Chapter Text
Jueves
Sherlock estaba volando.
No literalmente por supuesto, pero se sentía un poco literal en el momento. Su cuerpo parecía perdido en un vacío que daba vueltas, girando sobre nada. Una de dos, o se estaba moviendo muy rápido o la nada lo estaba haciendo; era difícil de saber. Parecía haber perdido la propiocepción. También parecía haber perdido la sensación en sus extremidades. Estaba relativamente seguro de que todavía estaba en posesión de las cuatro pero no tenía mucha idea de dónde estaban en el momento. Con suerte unidas a su torso aunque tampoco estaba particularmente seguro de dónde estaba su torso en ese momento. Todo era un poco extraño.
Se preguntó si debería estar preocupado por todo ello. Se encontró a sí mismo incapaz de localizar esa emoción en particular.
Información. Recogería información. Sabía que hacía ese tipo de cosa. A veces. El primer paso parecía ser encontrar sus extremidades una por una. Fue a por un movimiento de sus dedos. Sus dedos parecían obedecer en su mayor parte lo cual Sherlock consideró ser un éxito. La propiocepción estaba volviendo lo que parecía buenas noticias. Había una diferencia de temperatura entre los dedos de una mano y los dedos de la otra. También una diferencia de presión. Eso llevó a Sherlock a creer que sus manos estaban en sitios distintos.
Eso era posiblemente preocupante. Como nota positiva ninguna mano parecía estar particularmente lejos de su cuerpo.
A continuación fue a por los dedos de los pies. Esto probó ser más difícil. Los dedos de los pies son más pequeños, más difíciles de mover. Aun así parecían presentes. La parte de abajo de su cuerpo estaba cálida. Algo estaba apoyado suavemente sobre él. Sin ser opresivo, simplemente cálido. No había necesidad de preocuparse. Probablemente.
Intentó mover sus extremidades. Primero las piernas, por ninguna razón en particular. Logró algo que podría haber sido técnicamente un suave golpe seco, el tipo de movimiento que un pez hace justo antes de morir al sol ardiente de una bahía seca. Lo intentó otra vez pero esta vez el pez estaba muerto.
Un poco preocupante eso. Objetivamente. Probablemente debería estar preocupado. Aunque todavía no conseguía encontrar la emoción.
Ahora los brazos. Dio un golpe seco otra vez. Sintió un brazo balancearse y los dedos que estaban a una temperatura más fría que los otros dedos notaron un desliz de aire cuando aparentemente se movieron. Colgando. Uno de sus brazos estaba colgando de algo. Con suerte no de un acantilado. No, eso no. Sentiría las rocas presionar contra él si estuviera colgando de un acantilado. De donde estaba colgando su brazo se sentía suave, maleable. Y la cosa no opresiva que le cubría también se sentía así.
Cama. La conclusión más probable es que estaba en una cama. Eso llevó a Sherlock a creer que, de hecho, no estaba volando a pesar de lo mucho que sentía que su cuerpo lo estaba haciendo.
Había un ruido. Algo suave y bajo. La voz de alguien diciendo algo. Sílabas conocidas, el tipo de sonido que había oído antes una y otra vez. La voz parecía estar viniendo de muy lejos. Si Sherlock estuviera volando, habría dicho que la voz venía de la tierra, de demasiado lejos como para preocuparse. Sin embargo Sherlock recientemente había llegado a la conclusión de que era más que probable que no estaba volando.
Sherlock decidió que sería mejor probar su hipótesis de que estaba en la cama y no volando. La manera más directa de hacerlo, se imaginó, sería abrir los ojos. Estaba bastante seguro de que no tenía los ojos abiertos. O eso o estaba en algún lugar imposiblemente oscuro. No había manera de saberlo de fijo. De todas formas, para eso existían los experimentos. Y Sherlock se creía ser un poco científico.
Abrió los ojos. Sus párpados pesaban una tonelada y parecían abrirse a diferente ritmo, las pestañas aferrándose las unas a las otras en desafío. El mundo estaba apagado y borroso y dando vueltas. Para nada útil para recoger información. Sus ojos se rebelaron y se volvieron a cerrar pero consiguió hacer que se abrieran otra vez con un esfuerzo tremendo. Había formas. Diferentes patrones de luz. Una forma rectangular iluminada que podría haber sido una puerta abierta. Una forma cuadrada justo al lado del rectángulo que parecía ser sólida, no una puerta. Un borrón junto a él que tampoco era una puerta.
Sherlock se figuró que había un sesenta por ciento de probabilidad de que estuviera en una cama. Su cama. Teniendo en cuenta todas las cosas, esas probabilidades no eran malas.
-Sherlock-. Era el borrón, la que estaba junto a él.
Sherlock obligó a sus ojos a moverse hacia el borrón. Con una segunda mirada había más sobre el borrón de lo que originalmente había pensado. Para empezar llevaba un jersey, uno azul. Tenía pelo gris y rubio que parecía estar un poco despeinado. Tenía una cara y estaba mirando a Sherlock con una expresión que—después de barajar mentalmente varias opciones—Sherlock concluyó era de preocupación extrema.
- ¿Sherlock?-, preguntó el borrón. - ¿Sherlock? ¿Estás conmigo?
John. El borrón era John.
Esto era un dato útil, Sherlock lo sabía. Si el borrón era John, entonces la probabilidad de que Sherlock estuviera en la calle Baker era alta. John estaba en la calle Baker. John generalmente no estaba en la habitación de Sherlock en la calle Baker, por lo general estaba en su propia habitación en el piso de arriba, pero si Sherlock estaba en una cama en la calle Baker, lo más probable es que fuera la suya. Resolvería lo que John estaba haciendo en la habitación de Sherlock en lugar de en la suya en un momento. Sherlock obligó a sus ojos a vagar por la habitación, que comenzaba a perder su borde brumoso. Sí, estaba su cómoda. Estaban sus diagramas de las estructuras internas de las colmenas colgados en la pared. El resplandor rectangular era, de hecho, su puerta. Resuelto, entonces. Sherlock estaba en su cama en la calle Baker. Definitivamente no volando. Se sintió muy, muy inteligente.
El borrón que era John siguió pareciendo preocupado. -Parpadea si puedes oírme, Sherlock-, dijo.
La lengua de Sherlock parecía el doble del tamaño de su boca. Trabajó alrededor de ello. -Inteligente-, dijo. -Soy muy inteligente.
John exhaló lo que pareció ser una respiración innecesariamente larga. Se pasó una mano por el pelo. -Jesús-, dijo.
Sherlock intentó moverse de nuevo. Sus extremidades no estaban particularmente cooperativas, pero al menos tenía una idea de dónde estaban ahora todas. Un brazo—el que tenía la temperatura diferente en los dedos—colgaba del colchón. El otro parecía estar encajado debajo de su cuerpo. Una pierna estaba hacia un lado, doblada en ángulo recto cerca de él. A pesar de la confusión general de sus extremidades, la cosa cálida y no opresiva que tenía sobre él (una manta, probablemente una manta) parecía ordenada. John debió de haberla puesto sobre él, entonces. Sherlock voló hasta la cama y John lo había arropado. Eso era nuevo. Eso no solía suceder.
-Muy inteligente-, dijo Sherlock de nuevo.
-Claro-, dijo John. -Eres muy inteligente. No lo suficientemente inteligente como para evitar que te droguen, pero muy inteligente de todas formas.
Un recuerdo le hizo cosquillas en la parte posterior del cerebro a Sherlock. Habían estado en un caso antes, él y John. Fuera, tarde. En un lugar que de alguna manera era ruidoso y silencioso y oscuro y brillante a la vez. Había sido mucho. Tantos datos que recopilar, pero Sherlock era bueno para recopilar datos. Había un hombre, una persona que había perpetrado una serie de agresiones sexuales drogando a sus víctimas. Sherlock y John habían estado buscando al hombre. No sabían quién era.
-Richard-, dijo Sherlock. Ese era el nombre del hombre, el de las drogas. Las extremidades de Sherlock de repente comenzaron a funcionar de nuevo y se las arregló para levantarse parcialmente erguido con solo la muñeca que estaba metida debajo de él. La habitación se puso casi al revés y Sherlock pensó que podría caerse de ella. El contenido de su estómago podría marcar el camino. Se tambaleó.
-Nop-. Las manos de John se pusieron sobre él, empujándolo hacia el colchón. -Sigue abajo, creo.
Sherlock cayó boca abajo sobre el colchón. Hizo un ruido de gemidos que sonó como una protesta, pero John parecía tener un poco de razón. El mundo seguía girando mientras él estaba abajo, pero al menos tenía una especie de ancla. La habitación se balanceaba como un barco en aguas turbulentas.
-Avísame si vas a vomitar-, dijo John.
Sherlock hizo otro pequeño gemido que no parecía significar nada en absoluto. Respirar era un desafío con la cara aplastada contra el colchón. Se retorció hasta ponerse boca arriba. La habitación giró un poco más. Hizo algo como sacudir la cabeza que podría haber sido más convincente si su cuello estuviera funcionando correctamente.
-Nunca vomito-, dijo.
-Creo que estar drogado podría cambiar eso-, dijo John.
Sherlock dejó caer la cabeza hacia un lado para poder ver a John. John, al parecer, se había instalado en el suelo, justo al lado de la cama de Sherlock. Tenía la espalda pegada a la pared y un cubo metido entre las piernas. Sus manos estaban colocadas a ambos lados del cubo, como si pudiera ser útil en cualquier momento. Sherlock por lo general tenía una mesita de noche pequeña justo en el lugar donde John estaba sentado—había sido empujada hacia un lado, bloqueando parcialmente la puerta del baño.
-Has movido mi mesita de noche-, dijo Sherlock.
Por un momento, John pareció que Sherlock hablaba latín. Miró la mesita y luego a Sherlock. -Sí-, dijo. -Lo hice.
- ¿Por qué moviste mi mesita de noche?-, preguntó Sherlock.
-Pensé que necesitaría estar cerca-, dijo John, señalando el cubo. -La mesita estaba en la mitad.
Sherlock volvió la cabeza hacia el techo. Seguía girando, un revoltijo de beige y gris. -La ubicación de la mesita de noche era ideal-, dijo Sherlock. -Un alcance perfecto del brazo a la cama.
-Bueno-, dijo John. -Me preocupaba un poco más que te ahogaras con tu propio vómito que si podías o no llegar a tu maldita mesita de noche.
Sherlock cerró los ojos, una prueba para ver si ayudaría con todas las vueltas. -Nunca me atragantaría con mi propio vómito-, dijo.
-Claro-, dijo John. -No creo que nadie que se ahogue en su propio vómito tenga que decir mucho al respecto.
-Soy demasiado inteligente-, dijo Sherlock.
John rio. -A veces-, dijo. -No estoy muy seguro de ello.
Sherlock sintió algo sobre su frente. Una mano. La mano de John, probablemente. Abrió los ojos para comprobarlo. Sí, definitivamente era la mano de John, apartando el pelo de Sherlock de su cara, presionando la palma de la mano contra la frente de Sherlock. Mano comprobada. Y John pensaba que Sherlock no era inteligente. Sherlock hizo un ruido de burla.
Sherlock hizo otro movimiento de pez moribundo sobre la cama. Apuntó a por un móvil que normalmente estaría a un alcance perfecto de su brazo, si su mesita de noche no hubiera sido reubicada. -Llama a Lestrade-, dijo. -Dile que fue Richard.
La otra mano de John fue hasta la muñeca de Sherlock. Presionó dos dedos contra el punto del pulso, contando. -Richard está detenido ya-, dijo. -Lo atrapamos.
- ¿Lo hicimos?-. Sherlock ciertamente no recordaba atraparlo. Y se le daba bastante bien recordar cosas. -No creo que lo hayamos hecho.
-Lo hicimos-, dijo John, sus ojos sobre la muñeca de Sherlock. -Bueno. Lo hizo Scotland Yard. Tu estabas dando tumbos en un callejón. Y yo te estaba atendiendo. Pero confía en mí-. Soltó la muñeca de Sherlock, aparentemente satisfecho con lo que su pulso estaba o no haciendo. -Está detenido-. John mantuvo la mano sobre la frente de Sherlock, frotando lentamente. Algo acerca de la presión de la mano de John era agradable, de alguna manera. No hacía que la habitación dejara de dar vueltas exactamente pero hacía que todo el asunto fuera un poco más soportable.
-Lestrade no sabe que fue Richard-, dijo Sherlock. -El hombre. El de las drogas.
John suspiró. Entretejió los dedos por los rizos de Sherlock, apartándolos de su cara. -Creo que hablaremos de ello después-, dijo. - ¿Cómo te sientes?
-Perfectamente bien-, dijo Sherlock. El deslizar de los dedos de John se sentía agradable. Le recordaba que tenía una cabeza.
-Sí. Apuesto a que lo estás-, dijo John. - ¿Algún problema para respirar?
Sherlock no había sido consciente de que estuviera respirando. Lo probó unas cuantas veces. Parecía ir bien lo que tenía sentido dado lo inteligente que era. -Por supuesto que no-, dijo. Giró la cabeza hacia John.
John todavía tenía ese aspecto preocupado en su cara, como si no creyera del todo a Sherlock en su evaluación de su propia respiración. -Me asustaste un poco-, dijo. -Realmente hubo un momento ahí en el que estuviste fuera de ti. Me planteé llevarte al hospital.
-Completamente innecesario-, dijo Sherlock. No tenía ni la más remota idea de lo que John estaba hablando.
-Tuve el presentimiento de que te rebelarías contra mi-, dijo John. -Subirte por las escaleras fue una pesadilla suficiente. Pero en serio, Sherlock-. Sus dedos se movieron por el pelo de Sherlock—lentos, suaves. - ¿En qué demonios estabas pensando? Comprobar un cóctel de drogas ¿bebiéndolo ? No soy exactamente un genio detective asesor pero incluso yo podría haberte dicho que eso sería una mala idea.
Sherlock no recordaba el cóctel, ni las drogas, ni beber nada. Ni siquiera estaba seguro de lo que estaban hablando en ese momento. Pero estaba bastante seguro de que era un genio y John asegurando otra cosa no podría ser tolerado. -No hice eso-, dijo.
-Sí-, dijo John. -Lo hiciste. ¿Tenemos que volver a las normas que le dan a los chavales en la universidad? ¿No bebas nada que no hayas preparado personalmente? Porque, joder, te haré hacer eso-. Había algo iluminando los ojos de John que Sherlock no entendió del todo, algo parecido a la forma en la que su madre le había mirado después del desafortunado incidente del clip en el enchufe hacía años.
Era demasiado para que Sherlock dedujese cualquier expresión de John en ese momento, no cuando la habitación todavía estaba dando vueltas y Sherlock no podía acordarse de qué estaban hablando. En su lugar miró más allá de John, hacia las partes de la habitación que estaban dando vueltas y vibrando. Se dio cuenta de algo y sus ojos se entrecerraron. - ¿Has movido mi mesita de noche?
-Vale-, dijo John. -Necesitas descansar-. Su mano dejó el pelo de Sherlock abruptamente y se sentó sobre sus talones. -Intenta dormirla. Vas a tener una resaca de cojones mañana pero no creo que te vayas a poner peor.
La cabeza de Sherlock se sentía mal sin la mano de John sobre ella. Cerró los ojos de todas maneras—fue más fácil que luchar durante más tiempo contra sus pesados párpados. Lo que fuera que John había estado hablando ya estaba desvaneciéndose, desapareciendo como humo en la noche. El mundo era negro y palpitaba, dando vueltas suavemente en los bordes. Sherlock se sintió como la única persona en este mundo negro, flotando sin propósito a través de la nada. Su pecho dio un vuelco y sintió que sus extremidades se movían. No le gustaba el vacío en el que estaba. Era hueco y aburrido y echaba de menos a John, a pesar de que John estaba preocupándose por nada. John se marcharía pronto, lo sabía. Volvería al piso de arriba a su propia habitación y Sherlock estaría solo, solo, solo.
La mano de Sherlock se estiró de repente. Agarró el aire vacío. Obligó a que sus ojos se abrieran, buscando a John. John cogió la mano de Sherlock, poniéndose de rodillas justo frente a él. Tenía esa expresión de mamá en sus ojos otra vez ( ¿por qué me haces esto? le había dicho después de haber estado bien y respirando de nuevo. Me estás rompiendo el corazón ).
-No te vayas-, dijo Sherlock.
John apretó la mano de Sherlock. -No iré a ningún sitio-, dijo. Dejó que su mano se deslizara fuera de la de Sherlock, pero se quedó. Se acomodó contra la pared junto a la cama de Sherlock, con las piernas estiradas, el cubo de nuevo en su regazo. Sonrió hacia Sherlock. ¿Ves? No me iré.
-Bien-, dijo Sherlock. Cerró los ojos empezando a vagar otra vez. -Y coloca otra vez la mesita de noche.
Oyó a John reírse. -Lo haré.
-Exactamente donde estaba-, dijo Sherlock. -Estaba a un alcance perfecto del brazo a la cama.
-Lo haré.
-Lo harás mal-, dijo Sherlock pero la oscuridad le llevó antes de que Joh pudiera responder.
Si Sherlock durmió, fue un sueño vacío sin sueños. Parecía un poco más como si su cerebro se hubiera retirado completamente, tomándose un descanso de recoger nueva información o consolidar alguna antigua. Sherlock simplemente paró, su cuerpo haciendo poco más aparte de continuar con los procesos básicos de la vida. Los pulmones expandiéndose lentamente y la sangre pasando por las venas. Esa clase de cosas.
Sherlock encontró su camino de vuelta a la consciencia gradualmente, parpadeando de nuevo a la realidad con los ojos confusos. Miró a su alrededor intentando encontrarle sentido a su nuevo entorno. Pensó que se suponía que tenía que estar en un caso con John, pero en lugar de eso parecía que estaba en su habitación, en su cama. Sherlock entrecerró los ojos. Normalmente no dormía si había un caso; esto tenía que significar que el caso estaba resuelto. No se acordaba de resolverlo. No se acordaba de volver al piso o de meterse en la cama. No se acordaba del paso del tiempo aunque debía de haber pasado bastante a juzgar por la falta de luz que entraba por la ventana de su habitación. Sherlock soltó un gruñido. Su cabeza se sentía inútil y pastosa y el mundo tenía una ligera inclinación. No le importaba nada de esto. Se preguntó dónde estaba John.
John, dio por resultado, que estaba sentado justo al lado de la cama de Sherlock, apoyado con la espalda contra la pared y las piernas estiradas. Parecía como si en algún momento hubiera estado sujetando un cubo en su regazo pero hacía tiempo que se había volcado, tirado de lado sobre el suelo. No parecía como si hubiera habido algo dentro. La cabeza de John estaba inclinada contra el el marco de la cama de Sherlock en un ángulo que era seguro que le iba dar un pinzamiento monstruoso en el cuello una vez que despertara. Su boca estaba abierta ligeramente, sus ojos moviéndose detrás de los párpados cerrados. Estaba soñando.
Sherlock se movió sobre la cama, estirando sus extremidades agarrotadas y dando un respingo cuando la sangre le volvió a los brazos, un hormigueo clavándose en sus miembros. John se sobresaltó, los ojos abriéndose mientras inspiraba aire, parpadeando hacia sus alrededores. Luego su cara hizo una mueca y se cogió el cuello, maldiciendo. Pinzamiento en el cuello. Según lo previsto.
-Buenos días-, dijo Sherlock aunque de acuerdo a sus estimaciones aproximadamente eran las cuatro y media—literalmente de la mañana, pero no en mantener el espíritu del saludo.
John maldijo en respuesta frotándose el cuello.
Sherlock escaneó su memoria intentando encontrarle sentido a todo lo que había pasado. La última cosa que recordaba era que estaba en un bar ruidoso pero silencioso y oscuro pero iluminado con John intentando atrapar a un violador en serie. Tenía los cócteles alterados delimitados a tres y estaba razonablemente seguro de que había identificado las bebidas que tenían y las que no tenían Rohypnol. Todo lo que quedaba era probar su hipótesis. Suspiró, volviendo a la cama. Aparentemente se había equivocado.
-Richard-, dijo. -El violador en serie es Richard. Llama a Lestrade-. Estiró una mano a ciegas hacia su móvil, el cual estaba normalmente sobre la mesita de noche, a un alcance perfecto de su brazo. En su lugar le dio a John en la cabeza.
-Richard está detenido-, dijo John, su tono un poco más afilado de lo que era estrictamente necesario. Sherlock se imaginó que tenía que ser el tirón de su cuello.
Sherlock entrecerró los ojos hacia el espacio donde John estaba sentado. -Has movido mi mesita de noche.
-Dios-, dijo John. -Te escribiré una puta carta de disculpa, ¿qué te parece?
Sherlock observó a John. John parecía estar un poco irritable en este momento posiblemente debido a su posición en el suelo y la rigidez de su cuello. Aun así Sherlock no pudo detenerse en la raíz del mal humor de John durante mucho tiempo ya que su cerebro parecía puré y tenía lo que eran aproximadamente seis horas de recuerdos que nunca llegaron a su cabeza. Sherlock prefería mucho más escoger y elegir qué recuerdos guardar y cuando su cerebro hacía la elección por él lo encontraba un poco desconcertante. ¿Y si algo importante había pasado en esas seis horas?
John dobló el cuello, el cual omitió un ruidoso crujido. Maldijo otra vez.
- ¿Por qué estás aquí?-, preguntó Sherlock.
-Alguien tenía que asegurarse de que no te murieras mientras dormías-, dijo John. -Y ciertamente tú no parecías estar por la labor.
-Los efectos del Rohypnol se pasan después de unas pocas horas-, dijo Sherlock. -Físicamente he estado a salvo durante un tiempo.
-Sí. Bueno-. John se frotó el cuello. -Me pediste que me quedara ¿recuerdas?
Sherlock, por supuesto, no lo recordaba. Esa tenía que ser una de las seis horas de recuerdos que su cerebro escogió no retener. Frunció el ceño. Odiaba no saber cosas.
John arqueó la espalda y los huesos le sonaron como una pequeña tanda de cohetes. Gritó.
Sherlock suspiró, moviéndose en la cama. Apartó las mantas hacia un lado. -Entra-, dijo.
John todavía tenía las manos en la espalda. Miró a Sherlock con una expresión incrédula.
-Claramente estás incómodo-, dijo Sherlock. -Y tu obligación para con el campo médico no te permitirá volver a tu cama arriba mientras tu compañero de piso afectado permanece en un estado ligeramente alterado así que insistirás en quedarte aquí hasta la mañana. Estar tumbado en una cama es mucho más cómodo que estar apoyado contra la pared con tu cuello en un ángulo de noventa grados.
John parpadeó hacia Sherlock. No se movió.
Sherlock suspiró otra vez, una cosa pesada. -Si podemos pasar rápidamente sobre la parte donde tienes algún tipo de conflicto interno sobre este tipo de cosa-, dijo. -Estoy muy interesado en volver a dormirme en algún momento.
John se levantó pero su expresión permaneció incrédula. -Vale-, dijo John. -Si te parece bien.
-No lo hubiera ofrecido si no me lo pareciera-, dijo Sherlock. Se movió hacia el lado, dándose la vuelta de manera que su espalda estuviera de cara a John mientras se metía bajo las mantas. -Simplemente pon la mesita de noche donde estaba por la mañana.
-Claro.
-Exactamente donde estaba.
John suspiró. -Sí.
Hubo un movimiento en las mantas cuando John se cubrió con ellas. Sherlock prácticamente pudo sentir la exhalación de John resonar por el colchón. Por muy reticente que John pareciera en unirse a él en la cama estaba claro que cambiar a una posición horizontal para dormir ya estaba proporcionándole a su cuerpo un amplio alivio. John exhaló otra vez y el sonido de alguna manera hizo sacar algo de tensión de los huesos de Sherlock también. Podía sentir la cama calentándose con la presencia de John, el calor corporal de otra persona abriéndose camino a través de las mantas. Había una comodidad en ello, como dormirse con una bolsa de agua caliente en los pies en las noches frías de invierno. Como un padre que te quería te cantara hasta dormir y quien estaba muy aliviado por que la electrocución del día no hubiera sido letal. Las respiraciones de John eran tranquilas, haciéndose lentas. El agotamiento le estaba llevando. Sherlock sintió el colchón moverse cuando John se dio la vuelta para ponerse de lado, su calidez moviéndose mucho más cerca a Sherlock. Los párpados de Sherlock estaban pesados y sus extremidades inmóviles. Se dejó llevar.
Se deslizó otra vez hacia la nada, el vacío. El mundo todavía estaba balanceándose suavemente, de la misma manera que el suelo permanecía irregular después de un viaje largo en barco. La mente de Sherlock estaba empantanada, atravesar lo denso de todo era imposible. Parecía haber perdido la propiocepción, flotando solo en el vacío. No tenía nada ahí con él, ni siquiera a sí mismo. Sin pensamientos. Sin recuerdos. Sin John.
Dio un respingo, se retorció. Intentó obligar a sus extremidades pero en ese momento no querían mucho de eso. Estaba a medio camino entre la nada y lo que podría haber o no haber sido la realidad, y era difícil distinguir lo que estaba arriba o abajo. Se movió otra vez, la parte reptiliana de su cerebro intentando salvarle de lo que parecía creer que era la muerte.
-John-. Sherlock se oyó a sí mismo decir, y fue un poco como un reflejo involuntario, sin control. Parecía venir de la parte de su cerebro responsable solo de la supervivencia, la parte que mantenía su corazón latiendo y sus pulmones respirando cuando ninguna otra parte de él podría molestarse en ello. Su cerebro podía haber sido porridge pero él todavía podía seguir latiendo y respirando y buscando a John.
John estiró un brazo hacia él, su mano aterrizando sobre la espalda de Sherlock. John todavía estaba en su mayor parte dormido, eso parecía, un poco demasiado agotado como para volver a estar completamente online. Su cerebro reptiliano estaba también llevando el timón solo y sus movimientos parecían sonámbulos, lentos y sin sentido, reflejos más que racionales. Su mano frotó la espalda de Sherlock, suave.
-No pasa nada, amor-, murmuró, su lengua pesada con sueño. Probablemente ni siquiera supo que lo había dicho.
