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El primer golpe llegó, dolió, pero se resigno, se lo merecía, no debió sacar su varita, lo triste era que solo era el primero de muchos mas. Ahogo el grito que amenazaba con salir, no debía hacer ruido, o lo enojaria más.
¿Cuándo todo cambio? Extrañaba a su esposo, aquel atento hombre que estaba dispuesto a protegerla de su familia, que juraba bajarle las estrellas y la luna. Ahora se preguntaba ¿Y si se hubiera casado con aquel joven? ¿Cómo sería su vida ahora? Tal vez viviría en una gran mansión, con muchos elfos domésticos y tendría un hijo, si uno, pero... Severus, miro a su hijo y sonrió, aún era un niño y ni un solo rastro de magia en él, mejor así.
Ugh otro golpe en su mejilla sería difícil ocultarlo. De pronto vio volar una silla, no, no Severus, no, el no podia. Gruesas lágrimas empezaron a rodar por su rostro. El primer golpe llegó y con el, el grito de su hijo, su pequeña cara estaba llena de lágrimas y sus mejillas se ponían ligeramente rojas, en aquel precisó momento el caos se desató.
Todo paso muy rápido, en un momento su esposo golpeaba a su hijo y al siguiente ella le lanzaba un hechizo. Y luego se encontraba corriendo por las calles con una sábana y con su hijo llorando a mares.
Había escapado y no sabía que hacer.
