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El dolor tiene nombre

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No es que a Robb no le gusten los bares, le gustan, cómo a la mayoría de la gente, el problema es todo lo que conlleva venir a estos lugares. Se tiene que controlar, no puede llegar con sus padres tambaleándose por alcohol, no puede decepcionarlos de esa manera después de que le han dado su confianza para dejarlo salir ésta noche, con Theon de todas las personas.

A Robb le gusta estar Theon, enserio, es su mejor amigo desde que eran jóvenes en la preparatoria, corriendo por pasillos y haciendo bromas, pero es bastante consciente de que Theon puede no ser una compañía estable. A su amigo le gustan las fiestas, el alcohol y drogas, le gustan los problemas, a Theon le gusta perseguir su parte más caótica, y eso es un problema la mayor parte del tiempo; lo sobrellevan bien: Theon los mete en problemas, Robb los saca de ellos, por supuesto, cuando Robb se mete en problemas, Theon siempre estará para ayudarlo y darle consejos. 

Theon bebe su tercer shot, mirando a unas chicas bailar a lo lejos, Robb está seguro de que una de las jovencitas rubias le está devolviendo la mirada a su amigo, coqueteando desde lejos. 

Se inclina hacia atrás, dejando que su espalda toque la barra, la música es fuerte, Robb no viene aquí para ligar, viene solo para desestresarse. 

A Theon le gusta el caos, y es consciente de ello: mientras observa los senos de la chica frente a él, moviendo las caderas suavemente contra su amiga al ritmo de la música, cree que ya ha encontrado el acostón perfecto de esta noche. No es exigente, en lo absoluto, para Theon, cualquier chica está bien siempre que lo acepte a él primero. 

No es que sea difícil, sabe que tiene un encanto que las chicas encuentran atractivo en él, hay algo en Theon que las mujeres encuentran imposible de ignorar. Él sabe aprovecharlo muy bien, pero al final corre de ellas. 

No le gustan los compromisos, y no le gusta la calma; las mujeres que lo rodean y buscan quieren asentarse con él, quieren sanarlo, Theon no quiere eso. 

No es débil, no necesita que alguien "lo sane", él es lo suficientemente fuerte como para seguir su vida por sí mismo. Cuando llega el cuarto shot acompañado de una margarita, él lo empuja a su garganta, asegurándose de que la chica que le coquetea de lejos lo observe. Inconsciente de que su sonrisa atrae ojos helados, llenos de codicia bajo una mirada azul tan pálida como el hierro. 

Robb mira alrededor, sin tener ningún objetivo en particular, al menos hasta que la observa: 

En la oscuridad del club, no puede estar seguro, pero cree que su cabello es castaño, no puede alcanzar a verle los ojos, sin embargo, sabe que es una muchacha, tan joven como su hermana. Rodeada por tres hombres, tal vez demasiado insistentes, Robb no puede ver las manos de todos, pero está seguro de que están siendo demasiado coquetos. 

La observa varios segundos, no quiere cometer ningún error ni malinterpretar; pero cuando ella se estremece e intenta retroceder, ganándose risas toscas del grupo de hombres, Robb se da cuenta de que no es un error. 

Hay algo extraño en las caras de estos hombres, casi parecen conocidos, pero es demasiado tonto, debe ser una simple coincidencia. ¿Por qué nadie ayuda a esta chica? 

El bar está lleno, más hombres que mujeres, pero sigue habiendo suficiente gente, sin embargo, nadie hace nada por ayudarla. Robb sabe lo que meterse en esto podría significar, ha visto muchas veces a la gente pelear en bares, su madre estaría enloquecida de pena si él resultará herido, además, sin demasiados hombres, y aunque Robb es fuerte, puede ver qué ellos son más grandes físicamente. 

Tal vez solo está interpretando mal todo esto, puede que solo sea un grupo de amigos teniendo diversión y- 

La chica intenta saltar de su asiento, pero unas manos la detienen, incluso a la distancia, puede ver qué está aterrorizada, su cuerpo lo dice con la manera nerviosa en la que se mueve y la forma en que mantiene su mirada fija en su propio regazo. 

Si fuera Sansa, Robb quisiera que alguien fuera a rescatarla. 

—¿A dónde vas? —le pregunta Theon una vez que ve a su amigo levantarse de su asiento. 

—A ayudar a esa chica—con la cabeza apunta hacia la esquina donde la jovencita se encuentra desamparada entre los delincuentes. Theon mira sin poder creerlo.

—¿Qué? ¿Estás loco? —no es un cobarde, pero sabe cuándo una pelea realmente no vale la pena. Y pelearse con esos tres sujetos que parecen pertenecer a una pandilla callejera no es algo que Theon quiera hacer esta noche. 

Levanta su mirada, esperando ver a Robb dudar aunque sea un poco de esta terrible decisión, pero todo lo que encuentra es la determinación escrita en sus ojos azules. Pelirrojo con ojos azules como su madre, pero ese rostro inamovible es Stark, no hay dudas de ello. 

—No puedo simplemente dejarla así como así, Theon. 

Mierda. Theon a veces detesta al perfecto Stark, tan honorable y correcto; pero a pesar de todo ello, no puede dejar a su amigo solo, mucho menos en este lugar y esta situación. 

Con un suspiro, se levanta y camina a la par de Robb, incluso unos cuantos pasos delante de él, hasta llegar a la mesa, no pasan desapercibidos. Los tres sujetos los observan con un brillo burlesco. 

Theon, por alguna razón siente un escalofrío correr por su espina dorsal, pero logra ocultarlo bajo una expresión tosca, Robb se inclina frente a la chica, ignorando la presencia de estos tipos. 

—Hola, oye, ¿Estos…—los mira un breve momento antes de volver a observarla— sujetos, te están incomodando? 

—Piérdete—interrumpe uno de ellos, quita la mano de la pierna de la chica y se levanta—, solo estamos divirtiendonos. 

—No te pregunté a tí—responde Robb entre dientes, ante eso, el hombre intenta acercarse a su amigo, pero Theon saca el pecho como si fuera una gran hazaña. 

No importa si no es fuerte, va a defender a Robb. 

La jovencita parece confundida, al borde del llanto, los ojos llenos de paranoia, demasiado nerviosa. 

—Yo- 

—Esta chica viene con nosotros—el sujeto empuja a Theon, ninguno de los otros dos hace un ademán para siquiera levantarse. No necesitan hacerlo. 

—Perdona, ¿Vienes con ellos? —Robb insiste en su pregunta, Theon casi encuentra exasperante la manera en que ella no contesta aún. 

—Te estamos diciendo que está con nosotros. Déjanos solos. 

El hombre frente a él se empuja más fuerte, esta vez, Theon le devuelve el empujón, preparado para el golpe que podría recibir, demasiado rápido para darse cuenta, el hombre levanta su puño y-

Un silbido interrumpe brevemente la conversación, haciendo que el hombre se detenga de inmediato. 

—Skinner, vámonos—uno de los otros dos le dice al hombre que parece querer enterrar a Theon. 

—Pero-

—Vámonos—le dan la espalda—. No podemos meternos en problemas. 

Robb y Theon observan mientras los tipos se van, ni siquiera voltean, no, parecen perros entrenados perfectamente. Es casi espeluznante. 

—¿Estás bien? ¿Cómo te llamas? —Robb vuelve a mirarla con dulzura y delicadeza, un gesto que ha aprendido gracias a Sansa. 

—Sí, Jeyne—dice demasiado rápido, cómo apresurada—, muchas gracias, muchas-

—Hey, está bien—no la toca en lo absoluto, eso podría perturbarla—. ¿Quieres que te acompañemos el resto de la noche? 

¿El resto de la noche? Theon tenía la intención de terminar en algún hotel barato con una chica que valiera la pena. 

—Yo- no sé, muchas gracias por ayudarme—dice con la voz perdida, apenas se puede escuchar con la música—, esos hombres…eran demasiado insistentes—algo se quiebra en sus palabras. 

—¿Los conocías? —pregunta Theon desinteresado. Ha sabido de casos donde los acosadores son viejos amigos o cosas así, Kyra tuvo un problema parecido hace algunos meses en el que Theon tuvo que ayudarla. 

—¡No! —casi parece avergonzada— Se me acercaron, y no pude decirles nada. 

Theon casi se ríe, si ni siquiera se atreve a decir no, ¿Cómo mierda puede venir a estos lugares? 

—Podemos quedarnos aquí hasta que te vayas—Robb se sienta cerca mirándola, pasivo, demasiado simpático. 

—Me iré pronto, muchas gracias.

Dioses, Theon casi quiere poner los ojos en blanco con todas las ocasiones en las que la ha escuchado agradecer; muy en el fondo, puede que no importe. Está bien, no es como si la noche estuviera del todo perdida. 

 


 

—Theon…Theon…—su amigo le llama sin saber exactamente a dónde moverse. 

—¡¿Que?! —suelta la cintura de la chica con la que está bailando para voltearse a ver a Robb. Ésta noche realmente no está saliendo como esperaba. 

—Esa chica, Jeyne, se fue—habla muy rápido, pero Theon ha aprendido a escucharlo—, pero creo que esos sujetos la están siguiendo. 

—¿Qué? —se detiene un instante a procesar la información. 

—Cuando se fue, ellos fueron detrás de ella, creo. 

—¿Los viste? 

—No sé si eran ellos, no pude verlos claramente—voltea a ver la salida al menos tres veces, es suficiente para saber lo alarmante que es la situación, aún así, parece dudoso, como si pidiera ayuda a su amigo. 

Robb irá, solo o con Theon, pero irá de cualquiera manera. 

—Mierda—dice, cerrando los ojos una fracción de segundo— Lo siento, cariño, otra ocasión será—se despide con una sonrisa de la chica con la que estaba bailando— Vamos. 

Cuando salen del club, Robb va frente a Theon, buscando con la mirada cualquier pista de Jeyne, por pequeña que sea. Corre por una calle entera con Theon pisándole los tobillos, asegurándose de jamás dejar solo a su amigo, no se lo perdonaría. 

Las calles están silenciosas, cada vez más oscuras en la madrugada, es debido a eso que el sonido de forcejeo y los lamentos ahogados son más fáciles de escuchar. Robb se acerca al callejón oscuro sin realmente esperar ver una escena terrorífica. 

Ahí, en el callejón, están dos de los hombres vulgares del club riéndose mientras con sus manos se encargan de romper la tela de la blusa de Jeyne, ella patea e intenta escapar, pero es delgada, demasiado pequeña para lograr hacer algo en contra de estas bestias. 

Robb ni siquiera duda antes de entrar corriendo al callejón, detrás de él, Theon lo sigue, quitándose el saco que tiene puesto. 

—¡Hey! ¡Ustedes dos! —A pesar de la manera en que intenta llamarles la atención, la voz de Robb no es tan masculina como quisiera que fuera en estos momentos. 

—Oh, genial—masculla el que la sostiene de los brazos—ahora estos dos quieren jugar al héroe. 

—¡Sueltenla! ¡Déjenla ir! —exige aún corriendo. 

—Fuera de aquí—le arrancan el pantalón mientras ella intenta patearlos. 

—¡¡Que la suelten!! —esta vez, es Theon quien les grita, le duelen las costillas por correr, pero no se detiene. 

Un silbido los interrumpe, Robb y Theon no logran escucharlo, pero los hombres están entrenados para oírlo incluso en el peor de los casos.

Robb no sabe de dónde llegan tantos brazos, pero antes de que se dé cuenta alguien lo tiene sujetado por detrás, tapándole los ojos. 

—¡¿Quién mierda-?! —no puede terminar de gritar, le sacan el aire con un golpe en el estómago que lo deja perdido por varios segundos. 

Theon no sabe a dónde ir, ¿De dónde salieron tantos delincuentes? Tres hombres sujetando a Robb, dos con la chica, Theon no puede contra cinco maleantes, el pánico lo llena: ¿A dónde debe ir primero? 

Sin tiempo para pensar, se va directamente hacia la chica, dos hombres son menos peligrosos que tres. Su primer instinto es ir contra el tipo que tiene agarrada a la chica de los brazos, es solo un instante mientras escucha el forcejeo de Robb y los llantos de la jovencita antes de que sea sujetado por detrás, un brazo ancho, demasiado fuerte para que él pueda pelear tan rápido, se enrolla en su cuello tirando de él hacia atrás. 

—No tan rápido, cariño—una voz oscura y taimada se cuela a sus sentidos, haciéndole saltar en su propia piel, incómodo con el aliento que siente en la nuca— Ahora, ¿Por qué no dejas que mis amigos se diviertan, eh? 

Intenta darse la vuelta, apenas puede ver una mirada de azul plateado antes de sentir que su mandíbula cruje bajo el impacto de nudillos duros como el acero. Intenta mantener el equilibrio, pero se balancea sobre sus talones antes de que el siguiente golpe conecte con su nariz. 

Theon siente el dolor de manera inmediata, y antes de que lo note, la sangre está descendiendo hasta su barbilla, lleva sus manos directamente a la herida. Theon ha peleado algunas ocasiones, pero no de esta forma. 

Intenta dar golpes a dónde sea que pueda alcanzar, lágrimas corren bajan por sus mejillas, es un simple reflejo, no puede evitarlo; dos o tres ocasiones logra conectar los golpes, pero está demasiado ciego como para ver a dónde exactamente. 

Escucha los forcejeos y el llanto ahogado de la chica, un grito de Robb, Theon intenta ver, pero al momento siguiente, unas manos lo fuerzan hasta el suelo, el impacto es tan fuerte que hacen retumbar su cabeza. 

—¡Hey! ¡Déjame! —cuando escucha a Robb gritar, Theon se da la vuelta, quedando de espaldas a su atacante, intenta arrastrarse— ¡Quítame tus malditas manos de encima! 

Es entonces que lo ve: Robb tiene los ojos cubiertos, intenta pelear ciegamente mientras dos hombres lo tienen sujeto de piernas y manos. Se ve tan débil y pequeño, Theon jamás lo ha visto así, nunca en todos sus años como amigos. 

—¿A dónde crees que vas? —siente que lo toman del tobillo para arrastrarlo hacia atrás, intenta patear— Los chicos están divirtiéndose por allá. Tu y yo tenemos nuestros asuntos aquí.

Lo siguiente que Theon siente es el dolor inmediato cuando su pierna derecha es impactada por lo que deben ser las botas de éste sujeto. Mientras grita, le dan la vuelta. 

—Oh. Que lindos ojos tienes—este hombre tiene un rostro contorsionado por la crueldad de su naturaleza. Un monstruo, no un humano. Theon intenta levantarse, pero una de las manos de este atacante es capaz de someterlo con facilidad. 

—¡Quítate! ¡Quítate de encima! —ambas muñecas son tomadas por el hombre y las retuerce por sobre la cabeza de Theon. Es tan débil, cómo su familia siempre le dijo. 

Solo toma un par de forcejeos más antes de que el hombre esté totalmente encima de él. Los primeros dos golpes los recibe en los ojos, el tercero en la quijada, y puede jurar que en el lapso de cada uno, escucha las risas desagradables de su atacante. 

Su risa está llena de horror y maldad, una burla que parece sacada de los avernos más violentos. 

Después del cuarto golpe, su mundo da vueltas, no logra escuchar más que esa risa resonando en todos los rincones de su mente. Cree que ha escarbado en los túneles de su cerebro para jamás irse. Grita cuando sus brazos son manejados con violencia hasta que no tiene la fuerza para levantarlos.

El hombre lo mantiene aplastado en el suelo con el peso de su propio cuerpo, la fuerza de sus brazos es suficiente para quebrar a Theon. A pesar de ello, intenta alejarse con todas sus fuerzas, quiere golpearlo en la cara y huir. 

Huir como siempre ha hecho, huir de los problemas es lo único que Theon ha aprendido en toda su vida, pero bajo este agarre de hierro, lo siente imposible. 

Tal vez, Theon finalmente se ha encontrado con un problema del que no puede huir. Y eso duele muchas más veces que todos los golpes y moretones formándose en su piel. 

Escucha cuando Robb grita, pero no puede verlo retorcerse, no puede ver nada más que la cara de este monstruo bajo la piel de humano.

La mujer llora como si la estuvieran golpeando, pero él no tiene tiempo para pensar en eso, su mente le alerta del peligro cuando siente que una de las manos lo mantiene sujetado del cuello para hacerlo quedarse quieto. Theon está tan cansado y herido que aunque estuviera libre no podría más que arrastrarse. 

—¡No, no, no! —grita con una voz rota en cuanto ve la otra mano del hombre— ¡Espera-! 

Acerca el cuchillo a su cintura, Theon hace su mejor esfuerzo para no moverse, como si intentara hacer un agujero en el asfalto para alejarse más del filo, pero el hombre no parece tener interés en ello y comienza a pasar la punta por la mezclilla de su pantalón. 

¿Así va a morir? ¿En un callejón oscuro por haber jugado a ser el héroe? 

—Deja de moverte si no quieres que- ups—el ardor es inmediato en su piel, y a pesar de sus palabras, el hombre parece estarse burlando—. Te lo advertí—su aliento llega hasta Theon, y aunque el aroma es agradable, Theon se sienta mareado.

Y sus ojos son escalofriantes, los ojos del demonio, lo observan llorar, el brillo crece en las pupilas, pupilas extendidas hasta extremos agujeros negros que consumen su miseria como un banquete. Theon aún tiene sus pantalones en las rodillas, pero jamás ha estado tan desnudo. 

Enfermo hasta las entrañas sintiendo el cuchillo arrastrarse, rompiendo su ropa. ¿Lo va a matar una vez que lo desnude? 

Se mueve como un pez fuera del agua, pero es imposible correr del peso del hombre, está entre sus piernas, con una mano en su cuello y la otra en la navaja, es inútil, se siente cómo si fuera un niño peleando contra un lobo. La impotencia se arrastra por su garganta, llegando hasta sus ojos, obligándolo a llorar en una mezcla de frustración y terror. 

La punzada que siente en la piel se reemplaza con una mano desnuda que empieza a arrastrar y desgarrar la ropa a pedazos. Theon intenta patalear, pero no hay nada que pueda hacer, los dedos se aprietan alrededor de su garganta, sus propios brazos están tan débiles que apenas puede llevarlos hacia las muñecas del hombre, intentando aflojar su agarre. 

El aire deja de pasar por su cuerpo, y las lágrimas corren tan rápido que se siente patético. Llorando cuando debería estar peleando. 

No es un Greyjoy, no es un peleador, Theon no es nada. Y todos siempre lo supieron, todos menos él mismo. 

Lo sabía. Siempre lo supe pero me mentí 

Finalmente, el aire vuelve cuando la mano se suelta ligeramente, un nuevo golpe llega a su rostro, antes de que tenga tiempo de escupir la sangre en su boca, su mano izquierda es sujetada, y aunque intenta alejarla del agarre de este hombre, es demasiado tarde. 

Algo cruje, el dolor se esparce como un virus; Theon grita, pero una mano evita que su voz alcance los cielos. 

—¿Theon…? —Robb lo llama entre lo que parecen jadeos cansados, su voz está desgastada y llena de dolor. Theon no contesta, está saboreando la sangre en su boca. 

Tal vez pueda ahogarse y hacer algo bien finalmente. 

Le dan la vuelta tan rápido que no puede hacer nada más que soltar toda la sangre y saliva que tiene en la boca, ni siquiera es capaz de vomitar, todo le gira, está demasiado exhausto. Preferiría no tener brazo, sería mejor eso que el dolor al que está condenado por ahora, hace lentos sus sentidos y su mente se nubla con la agonía. 

Es entonces que lo siente: el hombre se posiciona detrás de él, juntando la erección vestida de este hombre con el trasero desnudo de Theon. 

Su cuerpo se enfría de inmediato en cuanto entiende a dónde se dirige esto. 

—¡No, déjame en paz! —extiende su brazo derecho, el que todavía puede mover, e intenta impulsarse en sus piernas para arrastrarse. 

Es inútil y lo sabe, pero no puede simplemente no hacer nada. 

—¡No, eso no! —su cuerpo se sacude cuando las manos duras lo agarran de sus piernas para atraerlo una vez más al monstruo— ¡Eso no, por favor! —los dedos le queman la piel, lo obligan a levantar las caderas. 

Theon suelta una risa nerviosa, demasiado fuerte, demasiado dolorosa, una que lo hace sentirse roto. De esas risas que son una llamada de auxilio, las que ha usado toda su vida. 

Siempre le ha sonreído con superioridad a sus desgracias, pero su risa jamás ha sido tan amarga y desesperada como está. 

—¿Oh? Eres realmente entretenido—escucha detrás de sí mismo, la voz le causa escalofríos. La sangre en su rostro, su brazo herido, su cabeza, todo es demasiado, y no entiende que debe hacer. 

—¡¡No!! —grita, sintiendo el filo de la navaja otra vez en su piel. Casi quiere moverse para enterrarla en sus entrañas y no vivir esto, pero sabe que no morirá por una herida así. 

No lo hago por cobarde. Porque no me atrevo 

—¡¿Theon?! —la voz de Robb se abre paso, el pelirrojo intenta buscar de dónde viene el grito, pero ciego como está, no tiene sentido— ¡¿Qué le están haciendo?! —alguien le da una patada en la espalda seguido por un azote en los glúteos, Robb gruñe en vergüenza, pero lo ignora— ¡¡¡¿Qué le están-?!!! 

Theon se calla de inmediato, dejando salir solo jadeos suaves de terror, no podría vivir sabiendo que Robb sabe lo que le están haciendo, el llanto es amargo, pero hay cierto alivio en que Robb tenga los ojos cubiertos. 

—¿No te gustaría saberlo? —el hombre detrás de Robb empuja su cabeza hasta el suelo, haciéndolo golpearse la barbilla con fuerza, Robb escupe sangre a la vez que alguien escupe encima de su cabello, puede sentir la saliva en sus rizos. Es tan asqueroso que quiere vomitar. 

No le digan, no le digan, por favor 

—¡¡¿Theon?!! —vuelve a preguntar al aire, ignora que lo están despojando de toda su ropa, negándose a entender la gravedad. 

—Nuestro jefe lo va a tomar como una perra. ¿Quieres verlo? —un hombre envuelve los dedos alrededor de la barbilla de Robb haciéndolo levantar su rostro, otras manos van hacia su espalda baja, sujetándolo de los costados. 

—¡¡No los escuches!! —Theon intenta voltear a mirar al hombre de ojos azules que lo tiene sujeto— ¡No, te lo ruego, yo-! 

—¿No quieres que te vea así? —Theon ahora puede ver un pendiente rojo balanceándose en su oreja derecha. Sangre. Es sangre— ¿No quieres que te vea cuando te tome como una zorra? 

La vergüenza consume su cuerpo, calienta su estómago, lo hace hervir en furia, pero a pesar de ello, calla. A pesar de las burlas de este monstruo, nadie le quita la venda a Robb, pero la mujer que está siendo violada entre los dos sujetos lo mira. 

Lo está mirando. Observa entre su propio llanto a Theon en el suelo. Está viendo al chico que la ayudó en el bar, a su héroe del momento sometido en el suelo como una puta. 

Theon se olvida de la existencia de su amigo y de la chica cuando el cuchillo abre su piel una vez más, el corte es largo pero no tan profundo como para hacerlo morir. Y eso es lo peor. 

La sangre se derrama, gotea por todas partes, Theon ya ni siquiera sabe qué partes de su cuerpo están sangrando verdaderamente y cuáles solo están manchadas de sangre. 

Estoy herido, dañado hasta la médula 

—¿Alguna vez has tenido algo aquí atrás? —el hombre balancea sus caderas, Theon puede sentir su miembro, ahora la tela es más delgada, ¿Cuando se desabrochó el pantalón? 

—No hagas esto—no es su voz, es la voz de un niño aterrorizado, un niño en el cuerpo de un adulto—, no lo hagas, por favor, no sé que quieres, pero- 

—Contesta mi pregunta. Tal vez pueda reconsiderarlo—y es una burla, una verdadera broma, Theon lo sabe, pero la desesperación no comprende. 

—¡No! ¡Nunca! —su mano buena se aferra al asfalto como si fuera tierra en la que puede sujetarse— Por favor, por favor, déjame en paz—el hierro de la sangre se mezcla con la sal de sus lágrimas, pero está lejos de ser un Greyjoy—, nos iremos, no diré nada-

—Oh, pero ¿cómo podría resistirme cuando eres tan…dulce? —su mano pasa encima de la herida en la espalda, otros dos cortes aparecen, Theon se retuerce por el dolor y el terror— Entonces nunca has tenido nada aquí atrás, bien, me encargaré de eso. 

Lo siente. Theon siente el miembro ahora desnudo, la carne caliente, resbalosa, tocando la superficie de su entrada. Intenta correr, pero en esta posición no puede. 

—¡No! —su voz está rota, su rostro se siente adormecido por el dolor, las piernas están inmóviles— ¡No, no, no! —siente el glande detrás, tocando su entrada insistentemente— Por favor, te lo rue- 

Es resbaloso, el pre-semen se siente viscoso contra su piel desnuda, Theon intenta alejarse sin éxito, el asco corroe sus sentidos. No hay palabras, no hay forma humana de describir lo desagradable y terrorífico que es.  

—¡No puedes-! —ruega entre lágrimas, intentando darse la vuelta, sin moverse de su lugar. 

—¿No puedo? —casi suena ofendido, pero Theon no se da cuenta, no, todo en lo que piensa es en el miembro caliente que tiene asentado contra su piel— Mírame hacerlo. 

Finalmente, empuja sus caderas, entrando en Theon, robándole un jadeo tan fuerte que se escucha a pesar del llanto de las otras dos víctimas. 

Lo hizo. De verdad lo hizo, piensa con el ardor en sus entrañas, el dolor es inmediato, la piel que se adentra en él parece estar hecha de acero hirviente, milímetro a milímetro, entrando en él con furia demoledora. Theon quiere gritar por el dolor, pero cuando abre la boca para hacerlo, su voz se niega a salir. 

Se ha convertido en un muñeco, no tiene voz, sus movimientos no tienen peso, nada más que un simple objeto para ser manejado; lleno de furia confusa, miedo indignante, Theon quiere enterrar sus uñas en el rostro de esta bestia y arañar con fuerza, quiere liberarse, pero no tiene poder alguno. 

Aunque cierta los ojos con fuerza, intentando ignorarlo todo, su mente le muestra lo que sabe que está sucediendo: Ojos hambrientos, tormentosos, se dilatan por el placer, lo siente en toda su piel, manos demasiado bruscas sujetandolo, el miembro en su interior, hasta que siente la pelvis descansando contra sus glúteos, y empieza un tormento incluso peor: chasquea las caderas cómo un lobo en celo. 

Empuja lento tres veces al inicio, balancea sus caderas, y no hay forma humana de describir el dolor, la agonía intensa a la que su cuerpo sucumbe, cómo si estuviera siendo abierto pedazo a pedazo. 

—No vuelvas a decirme que puedo y que no puedo hacer con lo que es mío—se ríe enterrando la cara en el hombro de Theon, pasando su lengua húmeda por la piel. Theon tiembla, y no sabe si es por el dolor, el miedo, la furia o el asco. Tal vez por todo. 

—¡No soy tuyo! ¡Suéltame! —es un milagro que pueda gritar, no tiene aire en los pulmones, no tiene voluntad; se mueve como para intentar protegerse, pero lleva sus caderas hacia las penetraciones continuas. 

—No eres mío, dices—se ríe con tanta crueldad que Theon no puede creer que sea real—, ¿Entonces por qué puedo hacer lo que me plazca contigo? 

Es verdad, piensa con lágrimas cayendo, puede oler la sangre. Su entrada está expandida, apretándose al miembro, intentando acostumbrarse al abuso sin éxito alguno. 

Cuando levanta la mirada, a metros de distancia está la chica, Theon la maldice. Es culpa suya, es culpa de ella que ahora Theon esté en el suelo siendo utilizado como una perra de cría. Ella llora, patalea, pero su ropa interior obstruye su boca, demasiado profundo, ahogándose con la tela, uno de esos hombres la está penetrando mientras el otro le aprieta los senos. 

Una embestida particularmente dolorosa, más profunda que las otras, lo hace retorcerse. La sangre corre por sus muslos, Theon puede sentir la humedad llegar hasta el suelo, más lento que sus lágrimas. La sangre es más espesa que el llanto. 

Está siendo montado como una perra, la vergüenza corroe en las raíces de su interior, su interior se adapta a la figura de este hombre, pero sigue doliendo. 

Tal vez su forma quedé plasmada en mi interior, tal vez mis órganos se abrirán a él y nunca podré borrarlo, tal vez la forma de su verga siempre estará en mi cuerpo 

Sus entrañas se abren, cómo si la verga que está adentrándose en él estuviera reorganizando sus órganos. Gime en horror doloroso, cuando el miembro sale solo por una fracción de segundo, Theon siente que el dolor no acaba, lejos de ello, parece arder más de esta manera. 

Mira hacia el suelo, si pudiera enterrar su rostro en el asfalto lo haría, intentando ocultarse de esta vergüenza. Las manos que lo sostienen le dan la vuelta, dejándolo de espaldas en el piso. 

No hay manera de esconderse cuando tiene al monstruo encima de él, y lo puede ver en plenitud, es enfermizo; cierra los ojos de inmediato. No quiere verlo, no quiere ver lo que ya siente en sus entrañas. 

El peso lo sofoca, Theon apenas puede respirar, la saliva se seca en su piel, la sangre sigue derramándose, y ya ni siquiera sabe de dónde.

—¡Ésta ya está inconsciente! —Theon escucha la carne aún chocar contra el cuerpo de la mujer, un sonido enfermizo que lo hace querer vomitar. No es la misma voz del que que la estaba violando en un inicio. 

—Terminen con ella y encarguense de limpiarla, estoy ocupado—su voz es tan bestial cómo su existencia; su miembro vuelve a entrar a Theon con un empujón demasiado fuerte. 

Duele más que la última vez; es un infierno en su propia carne. 

—Abre tus ojos, o abro tu garganta—los dientes se entierran en él, tan filosos cómo cuchillos, Theon siente la manera en que su interior se tensa con fuerza, el hombre gime con embestidas más fuertes. 

Lo duda un segundo antes de que la fuerza de las penetraciones y la mordida obliguen a su piel a abrirse un poco más. ¿Cuando va a dejar de sangrar?

Theon casi prefiere que le abran la garganta; una vez que abre los ojos, no tiene duda alguna de que ha cometido un error. Puede ver lo mismo que todas las prostitutas ven: un hombre embistiendo dentro suyo, sin gracia, brusco, monstruoso. 

Me está tomando como una puta, pero no se atreve a cerrar los ojos. 

 


 

Robb está ciego al mundo, pero aún así logra escuchar el llanto ahogado de la chica, (debe ser ella, ¿Verdad?) intenta pelear, pero no puede, tantas manos que parecen jamás acabar. Forcejea sin aliento, la desesperación empieza a crecer desde sus adentros cuando siente la tela de su pantalón deslizarse de sus piernas. 

—¡¿Qué me están haciendo?! —pregunta, sintiendo unas manos presionar sus costados. Un objeto extraño, terso pero duro, está tocando insistentemente su entrada. 

—¿Qué? ¿No sabes cómo es una verga acaso? —escucha la burla detrás de sí, intenta moverse, pero está encerrado por completo. 

—¡No se atrevan! ¡¡No se atrevan a ponerme un dedo encima!! —escupe en el suelo, seguramente más sangre, no lo sabe; intenta alejarse, pero entre más lo hace, más cerca parece estar del miembro del hombre que lo sujeta. 

—Esto va a ser más divertido que esa chica de allá—alguien se ríe frente a Robb, debe ser quien le sostiene del cabello y la barbilla. 

No tiene previo aviso, no tiene ninguna advertencia ni una risa; en un segundo, hay un miembro besando su entrada, al siguiente, se balancea tan dentro que Robb no puede evitar gritar. 

Arde, quema tanto que Robb se marea, sus ojos revolotean y los espasmos de su cuerpo lo obligan a moverse insistentemente mientras el miembro que acaba de penetrar llega hasta lo profundo de él. 

Lo va a romper, estos sujetos van a romperlo. Pronto, siente algo derramándose entre sus muslos. 

Es sangre, piensa con horror, sintiendo arcadas, intenta mover sus brazos, pero alguien los tiene sujetos. Hay manos por todas partes tocando su piel. 

No, no solo su piel, parecen traspasar hasta sus órganos, el miembro en su interior golpea continuamente, ni siquiera hay un momento de descanso. 

—Estos sujetos actuaron cómo…—el hombre mueve las caderas, Robb siente su estómago golpear contra su propia espalda, puede oler el sudor desagradable y escucharlo jadear—, como si fueran héroes, míralos, retorciéndose cómo perras. 

Siente sus manos ser pisadas por al menos ochenta kilos sólidos, haciéndolo saltar, e intentar alejarse, el movimiento hace que sus caderas se junten con las penetraciones insistentes que le muelen las entrañas. No tiene más opción ni escapatoria: todo lo que puede hacer es tomar este dolor. Solloza con frustración, intentando pensar en todo menos en lo que sucede. 

—Dioses, este chico llora demasiado—escucha a alguien sorber antes de sentir que escupen sobre su espalda—. Alyn, usa su boca. 

Robb se detiene de inmediato, aprieta los labios, el miembro en su interior da una estocada tan profunda que le arrebata un jadeo adolorido, sus ojos revolotean, es una suerte que nadie pueda verlo. Se ha olvidado de Theon, todo lo que piensa es en el dolor, tan intenso que lo obliga a llorar como un niño.  

Más embestidas llegan contra él, la sangre se ha secado en sus muslos, puede sentirlo, es pegajoso, una mano lo aprieta de las caderas, y aunque lo detesta, siente la manera en que sus entrañas son presionadas, abiertas brutalmente con el glande que se adentra sin para una y otra vez. Afuera, adentro, afuera, adentro, sin parar, una y otra vez. 

—¿Estás bromeando? Va a morder—Alyn mueve sus botas ligeramente, tal vez pueda romperle las manos con su peso. 

—No seas un maldito miedoso—Damon está detrás de él, mirando el espectáculo con una sonrisa, su miembro endurecido en los pantalones. 

—¡Puede morde-! 

—Si se atreve, voy a meterle mi puño entero—Ramsay interrumpe, sin detener el movimiento de sus caderas mientras penetra a Theon—. Supongo que no quieres eso, ¿Verdad? —se dirige a Robb, mirando hacia su dirección, no es que Stark pueda saberlo, aún así, asiente con las lágrimas mojando su rostro— Eso es, adelante, Alyn. 

Una mano va al rostro de Robb, le levantan el mentón, aprietan sus mejillas hasta que él mismo cede. Su interior duele tanto, ni siquiera quiere imaginar cómo se debe sentir algo más grande que un miembro entrando en él. 

Dales lo que quieren, le dice una voz traicionera en su cabeza, otra embestida lo hace mover su cuerpo hacia adelante, una mano le separa los labios, jugando con su lengua. Sabe a sal y aceite, lo hace perder la cabeza y el sentido. 

Pronto siente el calor llegar a sus labios, el olor es demasiado fuerte como para ignorarlo, es más un movimiento instintivo que algo pensado, pero lanza su cabeza hacia atrás, hasta que lo sujetan del cabello y lo mantienen fijo en su lugar. 

Váyanse, solo váyanse, no me hagan esto 

La carne se adentra en su boca a la par de las penetraciones en su agujero enrojecido por el uso, irritado por la violencia. Apesta, sabe a sudor y sal, incluso cree que puede sentir algo de orina. 

Tiene arcadas de inmediato, pero eso no convence al hombre que le está metiendo la verga en la boca para retirarse, parece darle más entusiasmo para seguir adelante. El glande va hasta su paladar; Robb abre la boca, las lágrimas en sus mejillas no se han detenido desde que comenzaron. 

Cuando golpea su úvula, Robb siente una mezcla entre dolor y asco que lo hacen tensar su cuerpo; la reacción que obtiene del hombre detrás suyo es inmediata: jadea y penetra con más rapidez. 

—¡Mierda! —el hombre suelta una risa breve antes de regresar a su ritmo normal— Haz eso de nuevo, Alyn, se aprieta cuando lo haces. 

La mano se enreda en sus rizos y comienza a moverlo a una velocidad grotesca, la quijada le duele, pero vuelve a suceder: 

Robb siente la verga arrastrarse por su lengua, no se mueve ni hace nada más que aceptarlo ciegamente, el miembro golpea su úvula, Robb vuelve a tensarse, y el hombre detrás suyo lo disfruta. 

—Que perra—dice en una voz que Robb jamás podrá olvidar—, parece que le gusta chupártela. 

Tomen lo que quieran, separen mi cuerpo en pedazos, tomen lo que quieran y déjenme en paz 

—Oh, parece que le gustas, jefe—escucha mientras el miembro golpea su paladar, el agarre en su cabello es tan fuerte que empieza a lastimarle el cráneo. 

Es asquerosa la manera en que empieza a embestir contra su garganta, cada empuje lo hace tener arcadas, sus mejillas se ahuecan sin querer. 

—¿Es cierto, cariño? ¿Te gusta esto? —no es la voz de ninguno de los hombres que lo han estado golpeando. 

—¿No es ese el chico duro? ¡Jaja! —es entonces que Robb se da cuenta de que no hablan de él, hablan de Theon— Actuaba como si fuera un sujeto fuerte y duro, mira, parece que todo lo que necesitaba era tu verga, jefe. 

Y no sabe que es peor: el dolor que viene con las embestidas, la repulsión en su boca, el aroma desagradable o la imagen de Theon, en el suelo, sufriendo lo mismo que él. 

No puedo ayudarlo. No puedo hacer nada por él 

Robb siempre ha estado para él desde que se conocieron, pero esta vez, ha sido él quien metió en este problema a su amigo. 

¿Ayudarlo? Yo nos hice esto 

—Concéntrate en el de ustedes—es ahora que se da cuenta que, tal vez, el llanto no es de la chica, sino de Theon, Robb solloza al imaginarlo—; éste es mío y ya veré yo que hago con él—es lo último que escucha antes de atragantarse e intentar toser obstruido por la carne en su boca. 

Pronto, el miembro sale de su interior, su boca también queda vacía, Robb suspira de alivio al sentir el estiramiento finalmente terminar. 

—Dale la vuelta—escucha a alguien decir, Robb ya no sé esfuerza por saber de dónde proviene la voz— y sujétale las piernas. 

No ha acabado, aún quieren lastimarme.

Cuando lo sueltan para volteado, es una oportunidad, el agarre se afloja un poco, pero en cuanto lo hace, vuelve a solidificarse una vez que lo dejan de espaldas en el suelo. 

—Eres Robb Stark, ¿No es cierto? Todo el norte sabe de ti, chico—se ríe mientras Robb intenta soltarse, moviendo sus brazos bruscamente—. ¿Qué dirían si te vieran así? 

Sería la burla. El joven lobo, sometido cómo un perro cualquiera. 

—Sonríe a la cámara, puta—vuelven a penetrar en su interior, cree que es el mismo, pero el dolor empieza adormecer su mente. 

¿Cámara? ¿Me están grabando? 

No tiene fuerzas, está herido de gravedad, pero aún así, empieza a retorcerse frenéticamente, cómo si pudiera enterrarse en la acera. 

—"El chico dorado de los Stark" te llaman, yo solo veo a una perra—una mano pellizca su pezón derecho, retorciendolo tanto que Robb casi prefiere que lo arranquen a sentir este dolor. 

—El chico dorado cogido como una zorra barata—sus mejillas se tiñen de rojo mientras los escucha reírse— Esto va a tener millones de vistas, chico; bienvenido a la fama. 

Es entonces que el calor lo llena. Se ha corrido dentro, ha terminado dentro de él un hombre, uno que ni siquiera conoce. 

Las manos se retiran, pero Robb cree que aún están ahí, tal vez siempre lo estarán. Solo parpadea un segundo, un simple instante, y hay otra erección al borde de su entrada, y aunque intenta arrastrarse sobre su espalda para quedar lejos, no es una sorpresa cuando no sucede. 

—Muévete, es mi turno—alguien dice cerca de él, huele a sudor y aceite de carros. 

—No—las manos se aprietan en sus muslos, Robb intenta arrebatar sus propias piernas, volver a hacerlas suyas, pero es imposible. 

—¿Cuándo va a ser mi turno? 

—¡Al final! Eres demasiado imbécil, Dam, no tienes cuidado y los arruinas siempre. 

—Su agujero va a estar suelto para cuando lo use. 

Hablan de él como si no estuviera aquí, cómo si fuera solamente un objeto para usar y descartar a conveniencia. 

Tal vez no lo es, tal vez Robb ni siquiera está aquí y todo es una pesadilla de la que va a despertar.

—Entonces úsalo con Alyn—cuando Ben da su sugerencia, apenas se está volviendo a abrochar los pantalones, ni siquiera mira a su víctima. 

—¿Estás bien con eso, Alyn? —Damon sonríe, no es la primera, seguramente no será la última vez que hagan esto, pero preguntar nunca está de más. Le abre las piernas, lo levanta ligeramente, y lo pone encima suyo. 

Damon está acostado en el suelo, arriba posiciona al chico, y encima de la víctima, Alyn No hay forma de que pueda escapar con ambos hombres sujetándolo. 

—Meh, no me importa compartir su agujero—es solo carne, a final de cuentas. Mantiene sus manos fijas y duras en las muñecas del chico, apenas se da cuenta de que no ha dejado de sollozar. 

 Robb llora tan fuerte como la gente a la que solía consolar antes. Se estremece y pelea, pero son tres, tal vez más, no lo sabe. Se sienten como cien manos encima suyo. 

Pronto lo puede sentir: no uno, sino dos, dos glandes comienzan a empujar contra él, el semen sale de él, pero aún es demasiado apretado para darle cabida a ambos, pero eso no los detiene, Robb intenta patear y alejarse, pero lo tienen bien sujeto. 

—¡No-! —ni siquiera pueda terminar de gritar antes que un tercer miembro penetre su boca de golpe, haciéndolo atragantarse una vez más. Tiene un sabor diferente al último, no, este tiene un sabor más salado, el olor no es tan terrible, y parece ser más largo que el último. 

Cada milímetro es una tortura en su boca, pero ni siquiera eso se compara con la presión en su entrada. 

Ambos entran en su interior de golpe, empalando a Robb en ambos miembros, jadea de dolor, pero es amortiguado por la verga que tiene en la boca. Los dos miembros dentro de sus entrañas comienzan a moverse a un ritmo discordante, escucha los gemidos de tres partes diferentes, tres voces rodeándolo, arrinconando a Robb hacia la locura. 

 


 

—¡Se desmayó! Maldita sea—Theon escucha a lo lejos. Es Robb, están hablando de su amigo.

Robb, quien siempre lo soporta todo, el perfecto Robb Stark. El fuerte pero no grosero. 

Lo rompieron, piensa con amargura en la lengua, y quisiera sentirse mal por él, pero todo lo que hace es gemir de dolor.

—Dejalo ahí, será más fácil limpiarlo así—el monstruo habla, y cuando lo hace, ni siquiera detiene sus caderas, el movimiento circular de su pelvis sigue ocasionando un ardor tan profundo que Theon se arquea. 

Una mano de enreda alrededor de su cuello, y aprieta con fuerza, a Theon casi no le importa, no le importa la falta de aire si puede adormecer sus sentidos. 

Cuando las caderas del monstruo se balancean suavemente con un gruñido grotesco, alcanzando a cepillar un punto sensible en el interior de Theon, el dolor parece disminuir un segundo. Theon lo detesta en el momento. 

—Espera, espera, espera—Theon lo mira, y cree que no hay nada más allá de él, no hay cielo ni estrellas, solo él y su cuerpo que atormenta el alma y las entrañas de Theon— ¿Lo estás disfrutando, zorra? —susurra con lo que parece una burla, pero va más allá de ello, es una burla que parodia dulzura. 

Theon quisiera enterrar su rostro en cualquier lugar, esconderse de él, no puede ser verdad, no puede ser verdad. Pero lo está viendo, es su cuerpo el que reacciona de esta forma. 

Es asquerosa la manera en que la verga cepilla su interior, llegando a lugares demasiado sensibles; la sangre corre por los muslos de Theon, pero aún así, existe una sensación casi eléctrica, y la detesta. 

Es la misma sensación que ha sentido antes, cuando tenía sexo con chicas, (¿Así las trataba? ¿Con tanto descuido y maldad?), es embarazosa la manera en que sea la misma sensación pero multiplicada. Theon no puede soportar lo mucho que aborrece esto ahora. 

El miembro acaricia sus paredes internas, llenándolo por completo, cepilla la carne suave, dejando a Theon jadeando por horror; asqueado con su propio placer involuntario. Está empezando a ponerse duro. 

No, no, no. No se supone que se sienta así. No se supone que sea así. No puede ser así, piensa soltando más lágrimas, enterrando las uñas de su mano derecha en el brazo de este animal, no parece servir de nada. 

La verga que acaricia de adentro hacia afuera le causa un ardor incontrolable que se mezcla con la sensación de placer.

No, por favor, detente, no sabe si se lo dice a sí mismo o al monstruo. Ahora está completamente erecto, ansioso por correrse. Una humillación jamás conocida por el humano se asienta en su cuerpo. 

Las caderas del hombre vuelven a cambiar, se balancean, su miembro, grueso e hiriente, llega profundo, a ese lugar que deja a Theon jadeando de vergüenza y agonía por igual. 

El ángulo hace que el dolor insoportable se mezcle con el placer aplastante; y el monstruo sonríe, sabiéndose victorioso, comienza a reanudar un ritmo brutal en el mismo punto, haciendo que Theon se refuerza en su propia sangre y saliva. 

Su verga acaricia el interior de Theon, alternando entre las embestidas brutales y las manejables, con cada estocada, Theon se mueve, su cuerpo agoniza, pero el dolor empequeñece con las llamas que consumen su cuerpo ahora. 

El olor a sudor, la fricción de la piel y el calor enferman a Theon, el sonido de la carne golpear mientras lo cogen retumba en su mente. El movimiento se repite tantas veces, acelerando y deteniéndose a un ritmo enloquecedor, aún doloroso pero vergonzosamente casi disfrutable. 

Cuando grita, no sabe si es por el dolor o la vergüenza. Tal vez las dos. 

—Voy a llenarte, ah, te sientes tan bien—acelera sus caderas con una sonrisa retorcida, las pupilas se le dilatan, jamás ha visto tanta locura en un rostro—, hasta que te desbordes. 

—¡No! —no podría soportarlo más— ¡No lo hagas, no te corras dentro! —una nueva embestida, demasiado profunda, lo hace gritar, sus ojos giran, poniendose en blanco; pronto se da cuenta de que algo llega a su boca, mezclándose con la sangre en sus mejillas. 

Es la saliva de este monstruo, el asco es comparable con el placer y el dolor ¿Qué tanto más quiere infectarlo? 

Theon se tensa de inmediato, su brazo sufre tanto que cuando la tensión llena su cuerpo siente una punzada que casi apaga el fuego de su placer. Quiere que lo apague, quiere que el dolor se lleve ésta vergüenza, pero no lo hace. 

Se tensa, suelta un jadeo vacío, la sangre sale volando de su boca cuando se atraganta con su saliva, se corre en el suelo, usado como una mujer, cuando se corre, todo dentro de él colapsa, apretándose involuntariamente. El hombre en su interior suelta un gemido brusco antes de mover las caderas tan rápido como le es posible, demasiado concentrado en su propio placer. 

Theon ha tenido sexo muchas veces, se ha corrido dentro de las mujeres varias ocasiones; ésta vez, Theon observa lo que las mujeres han visto tantas veces. Este hombre le sostiene las piernas con fuerza, embistiendo tan profundo como le es posible, balanceando sus caderas, hasta que se queda quieto en un movimiento brusco, sus dedos se entierran en las piernas salpicadas de sangre, con la ropa ropa enredada y-

Tira de su cabeza hacia atrás un segundo, suelta el gruñido más grotesco y profundo que alguna vez ha escuchado, segundos después, el calor inunda a Theon, casi parece que llega hasta su vientre. 

Se ha venido dentro, su semen está llenándome

Quiere vomitarlo. Theon se odian tanto que si ahora mismo viera su reflejo, él mismo se escupiría. Cuando el hombre retrocede, saca su miembro ahora suave, y el semen se derrama, desbordándose. 

Tal como lo dijo

Theon se queda en el suelo, pensando en cómo debe verse: sangre y semen saliendo de su interior, lágrimas, cortes, saliva y moretones por toda su piel. 

Cuando el monstruo le da la vuelta a Theon, la sangre gotea de su nariz, apenas puede abrir los ojos a través de los moretones; el hombre busca algo en la ropa de Theon, pero él ya no tiene fuerza para hacer algo más que gemir, buscando alguna luz con los ojos. 

No hay más que oscuridad, y el rostro de este monstruo. 

Ramsay escribe su número telefónico en el celular de su nueva presa, mientras los chicos rocían cloro encima de los cuerpos. Alyn se encarga de sacar el semen de Robb Stark y de aquella chica. 

Siempre están preparados, a veces tienen "cazas" espontáneas. Nada importante; pero el premio de hoy realmente fue jugoso. 

Theon sigue despierto, no está lo suficientemente inconsciente como para no ver a Robb, está en el suelo, pero no está despierto, aunque respira, más a la derecha, la chica a la que iban a salvar, en las mismas condiciones que Robb. 

Ambos desmayados. Theon es el único consciente, sin fuerza alguna más que para balbucear y sollozar. 

—Oh, no llores, cariño—le da un beso en la frente, acaricia su cabello antes de darse la vuelta—. Te llamaré pronto. 

Se van de la misma forma en la que darían un paseo por el parque, entre risas y jugueteos, dejándolo atrás. Cómo si nada hubiera pasado. 

Revisa su celular, tiene un nuevo contacto guardado: Ramsay.  

Ahora, su dolor tiene nombre