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Zoro disfrutaba el brutal impacto del pie de su contrincante contra su cuerpo, el dolor pulsante distribuyéndose por sus músculos, haciéndolo estremecer ligeramente. Sus pupilas se dilataban con la llegada de la adrenalina que le erizaba la piel y agudizaba sus reflejos. Su mente racional se encontraba totalmente apagada, solo quedaba el Ello dominando sus sentidos, impulsándolo a conectar el siguiente golpe.
Una extremidad vendada encontró un moreno pómulo, quebrando la piel, haciéndola supurar. Su oponente reculó mostrando el manchado protector bucal, imitando una risa burlona y desapareció de su vista, agachándose y pasando una pierna contra las suyas, rompiendo su equilibrio dejándolo en la lona. Rápidamente tomó el control subiéndose encima dándole golpes con los antebrazos, Zoro se protegió la cara mientras acomodaba las piernas y con un empujón le rodeó la cara con los muslos, el otro forcejeaba intentando pararse para estrellarlo contra el piso pero no podía, su contextura no era tan masiva como la de Zoro. Soltó un grito de furia y se echó hacia atrás, haciendo que el más grande quede encima de él. El peliverde inspiró por la nariz, apoyando las manos en la lona intentando no pensar en cómo sus partes nobles chocaban contra el mentón del rubio y aplicó más presión pero el más flaco era flexible. El otro imitando el movimiento de hace un instante hizo que quedaran ambos atrapados en una llave de piernas, Zoro casi desnucándose con los muslos del otro tirando su cuello hacia arriba y el que quedó abajo ahogándose de a poco. Se maldijo cuando creyó ver unos labios comenzando a palidecer y lo soltó, este dando una voltereta huyendo entre jadeos tratando de recuperar oxígeno, levantándose de a poco. Bordearon el octágono sin sacarse los ojos de encima. Dieron una vuelta y luego otra, el público cansándose de la danza les arrojaban vasos plásticos llenos de cerveza barata que les salpicaba el pelo. Se dieron una última mirada y avanzaron, el más flaco trotó y su talón pegó de lleno contra el tabique de Zoro, la punzada de dolor llegándole a los ojos, nublándole la vista no permitiéndole evitar el próximo golpe, un empeine directo a las costillas.
Zoro tosió agarrándose de la nariz, ahora respirar le dolía de todos lados, el referí se le acercó para chequear si quería seguir y le asintió volviendo contra la reja buscando una abertura en la pose del otro. Se tronó el cuello, se acomodó y atacó, dos puños encontrando clavícula, pecho, brazos, rostro en feroces ráfagas, el rubio apenas atinando a protegerse hasta que los rotos guantes del otro encontraron aire.
"¡Se acabó!" - Alzó sus manos el referí. Zoro miraba a su alrededor, algo aturdido por el ensordecedor tremor de la multitud, cual animales enjaulados, enganchando los dedos al metálico entramado hasta quedar los nudillos blancos. Totalmente enceguecidos por la muestra gratuita de violencia.
Su oponente se encontraba desmayado en una pileta de su sangre y la del vencedor. Inequívocamente unidos, mezclándose gradualmente en la lona, en sus agitadas figuras y, si asomaba la lengua, en su boca. Ni haciendo fuerza mientras observaba la inmóvil silueta de su compañero, podía encontrar en sus recuerdos el momento en que lo derribó. Poco importaba ya, llevaba el memento en su piel, en sus huesos, burbujeando en sus venas.
Con un manotazo se soltó del agarre del referí que aún exprimía los últimos segundos de gloria. Escupió el protector, se desenganchó con los dientes los guantes y dio un vistazo a su oponente, a quien ya habían ayudado a sentarse e intentaban parar los borbotones de sangre supurándole del cuero cabelludo, una herida totalmente superficial pero igualmente se acercó a verificar. Se agachó frente a él buscando que ese par de ojos azulados lo mirara, al cabo de unos segundos algo desorientado lo hizo y Zoro sonrió aliviado. El otro le subió el pulgar en señal de que todo estaba bien. El “mánager”, entre muchas comillas, era meramente Usopp, le dio una palmada en el hombro, dándole a entender que se ocuparía él y los otros.
Lánguidamente sus pies descalzos chapotearon levemente entre los manchones carmesí, dejando huellas desde el octágono hasta los vestuarios, donde arrojó sus guantes y sus shorts hacia el tacho de ropa sucia. Colocó ambas manos sobre su cabeza sentándose en uno de los bancos, apoyando los codos contra las rodillas, tironeándose el cabello de las zonas donde sentía más penetrante el dolor y respiró hondo, esperando a que el subidón de adrenalina bajase.
"Estoy bien, enserio Chopper, no necesito más vendajes."
La profunda voz de su contrincante lo hizo sonreír. Este dejó a un preocupado Chopper en la entrada al vestuario y casi se tropieza con Zoro por caminar con una venda tapándole casi toda la cara.
"Tendrías que haberle escuchado." - Le dijo Zoro, aún con la cabeza gacha.
“Tsk, yo sé lo que hago.”
"¿Sabías que ibas a perder?" - Miró hacia donde apoyaba su cuerpo el otro contra los lockers.
El rubio no contestó, tal vez por enojo o simplemente por estar quitándose capas y capas de vendaje, hasta que de a poco se asomaron unas ondas rubias permeadas en rojo.
Zoro contuvo la respiración mientras observaba a un desinteresado Sanji mirarse en el espejo de su locker, limpiándose los restos de sangre seca de la cara con los manojos de la tela que le envolvía la cabeza. El peliverde quiso volverle a llamar la atención con un comentario despectivo pero se trabó en el medio y comenzó a toser.
"Habré perdido pero no soy el único herido" - Musitó el más flaco algo satisfecho, aún sin devolverle la mirada.
El más grande se paró flexionando levemente todos los músculos que aún le respondían y rio un poco más bajo. "Podemos repetirlo cuando quieras, Príncipe." - Se le acercó de a poco a Sanji. - "Me contuve mucho hoy." - Acentuó con una mano apoyada en la puerta del locker, al lado de la cabeza del otro.
"¿Ah sí?" - Lo miró alzando la cabeza, corriendo un mechón de su rostro con la fuerza del gesto. - "¿Por qué no me muestras de lo que eres capaz?"
El de ojos azules recorrió una mano increíblemente intacta de heridas por su pecho, estremeciendo cuando llegó a sus costillas, presionando los dedos fugazmente, haciéndolo sisear y deteniéndose a centímetros del punto sin retorno. Ambos se quedaron observando fijo esa mano y Zoro posó la suya encima, llevándola a la gloria.
Las vendas secas envolviendo la más pequeña mano hacían la fricción más fácil pero no sin rasparlo constantemente, cosa que a razón de sacarle las ganas, lo excitaba más. Agachó la cabeza entre oleadas de placer buscando unos labios rosados. Encontrando una lengua, la succionó e introdujo la suya, relamiendo cada recoveco dejando que el gusto a cobre lo tome por completo. Llevó ambas manos a unas pegajosas ondas, amasó los cabellos en su nuca mientras lo acorralaba contra los lockers con todo su cuerpo cuando chocaron bruscamente, haciendo que sus narices colisionaran. Se apartó con ojos llorosos, por poco no tenía la nariz rota pero la agonía era muy similar.
“¿Estás seguro que quieres seguir?” - Sanji le rodeó el rostro con las manos, hablándole a su parte racional. Zoro asentía.
“Ambos lo acordamos, no nos echemos atrás ahora.” - Exhaló por la boca, agarrándole los brazos e indicándole que se sentara en el banco. “Nami me vio metiendo esto de contrabando y estoy seguro que nos va a burlar por meses.”
El más flaco se sacó el short arrojándolo lejos, la sonrisa creciéndole hacia un costado mientras miraba a Zoro revolver el locker hasta encontrar el pomo de lubricante. Al darse vuelta el rubio tomó el pomo poniéndolo descuidadamente sobre el banco y con fuerza apretó las manos contra las nalgas del de pelo verdoso, obligándolo a avanzar hasta chocar con su rostro. La corta barba cosquilleándole las caderas, luego el pubis y un poco más abajo. Una pesada lengua recorrió la base de su miembro y con ayuda de unos dedos perfectos fue llegando hasta la punta, para devorarlo vorazmente hasta llorar por las repetidas arcadas, las lágrimas quitándole el sudor y la sangre del rostro, dejando líneas limpias encuadrándole la cara. Al cabo de varios intentos de llegar hasta el fondo, se apartó para toser y con una temblorosa voz le preguntó qué necesitaba.
Zoro le contestó sujetándolo de la coronilla para besarlo, la desesperación haciendo que la saliva se deslizara por sus barbillas, intercambiando ese gusto metálico que los acompañaría por algunos días. Con una mano encontró el lubricante y con dificultad le apuntó a sus dedos, recolectando una copiosa cantidad que en gotones caía al piso.
Intentando no separarse, el rubio se recostó en el banco y Zoro se sentó entre sus piernas, apoyando las del otro sobre sus muslos, comenzando a hacer círculos con los dedos en su entrada.
"Mételos de una vez, Marimo."
Dos dígitos entraron con facilidad, curvándolos cada tanto sólo por ver la mínima reacción del otro, el pecho expandiéndose, las caderas reposicionándose buscando más. En su trance casi se olvida que estaban prácticamente bañados en el líquido vital del otro y se asustó al ver sangre salir de él, pero eran solo sus dedos ensangrentados, marcándolo desde dentro. Una mano en su pecho lo sacó de su concentración, Sanji estaba prácticamente sentado sobre su regazo, apretando los labios para no gemir pero sin evitar que algunos ruidos se le escaparan. Apretó con ímpetu un inflado pecho y rasguñó apenas un pezón, el más grande no pudo reprimir un quejido, el mero sonido siendo suficiente para dilatarle las pupilas a ambos. Por un momento olvidaron la preparación y manos se cerraron en sus miembros, violentamente buscando llegar al climax mientras todo lugar no tocado por un puño o un pie era abierto por feroces dientes.
“San- Saaanj-.”
El de ojos azules paró sus movimientos, involuntariamente negándole el dulce final a Zoro, este mirándolo con la misma expresión que en el octágono, en ese instante cuando por poco le revienta el cráneo contra la lona. Aprovechó la confusión para tirarlo, cayendo los dos al duro cemento y lo montó en un rápido movimiento, carcajeando.
“¿Qué pasa, no aguantas la revancha?”
Zoro quiso aprovechar para agarrarlo de las caderas y probarle cuán equivocado estaba pero el rubio se le adelantó, usando esas manos sobre él para balancearse mejor y en un seco golpe engullendo su miembro, haciéndolos sisear por el dolor y la punzada de placer.
“El mejor espadachín del mundo pero a solas no puedes contra un chef.” - Exclamaba arrogante entre gemidos. Zoro no podía seguirle la conversación, puramente concentrado en apoyar los pies en el suelo y empujar hacia arriba con las caderas hasta que le deje de responder el cuerpo.
El otro le sostenía los muslos apretando con fuerza dando con un músculo desgarrado y, entre el grito de dolor, se le sumaron los crecientes alaridos de quien tenía encima, saltando sobre su miembro como si su vida dependiera de ello, concentrándose en el placer que sabía tapar todas las otras sensaciones. Mirándolo en un momento de claridad supo que quería seguir hablando, seguir escupiendo ese veneno altanero que le provocaba querer quebrarlo entre embestidas y lo ayudó como pudo, llevando unos dedos embarrados en sangre, mugre y fluidos. El otro los tomó en su boca como el néctar más precioso, limpiándole los dígitos uno por uno, dejando caer su saliva contaminada poco a poco al mismo tiempo que su lengua recorría todos los recovecos de su mano.
Escupió lo que le quedaba entre ellos y lo usó de lubricante, tocándose como podía confundido en medio de la euforia hasta que Zoro lo ayudó, errándole varias veces por no poder enfocarse con el cosquilleo en su bajo vientre yendo cada vez más abajo e intentando desesperadamente llegar juntos.
“¡Te quedaste sin fuerza!” - Reía eufórico Sanji.
El más grande pasó sus cortas uñas por el pecho del otro, quien curvaba la espalda entre jadeos, esto ayudándolo a que el miembro del peliverde diera con ese punto dulce sin piedad una y otra vez.
“Zoro… Zoro aaaah ¡Dios, no puedo!”
Unos hilos rojos frescos bajaban desde un costado de la cabeza del rubio, algo enfermamente posesivo se disparó dentro de Zoro, quien aumentó en fuerza sus embestidas y esparcía el rojo líquido con sus dedos, tomando todo lo que podía y usándolo para masturbar al otro, quien ya no podía conectar frases coherentes pero en un ínfimo momento de claridad mojó una mano generosamente de lo que le caía por la cara y lo llevó a los labios del otro, este abriendo la boca dejando ser alimentado por el sagrado líquido vital.
“Aaaah- San- SANJIII.” - Clamó, gotas de sangre siendo disparadas como lluvia desde su boca.
El metal de los lockers vibró ligeramente, absorbiendo el gutural grito al que se le sumó otro, un poco más agudo y finalmente escuchándose el golpe seco de dos cuerpos chocando, uno sobre el otro, respirando agitados tratando de evadir el horrendo dolor que los envolvía cual manta, impidiéndoles moverse de su lugar.
“Tendría que llamar a Chopper.” - Murmuró Zoro mientras intentaba con sus dedos encontrar la herida supurante en la cabeza del rubio.
“Mmm, ni se te ocurra.” - Dijo con la cara contra los verdosos cabellos de su pecho. - “Al menos bañémonos primero.”
“Nah, hemos estado más sucios, aguantamos unos días más.”
Sanji le cacheteó un pectoral a Zoro y ambos rieron. Iban a extrañar mucho esta isla de luchadores, pero al mismo no podían esperar a ver que otras aventuras les aguardaban para vivirlas juntos.
