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Decisiones con una Base de Mentiras

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Noriko Tendo siempre se recordaba que Soun no la dejó perseguir sus sueños y ambiciones cuando entró en su vida como su esposa y ella ingenuamente le dedicó su tiempo y devoción, cuando le dijo que lo esperara para casarse y hacerla realmente feliz.

Eso nunca paso.

Al principio creía que era una pequeña etapa en su matrimonio y todo mejoraría cuando el dojo siguiera prosperando hasta que su primer hijo lo heredará, más eso no ocurrió pues la dinastía Tendo era femenina, disgustado totalmente a su marido.

La primera. La dulce y manipulable Kasumi. Los ruegos de su padre para que no se alejara o que se quedara a cuidar a sus hermanas era lo suficiente para alejarla de ella.

La segunda. Nabiki. Su inteligente, pero aún fácil de convencer hija. La chiquilla tenía la astucia que parecía a la de un zorro, más una cosa cara o hermosa en sus manos era suficiente para chantajearla.

La tercera su mayor tesoro. Akane. Ella era tan pequeña. Aunque quería llevársela en ese momento no pudo, le dolía tanto que ella no pudiera tener voz o voto por su edad, más también era bueno porque así Soun no la ponía a su favor.

Recordaba el momento cuando los golpes llegaron, los cuales siempre estuvieron presentes al desafiar a Soun dándose cuenta de que había cometido un error que quería poder remediar, pues aquella no era vida. Le tenía tanta rabia a aquel hombre que le arrebató la vida y justo en el momento en que ella se quería ir con sus hijas para que pudieran ser libres y felices, Soun la detuvo.

Ese día lo tenía más presente que cualquier otro, ella estaba de rodillas mirando al hombre que tenía un gesto de molestia, pasando su mirada de ella a las maletas en las que él sabía que estaban llenas de ropa de su mujer y de sus pequeñas.

Por favor, no me alejes de ellas. —le suplicó sintiendo la horrible presión en su brazo, ya se imaginaba la golpiza que recibiría.

La había arrastrado por el suelo, ella le gritó que parara como todas aquellas ocasiones en las que lo hacía e igual recibiendo el trato de oídos sordos dejándola maltrecha y lastimada, como una lección para no volver a desafiarlo, pero en esa ocasión solo vió como agarraba la maleta donde guardó una buena parte de su ropa y la de Akane.

—Iremos a dar un paseo, solo nosotras sin su papá, va a ser divertido. —ella les había dicho con una sonrisa tomando las manos de Kasumi y Nabiki que tenía a cada lado mientras llevaba a Akane en su espalda, pues su pequeña dormía.

—¡Por favor para, no me dañes!

—Estoy harto Noriko. — le exclamó molesto Soun jalando su delgado cuerpo por toda la casa. —Pareces una loca Noriko, quieres llevarte a MIS hijas.

Al llegar a la entrada de la casa tradicional, la maleta fue arrojada al patio sin cuidado haciendo que botara la ropa de adentro. Noriko sintió el pasto en las palmas de sus manos al ser empujada a la salida, se volteó en dirección a Soun que la miraba con rabia.

—¿Qué estas esperando?, ¡Lárgate!

Noriko vio sorprendida la ropa en el suelo, había más ropa suya que la de sus hijas porque era la maleta con su sobrante de la segunda que únicamente era de ellas junto a las pequeñas mochilas.

—No me voy a ir sin ellas.

—Vete o te juro que no respondo por lo que te haga Noriko, tú no puedes cuidar a tres niñas sola. Ni ahora, ni nunca. —dijo molesto Soun tomando el cuello del vestido de la mujer que tembló e intentó liberarse del fuerte agarre del artista marcial.

Noriko trataba de negarse, pero el arrastre a la salida y finalmente lo único que quedó dentro de la maleta le fue tirado cerca de ella con el riesgo de golpearla cuando se cubrió al ver la acción de Soun.

—¡Lárgate!

Noriko negaba sollozante, se levantó e intento entrar se nuevo a la casa, pero el portón le fue cerrado con cerrojo mientras exclamaba porque le dejaran entrar de nuevo, pero no lo harían y la mujer solo podía temblar de impotencia por lo sucedido, no se supone que iba a salir de esa casa sola, sino con sus hijas. Por ello, Noriko desesperada dio vueltas frente a la casa pensando que podía hacer para que le ayudaran, pero cada persona era un nuevo descarte y el hecho de que reclarama por sus hijas no aseguraba nada.

Ella no tenía dinero, no tenía casa, no tenía nada.

Esa simple realidad le hizo detenerse y mirar al maleta deshecha, viendo un vestido de Akane, se limpió las lágrimas levantando la ropa y cerró la maleta, le lanzó una última a la casa generando una promesa interna de que volvería por ella y sabría la verdad.

Noriko levantó la maleta y tocó con su mano el portón de la casa donde alguna vez vivió. Empezó a hiperventilar dejando que el llanto la consumiera.

¿Cómo cumpliría tal promesa?, se preguntó limpiándose las lágrimas soltando el peinado de casada que portaba, dejando libre su hermoso cabello azabache que destellaba en tonos azules.

—Volveré por ustedes, mientras buscaré la manera de mantenerte y darte la vida que merecer. —prometió al viento, para así ir a buscar un lugar donde vivir.

 



Akane paso la palma de su mano sobre la piedra blanca quitando la tierra que cubría la tumba de su madre.

La menor de las Tendo recordaba con tanto cariño a la mujer que era muy bonita y amable como Kasumi, a pesar de no tener casi nada de ella y especialmente una imagen clara de la misma en su memoria más que el recuerdo de las flores y el picnic con su deliciosa comida.

Todo era tan difuso, no solo para ella, sino también para sus hermanas que le contaban maravillas de su madre. Su padre le había dicho que ella murió de un paro cardíaco y había llorado de dolor, porque no quería dejarlas pidiéndole una cosa a él para ellas, que fueran felices, algo que Akane no estaba segura que estaba cumpliendo.

Akane rozó con la punta de sus dedos los kanjis que marcaban el nombre y apellido de su madre. Realmente la extrañaba su calidez, su voz, todo. Ya eran trece años desde que ella no estaba a su lado.

Perder a tu madre a los cinco años es realmente doloroso. A veces, cuando aun era una niña, se preguntaba cuando volvería, pero era claro que jamás lo haría, porque nadie podía regresar de la muerte.

Dejó el ramo de claveles que tenía en brazos y miró con dulzura ese pedazo de roca. Necesitaba tanto estar ahí.

—Akane ya es tarde, ¿no crees que tu padre se preocupara? — dijo Ranma a sus espaldas haciendo fruncir el ceño fastidiada a Akane, aunque realmente no quería hacerlo en ese lugar, pero simplemente no podía evitarlo.

Hace algunos días pensaba algo muy específico del chico de la trenza con el que había vivido tantas cosas de las cuales aprendió a ser más fuerte y más madura, pero en ese momento no era suficiente su presencia para tranquilizarla, sino todo lo contrario.

Tenía un hueco en el pecho y una ira acumulada al igual que decepción que trataba de aplacar al estar en la tumba de su madre, pero no era así y quería golpear a Ranma hasta el cansancio como lo había hecho cuando iba a la escuela y lo hizo cada mañana desde que Kuno Tatewaki proclamó ese tonto reto en Furinkan que le hizo odiar a los hombres, donde cierto recelo aún brillaba por el género.

Aunque dada la condición de Ranma, detestaba más al fenómeno de su prometido que le provocaba esos ataques ridículos de celos espontáneos por torpes malentendidos, pero ahora más que enojo estaba decepcionada, algo que no podía expresar sin que las prometidas se mofaran de ella, por eso se guardaba todas sus emociones, evitando que la Akane sensible que tenía miedo y demasiada tristeza saliera a la luz.

A veces quería saber qué pasaría si ella se fuera porque realmente quería saber si Ranma la amaba como se lo dijo en Jusenkyo o solo había sido un sueño al debatirse entre la vida y la muerte como le enfatizó el Saotome.

—Adelantate, quiero estar aquí un rato más, Ranma. —mencionó de forma seca sin mirarlo directamente.

Ranma le observó preocupado, más la tranquilidad plasmada en el rostro de Akane le decían que debía aceptarlo. La aura que ella emanaba no era de rabia, sino de tristeza y melancolía, por ello aceptó sin desafiarla. Porque lo más seguro es que ella ya estaba cansada de todo.

Akane y él tenían cosas que ambos enfrentaban en solitario y ese era el momento porque ella no le dejaba intervenir sino entendía nada, especialmente ahora que todo estaba distante en ella. Tal vez su relación no era la mejor de todas, pero siempre hubo comprensión y cariño al otro a su manera, solo que ahora todo era complejo y por eso quería a su Akane feliz devuelta, pero el cómo iba a tenerla devuelta, no lo sabía.

Ranma estuvo de acuerdo y se fue caminando a la salida sin darse cuenta que una persona no muy lejos de ahí observaba a su prometida detrás de las tumbas que doblaban la esquina limpiándose las lágrimas.

Aquella extraña era Noriko, la cual no se imaginaba las cosas por las que pasó su pequeña hija en sus años lejos de ella por su trabajo para poder darle la mejor vida que pudiera a la más joven, a pesar de todas las complicaciones que vivió la mujer.

Las historias de los vecinos que le habían contado acerca de los Tendo era más asombrosa que otra, más su hija había mostrado ser fuerte. Su Akane era una guerrera de espíritu fuerte más ahora debía suponer que ya había un límite para toda esa situación. Apretó con fuerza el camafeo que portaba dentro una fotografía de ella cuando era una bebé.

El último rumor sobre Akane es que casi moría o eso oyó en la conversación de una anciana y una chica de china que se encontraba bastante satisfecha por la irrupción de la boda de su hija con el joven Saotome. Su más hermoso tesoro estaba cometiendo los mismos o más errores que ella, y eso no lo permitiría.

Se acercó dudosa.

El kimono azul de flores blancas se iluminó por los rayos del sol pasando entre las nubes pasajeras, lo que también afecto los cabellos azabache de Noriko que tenía una gran línea blanca que resplandeció por la luz.

La mayor se dio cuenta de que el llanto que Akane retenía, al fin se liberó cuando Ranma había desaparecido de su vista, llevándose las manos al rostro queriendo limpiarse las lágrimas por la impotencia, preguntándose si Ranma la quería.

Akane se sentía tan incomprendida y sola, al mismo tiempo que deseaba que le dieran un consejo, en lugar de un sermón conveniente para su situación como lo han hecho todos en su casa y parte de sus amigos.

—¿Por qué me dejaste sola mamá? —se preguntó con cansancio en su voz mientras miraba la tumba.

Noriko sabía que podía abordar a Akane de otra manera, pero cuando menos se dio cuenta ya había tocado su hombro de la menor, la cual se sobresalto por la acción y miró a la culpable cuando sostuvo su mano tratando de evitar un posible ataque que también atemorizó a Noriko por reflejo.

La joven azabache vio a la mujer de las viejas fotografías en su hogar y la de sus pocos recuerdos, parada frente a ella tratando de librarse de su agarre hasta que lo hizo.

El hermoso kimono y el corte de cabello ligeramente más corto que el suyo, le decían que podría ser un espejo a futuro, más era su madre. Ese tono chocolate en sus ojos y la compasión en su gesto al igual que el rastro de lágrimas demostraban que había llorado, ¿Realmente era ella?

—¿Mamá?

—Sí, mi hermosa Akane. —mencionó con una gran sonrisa la mayor mientras Akane la tocaba incrédula pensando que se trataba de una ilusión o imaginación propia que o molestaba a la mujer llorosa que mojó las manos de su hija.

—¡Mamá! ¡Mamá! —exclamó emocionada lanzándose a sus brazos llorando al igual que ella, hundiendo su rostro en el hombro de su madre. —Pero, ¿cómo? Papá dijo que tú...

—No cariño, jamás morí, solo no me dejaron ser libre con ustedes. —Noriko pasó sus pulgares por las mejillas de Akane limpiándolas haciéndola sonreír levemente, pero el gesto desapareció tan pronto tras las palabras que siguieron la acción. —Tú padre les mintió"

Ante la declaración Akane no evitó retroceder incrédula. Mentiras. Su padre les había mentido, se repetía una y otra vez en su mente, eso no podía ser posible, ¿o sí?

Akane sabía que su padre era un hombre que también se guiaba por la conveniencia, por algo la había comprometido con el hijo de su amigo de juventud sin consulta alguna. También estaba el hecho de que no le gustaba hablar de su madre más allá de las pocas cosas que le han dicho todos.

Por un momento sintió que todo era una artimaña de las prometidas de Ranma, pero era imposible porque ninguna de ellas sabían de su madre. Akane miró a Noriko, sabía que se arrepentiría si no hacía algo y dejaba todo como si jamás hubiera ocurrido, pero quería saber de la mujer y sus años de ausencia, además no quería que ella se fuera, mucho menos ahora que sabía que ella estaba ahí a su lado.

—Se que dudas de mi y eso no me molesta, porque se por lo que has vivido y con gusto daré respuesta a todas tus preguntas, Akane.

La mencionada miró a varios lados tratando de percibir a un tercero, pero no había nadie que las estuviera vigilando o algo parecido.

—¿Te molestaría acompañarme a tomar algo? —preguntó Noriko viendo donde Akane volteaba a ver.

La menor le negó aceptando aquella invitación, agarró los claveles que traía entregándole a su madre que le sonrió al oler el perfume de los mismos.

—¿Quién es la persona en esa tumba?

—No lo sé, Akane. Cuando menos lo esperé ya tenía una tumba. —dijo la adulta, mientras caminaban aparentemente en dirección a la estación de trenes.

Akane miró preocupada atrás, sin embargo, su curiosidad era más fuerte y quería saber que había pasado con su madre para que su padre les mintiera por tanto tiempo o no solo él, a lo mejor también sus hermanas.

Negó con su cabeza dejando que todo fluyera como una corriente de aire. En ese momento no había amazonas locas tras ella, guerreros de armas ocultas, chicos desorientados, cocineras con espátulas gigantes tratando de atacarla o dos hermanos locos hostigandola, no había un hombre panda, ni padre llorón; para que todo saliera como lo planeaban, no había hermana codiciosa, no había sonrisas perfectas de Kasumi, ni siquiera mujer con kimono con una katana en brazos, sino, su madre con un ramo de claveles; tampoco había Ranma.

Solo ella y su madre.

Ambas salieron del panteón con tranquilidad dirigiéndose a tener al fin esa charla que ambas necesitaban.

 


 

Kasumi concentrada en mover la olla sobre las parrillas, movió con bastante agilidad su mano al abrir la alacena y tomó un plato pequeño para servir una mínima cantidad de su guiso para poder degustarlo sabiendo que éste era la cena y si le hacía falta algo que añadir.

El sabor de la sopa era perfecto, más había una sensación que no le gustaba en ese momento y desde hace un par de horas le inquietaba.

Oía los gritos de pelea de Genma y Ranma, la televisión que era vista por Nabiki, y si pudiera agudizar su oído que estaba entrenado, escucharía como su padre sorbía el té junto a la risa de gusto de Hapossai al tener prendas íntimas nuevas en su colección.

Faltaba alguien, de eso estaba segura, entonces vio la hora y se dio cuenta de que normalmente Akane entraba por la puerta de la cocina pidiendo brindar su ayuda en los últimos toques de la cena después de haber entrenado y por supuesto darse un baño, solo que eso no había pasado y eso era raro, ya que era una costumbre nueva desde hace unas semanas desde su viaje a Ryugenzawa.

Abrió la ventana de la cocina dejando que el leve vapor de las ollas escapara escuchando el salpicar del agua en el estanque de los peces, mostrando a un enorme panda y a la menuda pelirroja que era Ranma.

—Ranma, ¿dónde está Akane? —preguntó oyendo al principio los gruñidos de molestia de su futuro cuñado para luego ver como parpadeaba confundido. Pues él creía que estaba con Kasumi tratando de aprender a cocinar algo más que el simple curry decente y el arroz sin quemar

Si bien recordaba la castaña, mayor de las Tendo, sabía que ambos habían ido al cementerio a ver a su madre, pues Akane se sentía mal después de su aventura en Jusenkyo y la boda fallida.

Y su bien no es que Kasumi no se sentía menos al saber que su hermana a la que prácticamente había criado ella misma, algo que jamás le diría a su padre para no herir sus sentimientos, no la buscará para erradicar la congoja que la afligía, era desconcertante que se quedara en el cementerio hasta después del alba, especialmente siendo un lugar lleno de historias de fantasmas que asustaban a la menor. Kasumi entendía a Akane que necesitaba la presencia de su madre, algo que claramente ella no le podría otorgar aunque es lo que más quería, pero sin dudas no era agradable saber del asunto.

—Ella se quedó un rato más. —respondió la pelirroja con los pechos al aire al exprimir su camiseta.

—Eso fue a las dos. —meditó en voz alta con una voz que a Ranma le pareció un reproche suavizado por el tono de voz de la mujer. —Llegaste a las tres y son las ocho, lo más seguro que ya llegó, ¿puedes buscarla en su habitación como un buen prometido? —preguntó al final con una sonrisa.

—¡Claro! —respondió corriendo ante la pregunta hecha, yéndose por el patio en dirección a la ventana de su prometida que se hallaba con las luces apagadas, lo que le pareció extraño, por eso saltó al árbol para llegar a la ventana golpeando suavemente el vidrio esperando que la azabache le abriera, pero no juno respuesta alguna.

En un segundo intento, le dio el mismo resultado, por eso esperó que no la fuera a molestar al abrir la ventana haciendo un llamado de advertencia al alargar el oye que se murió cuando vio la habitación vacía.

—¿Akane? —llamó reafirmando que no había nadie cuando prendió la luz de la habitación y solo ver el grupo de peluches sobre la cama, la pelirroja al ver eso se mordió el labio nerviosa.

No ahora. Se dijo a sí mismo saltando por la ventana para llegar a la cocina y avisar que buscaría a Akane en el cementerio a Nabiki que no le dio importancia, pero aún así el chico fue corriendo al lugar, teniendo una fea sensación en la garganta, no le gustaba como se tornaba la situación su pecho empezaba a oprimirse con la posibilidad de que halla sido secuestrada o herida por sus rivales o algún enemigo nuevo.

Al llegar vio que el lugar estaba cerrado con cadena que era una nueva medida de seguridad que le importó poco cuando saltó la cerca llegando a la tumba de la señora Tendo donde no estaba ella, ni las flores que la misma joven había comprado esa tarde.

—Akane ¿en dónde te metiste? —se preguntó saliendo del panteón dirigiéndose al Neko-hanten.

Ranma estaba seguro que si ella no estaba ahí, las amazonas hicieron de las suyas una vez más, pues llevaban bastante tiempo sin hacer algo. Al llegar al local abrió la puerta del restaurante de golpe, viéndole vacío mientras Mousse balanceaba cacerolas y Shampoo platos.

—¿Dónde está Akane?

—Airen, ¿de qué estar hablando? Shampoo con bisabuela estar aquí todo el tiempo y Mousse haciendo repartos.

—Hablo en serio, ¿dónde esta? —pregunto frunciendo el ceño dispuesto a pelear hasta que el bastonazo en su cabeza hizo cambiar su postura.

—Ella está diciendo la verdad yerno, a la chiquilla Tendo no la hemos visto, no me digas que la perdiste. —se burló la anciana haciendo gruñir a la pelirroja.

Resignado el joven Saotome ahora pelirroja fue a la casa de los Tendo a decir que Akane estaba desaparecida y la ayudarán a buscarla. Sabía que sería regañado, pero no importaba, Ranma deseaba que nada malo le pasará a Akane.

 



Akane tomó de la taza de café que su madre le había comprado en el negocio extranjero cercano a la estación de trenes de Nerima. Tenía un sabor amargo que se aligeraba con el azúcar, pero la sensación más amarga era la que tenía en sí misma tras la larga charla con la mujer.

Su familia.

Su padre y sus hermanas le habían mentido acerca de su madre, de la mujer que no era feliz y quería buscar su felicidad, a pesar de que eso no era malo, ya que ella era humana y había cometido errores que fueron injustamente tratados. Akane no podía creer lo egoístas que fueron ellos, especialmente su padre que había generado esa fractura familiar. Sintió que esas horas no habían sido suficientes para conocer todo, más si lo bastante amplias para sentirse engañada y sobre todo herida.

Su madre le contó de los regalos y la poca cercanía que se permitió para no generar más situaciones negativas de las que tenía cuando se llegaba a encontrar con Soun o inclusive Kasumi. También le contó sobre los rumores de los vecinos, y al oír esas aventuras que había tenido desde otra perspectiva, pudo apreciar que todo eso era de algo que podría ser catalogado como increíble o maravilloso, aunque también estúpidamente peligroso, ya que siempre la involucraban en estos líos de los que no era la causante y se había desahogado de todo lo que sentía con cada situación mencionada.

—Akane me debo ir, tú padre ha de estar preocupado y debes volver a casa. —habló Noriko tratando de sacarla de ese latelargo.

La mujer empezaba a pensar que había cometido un error al haber venido, pero cuando Akane negó haciendo que las lágrimas se combinaran con el café, notó que había hecho bien, a pesar de que la menor se sentía impotente, harta y sobretodo incomprendida hasta que su madre realmente la escuchó sin querer imponerle cosas como todos esos años había hecho su padre y de cierta forma sus hermanas.

Nadie de la familia Tendo y podría perjurar que la Saotome, jamás le habían preguntado cómo se sentía al ser acosada en la escuela por las peleas matutinas para tener una cita, mucho menos el ser insultada por Ranma, a pesar de que ella se defendía y ejecutaban ese intercambio de insultos; además, tampoco le preguntaban porque descargaba su ira a base de golpes o insultos, ni siquiera le preguntaron si quería casarse con Ranma desde un principio. En realidad, a ninguno de los dos los habían dejado elegir. Y a ella la dejaban zanjada en un agujero de problemas que ni siquiera buscaba y terminaba herida de alguna forma.

Akane miró a Noriko, la cual le dio un pañuelo bordado para que se limpiara las lágrimas.

Cariño. Eso es lo que necesitaba, no más responsabilidades sin tener otra opción que tomarlas, a pesar de no ser suyas.

Ella quería también ser libre sin siquiera darse cuenta. No se había tomado el tiempo de ver las cosas que la hicieron feliz en el pasado y ahora la desdichaban.

Ella pensaba que amaba a Ranma, ahora solo quería estar con su madre que sabía que era real porque no había sucedido ningún tipo de situación retorcida en todo ese tiempo.

Akane necesitaba pensar realmente lo que quería y resolver la duda de ¿Quién era realmente Akane Tendo y lo que haría o quería?

El reloj marcaba las nueve y su madre se terminó su bebida al igual que ella, pagaron la cuenta y salieron del local. Caminaron a la estación de trenes con tranquilidad, pagando el acceso cuando llegaron. La gente se movia de un lado al otro sin prisa hasta que las dos azabaches se sentaron en una banca al momento que Noriko le daba a Akane un dango que ella había preparado y los había tenido guardados entre las mangas de su kimono. Las dos estaban absortas en ese espacio de serenidad sin saber que no muy lejos de ahí el alboroto se había armado hace más de dos horas por buscar a Akane.

—Akane lamento haber tardado tanto tiempo en volver contigo.

—No, está bien mamá. Gracias por esforzarte y seguir aquí, a pesar de estar tan lejos. —dijo lagrimeando y masticando el dango.

—¿Te encuentras bien? —preguntó de repente Noriko mientras un tren pasaba alzando al aire, tierra y un poco de basura al igual que agitaba los cabellos cortos de ambas.

Akane la miró con sus ojos de iris cafe, asombrada por la manera en que su madre se preocupaba y se daba cuenta rápidamente que algo la afligía, a pesar de que no había estado tiempo a su lado y los años volvieran todo diferente; no quería que nadie rompiera ese momento.

Las lágrimas apañaron otra vez la vista de la joven Tendo, su madre la abrazó escuchando sus sollozos y sintiendo sus leves temblores. Ya sabía que Akane estaba en su límite. Demasiada presión en alguien que no había tenido responsabilidades antes y a la cual todos querían manejar a su propio beneplácito o divertinaje, porque su Akane estaba siendo parte de un show que los de Nerima usaban para cotillear a sus anchas.

Noriko acarició el cabello lacio de Akane con la mano que tenía libre, debido a que en la otra cargaba los claveles.

—¿Estas segura de que quieres estar aquí? —cuestionó tocando con su mano libre el rostro de su pequeña, teniendo aquel gesto de preocupación.

Akane lo pensó.

Pensó por poco tiempo, porque al principio creía realmente tener la decisión tomada y ser fuerte para seguir en pie, pero desde que entró al cementerio empezó a doblegarse, había cambiado su debilidad oculta en su orgullo, que ahora de nueva cuenta se había desprendido, y es que no podía con todo eso sola.

Lo que haría con su vida ya no era lo que quería y mucho menos lo que deseaba.

Esperar y que todo llegase a su momento y ya, ¿cuánto tiempo tomaría? ¿Otros dos años con los Saotome o más?

Definitivamente debía hacer algo, ya.

—Me quiero ir contigo. —dijo decidida viendo la incredulidad en el rostro de su madre.

—Yo...en serio, en serio gracias por quedarte conmigo, pero ¿qué pasará con tu prometido?

—Akane. —interrumpió lo que fuera a decir la mencionada cuando el primogénito Saotome apareció.

El muchacho que ahora estaba transformado en mujer, se veía cansado y aliviado al verla ahí, no le importó ver a Noriko a su lado y no le interesaba saber que hacía ahí, solo le interesaba tener a Akane frente a él, sana y salva.

—Ranma, ¿qué haces aquí?

—¡Eso te lo debería preguntar a ti, tonta! Desapareciste, no le avisaste a nadie sobre dónde estabas y todavía me preguntas qué hago aquí. —regañó la pelirroja a la chica notando como la mujer que estaba con ella le dijo que volvería con el otro boleto y le presionó el hombro cuando notó que Akane iba a responder molesta.

—Tampoco es para que te enojes Ranma, estoy bien y estaba acompañada.

—No es eso.

» ¡Maldición Akane!, no te puedo dejar un momento sola o te metes en problemas, tu padre ha de estar muerto de miedo y tú hablando con esa mujer que...

—Es mi madre. —interrumpió ella mirando los iris ahora azules de Ranma que se ensancharon ligeramente ante el asombro. —Ella no estaba muerta, ellos me mintieron, y yo...me voy con ella.

Ranma asombrado ante la declaración, negó queriendo tomar la muñeca de la chica para llevarla a casa a la fuerza, solo que ella se alejó como si su contacto le quemara.

—No quiero volver, no hasta que todo este claro.

—¿De qué hablas Akane?

—Nosotros, yo no quiero cometer el mismo error que mi madre. Ella dio todo por una persona y perdió más de lo que tenía. Porque su felicidad no era con mi padre. Yo, yo no quiero eso si nos casan.

» Por eso, si es necesario estar lejos de ti para saber que si lo que siento y lo que quiero es lo correcto. Lo haré sin importar lo demás como lo han hecho conmigo.

—Esa es una estupidez, ¡claro que nos importas! —gritó Ranma extendiendo las manos.

—Pues no lo parece, todos se meten en mis asuntos y me involucran en los suyos sin que yo pueda decir no. ¡eso es desesperante! No me siento yo misma, Ranma. Me siento un objeto, me siento la muñeca de Jusenkyo, a pesar de ser de carne y hueso. —explicó exasperada viendo el rostro compungido de la pelirroja que compartía con Akane, la cual se sobo las sienes y suspiro. —Solo apoyarme en esto, por favor.

—¿Pero cómo?, te irás. —pronunció el heredero Saotome sin darse cuenta que después de tanto tiempo empezaba a exteriorizar sus sentimientos de la forma correcta frente a ella, solo que no era la manera en que se la imaginaba, porque no era el momento correcto, pues la pequeña Tendo se iría dejándolo solo.

—¡Apoyandome maldito fenómeno! —le gritó Akane mientras la pelirroja se encogía de hombros.

—Yo no sé, me meteré en problemas.

—Y yo también, pero hasta este punto ya no me importa y tampoco debería importarte, porque solo estamos comprometidos por obligación. Nunca te he importado más allá de una responsabilidad y ahora podrás deshacerte de esta.

—¡Eso es mentira, Akane! —exclamó al mismo tiempo que el altavoz indicaba que el tren que debía tomar la joven Tendo con su madre estaba a punto de arribar en la estación.

Ranma pensó que era ahora nunca. Debía decirle porque de lo contrario sus caminos al fin se separaría para siempre. La pelirroja se paro frente a Akane y le tomó de los hombros mientras le pedía que escuchara atentamente sus palabras, que sentía atorada en la garganta y difícilmente parecían salir, especialmente cuando el tiempo se les acababa.

—¡Yo te amo!, que te quede claro eso, por eso no quiero que te vayas. Quédate, Akane.  Quédate en Nerima y...y casaré conmigo. —dijo Ranma con la mirada más determinada que podía poner, a pesar de que quería correr y esconderse de la mirada de la chica Tendo.

—Eres un idiota Ranma, yo quiero irme, pero haces esto. —dijo Akane frunciendo el ceño. —En serio quieres eso, casarte conmigo, ¿¡o solo lo dices para que no me vaya y no te metas en problemas!?

Ranma se sintió asombrado cuando Akane soltó su agarre de sus hombros y vio tartamudear a la pelirroja que tenía la respuesta de que si era así, pero al mismo tiempo no quería problemas.

Akane tenía razón, estaba siendo un idiota.

—Está bien vete, pero quiero que vuelvas. Si no vuelves yo...yo te buscaré por todo el mundo. —dijo decidido Ranma a Akane que aceptó su petición al mismo tiempo que  extendió su dedo índice como si le hiciera la promesa. —Eres tan infantil marimacho. —mencionó al mimo tiempo que aceptaba el gesto.

—Gracias, Ranma. —sonrió cansada Akane.

La pelirroja bufó dándole menos importancia al asunto, a pesar de que querría llorar, porque la que se iba, era su prometida que apenas sabía cocinar un curry decente, que tenía una sonrisa hermosa, que era fuerte y no le gustaba dañar a los demás, a pesar de que lo golpeaba, pero siempre lo curaba porque tenía un corazón tan grande que no cabía en Japón, era la misma que lo trataba como Ranma Saotome, a pesar de tener esa vergonzosa maldición de convertirse en una chica.

Noriko llegó dándole una mirada significativa a Akane de que la esperaría, la mujer abrazó las flores en sus brazos mirando a lo lejos a su hija, deseando que escuchará su corazón coordinado con su mente para tener lo que quería.

Ranma escuchó al tren arribar no muy lejos de ahí, por eso jaló el cuerpo de la chica para estrecharlo con el suyo en un abrazo el cual necesitaba para saciar ese vacío que ella le dejaría al irse. Quería tener grabado en su memoria el olor de ella al igual que su imagen. Ranma quería pensar que Akane a pesar de no cambiar su decisión de irse, volvería a su lado.

Akane sintió las lágrimas en sus mejillas y las que se empezaban a formar en los ojos de Ranma empezaban a deslizarse tan traicioneras como en Jusenkyo.

No podía hacerlo, sí era débil, ella lo había vuelto débil y se dejó.

Akane se repetía una y otra vez que lo necesitaba hacer. No podía arrepentirse en ese momento porque lo haría toda su vida si era un error.

El azabache al sentir que el agarre de ella se debilitaba la abrazó con temor, era ahora o nunca, a la que consideraba su única prometida que tanto cariño y recelo emocional se iría para tomar la decisión que definiría un todo en ambos. Había sido un idiota al no aclarar todo y generar ese hasta luego. Por primera vez quería besarla, a pesar de estar con tanta gente alrededor. Ella era suya, no podía dejar que la separaran de él. Y porque la amaba también tenía la obligación de dejarla ir si ya no era feliz o se sentía ofuscada y necesitaba una búsqueda de respuestas, una meditación que él no necesitaba, pero ella sí.

El olor de su shampoo, le recordó las veces en las que ella se dormía sobre su hombro dejando ese olor en los siguientes días. Alzó con su mano el rostro de Akane. Ya no había tanta melancolía en su mirar. Eso era bueno.

Acarició su mejilla sintiendo la suavidad de su piel con la yema de sus dedos dejando que su aliento se mezclará con el de ella atrapando sus labios entre los suyos. Un beso suave con el sabor amargo y a la vez dulce del café que ella había tomado antes de llegar ahí, no quería perder ese bello recuerdo, no, no el de la mejor cosa que le pasó en su vida.

Quería seguir besándola, pero ya no había tiempo.

Inhaló de forma ruidosa, apretando las mejillas de Akane entre sus manos sintiendo como ella se apartaba y limpiaba sus lágrimas con la punta de sus dedos mencionaba que sentía mucha envidia de lo bonita que se veía su maldición llorando, porque para Akane tanto el Ranma hombre y mujer le gustaban y tener este momento con la maldición no le parecía mala sino entrañable si volvía a verlo y ya no la tenía.

—Cuídate, Ranma. —murmuró Akane cuando le dio un beso en la mejilla dirigiéndose a su madre que la esperaba en la puerta del andén que Ranma sintió apenas se abrió, prontamente se cerró.

Akane alzó su mano en señal de despedida haciendo que el corazón de ambos se estrujase, pero más el de Ranma, no sabía la respuestas a las preguntas que se habían generado debido a la situación, como lo era ¿cuánto tiempo se iría?, ¿y si realmente ella volvería algún día?

El tren empezó a moverse alejando de su vista la imagen de las dos féminas, donde una de ellas la miraba con la misma ternura a la que se había aferrado en todo ese tiempo juntos.

Ese día, Akane se fuera de Nerima sin nada más que su madre y el peso de sus emociones sobre sus hombros y la promesa de volver algún día gracias a Ranma.