpabilidad por querer complacerse con la oferta, sabiendo muy bien que el enlazamiento es muy diferente al simple sexo con fines de reproducción. Incluso Yuji sabía lo grande que es la oferta de un enlace en comparación con todo lo demás.

"¡No puedes estar pensando seriamente en esto!"

Gritó Nobara agarrándose el pelo con las manos en señal de frustración. Megumi miró a Yuji con sorpresa, sus ojos se abrieron sólo un poco antes de calmarse y relajarse, alejándose unos pasos de Gojo mientras observaba cómo se desarrollaba la situación actual. El alfa de pelo negro pareció entender algo, con los brazos cruzados sobre su delgado pecho mientras observaba la reacción de Gojo sensei.

"Me ocuparé de eso cuando llegue. Míralo de esta forma, puedes tener al alfa más fuerte conocido por el hombre como padre de tus cachorros, así cuando tengas que pasar por tu ejecución yo seguiré estando cerca para cuidar de ellos."

Yuji se quedó observando la cara de Gojo sensei por algo, sinceramente ni él mismo lo sabía, pero no le dio más vueltas a su decisión. El infinito se desvaneció cuando Yuji se acercó, sus brazos rodearon la cintura del mayor, apretando fácilmente su calor contra el frío cuerpo de Gojo y haciendo explotar el aire en un dulce aroma a melocotón y cítricos.

"¡De acuerdo, trato hecho!" 

Nobara volvió a intentar patear las piernas de Gojo.