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My ugly lady

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Aquella mañana, la luz estaba apagada en la oficina del director Kushrenada. No obstante, su dueño había llegado hacía mucho a su lugar de trabajo. Sin pedir permiso o tener consideración por la privacidad, su socio Zechs Merquise entró en el recinto sin ser llamado.

—¿Y, Treize, que haces a oscuras en la oficina? —bromeó el joven rubio mientras se sentaba en la silla vacía observando al director, que aún le daba la espalda. —¿Tan mal anda la empresa que no pagaron la luz?

El hombre en la penumbra no se río con el chiste; de hecho no estaba de humor. 

—Me estoy refugiando de ella… 

—¿De quién? ¿De Leia? 

—No esta vez… —respondió, girando la silla—. ¿Sientes ese sonido de las llantas frenando súbitamente una hora después del horario de entrada al trabajo? ¿Te das cuenta a qué modelo suena?

—Pues… —Zechs pensó unos instantes: la velocidad era su pasión. —Es un auto de alta gama, pero no es un deportivo… ¿Una limusina? 

—Exactamente. ¿Y sabes quién maneja una limusina como si fuese Toretto?

—No sé... ¿Paigan? 

—No, Zechs. La que no debe ser nombrada, Dorothy Catalonia. 

Merquise se reclinó en su asiento: sabía que la relación de Treize tanto con su familia de origen como su familia política era bastante tensa. De hecho, le había costado mucho conseguir el puesto de la presidencia con toda la presión que Dekim había puesto para que su hijo fuese elegido. Pero entre el voto del fundador Cinquante y el de la prometida de Treize, Leia Barton, terminaron inclinando la balanza a su favor. Obviamente, eso trajo consecuencias al interno de la conformación del directorio. Khushrenada siguió su relato, mientras hacía un esfuerzo por controlar su presión sanguínea. 

—Esa limusina se la regaló, ¿adivina quien? El querido abuelito… Está más que claro que debe haberle pedido algo a cambio. Y qué casualidad que Dorothy, a quien nunca le habían interesado los asuntos de la empresa, ahora quiere trabajar aquí. Estoy seguro que la envían a espiar…

El ring ring del teléfono no se hizo esperar. Era la recepcionista, que no dejaba hacer timbrar el aparato una y otra vez.

—¡Mande! —exclamó Treize, levantando el tubo con furia.

—¿S-señor Treize? Soy Cathy, de recepción. 

—¿¿¿Qué ocurre???

—Juju… —un tono musical salió de la boca de una mujer de larga cabellera rubia, que lo miraba recostada contra el marco—. ¿Cómo estás, querido primo?

Es que… quería avisarle que la señorita Catalonia subió a su oficina. Traté de detenerla, pero… 

—Ya me doy por enterado —respondió secamente el hombre, y colgó el teléfono de forma violenta.

—Ay Treize, te noto un poco estresado. ¿Cómo es eso que nadie te avisa de tus citas? —Dorothy se deslizó con elegancia hasta la silla de Treize, y sin permiso la giró hasta tenerla de frente—. Creo que estás necesitando urgente una secretaria, juju… 

—Sí, que sea eficiente, discreta y oportuna. Esto último es fundamental.

Zechs se llevó la mano a la boca para no largarse a reír allí mismo, pero la intrusa no se dio por aludida.

—Por eso mismo, primo… dime, ¿quién mejor que yo para entender asuntos de la empresa que alguien inteligente, con clase y atractiva como yo?

—Dorothy, no tienes experiencia laboral en el área de finanzas y es un puesto con mucha responsabilidad y poca diversión. No es como que vas a venir a probarte vestidos todos los días aquí…

—¡Pero ya lo sé! ¿O te olvidas que hice seis semestres en la Fundación Romefeller? —retrucó, guiñandole un ojo a Zechs—. Supe que estabas buscando personal, así que me dije a mi misma: “Dorothy, tú que eres una mujer tan emprendedora, esto parece ser un llamado para tí…”

—Temo que Treize tiene razón. No es algo tan sencillo —interrumpió el melenudo, adoptando una postura más seria—. Además, no podemos contratar a ningún empleado sin que pase por una entrevista del departamento de personal, y eso no será hasta el viernes. 

De repente, todas las alarmas del piso se encendieron y las luces de emergencia comenzaron a parpadear. Una granada estalló en plena sala, y de entre el humo emergió Heero, el maníaco jefe de seguridad de la empresa. Apenas el humor de la sala se disipó, apareció arriba del escritorio, apuntando con un arma a Zechs y a Dorothy, mientras hacía de escudo humano del director.

—¿Está bien, director Khushrenada? Me informaron de una violación del protocolo de seguridad. 

—¡Estaría mejor sin bombas de humo! Pero sí, le han informado bien. Yui, acompañe a Dorothy hasta la puerta.

—Misión aceptada —acto seguido, y sin guardar la pistola, se carga a Dorothy en el hombro.

—¿Pero qué haces, desgraciado? ¿No ves que estamos tratando temas laborales muy importantes? ¡Zechs, dile algo!

—Nos vemos en la entrevista de personal el viernes, Dorothy. Jefe de seguridad Yui, no la deje pasar hasta entonces.

La rubia siguió gritándole a Heero, pero su voz se volvió lejana a medida de que este la retirara de la oficina.

Aprovechando la puerta abierta, mientras sostiene una bandeja con una mano y una pila de papeles en otros, entra Lucrezia Noin, gerente de personal. Con gran agilidad, cierra la puerta con un movimiento de cadera. A pesar del evidente esfuerzo en hacer todas esas cosas a la vez, Zechs no se mueve de su asiento para colaborar.

—Noin, necesito hablar urgente contigo —dijo su jefe, acomodándose su traje. 

—Señor Treize, yo necesito hablar con usted urgentemente. No puedo seguir trabajando a este ritmo.

—Noin, sabe lo difícil que es encontrar personal calificado hoy en día. ¿Ha puesto el anuncio todos los días como pedí?

—Claro que sí —respondió, después de servir las tazas de café en la mesa—. Soy la que se encarga de los anuncios, de las hojas de vida, de la preparación de empleados, de los informes contables, de su agenda, de traerle el café. ¿Desea que también le prepare su baño, señor Treize? —dijo Lucrezia, haciendo una reverencia como si se tratase de un mayordomo.

Kushrenada no encontró argumento válido para objetar. La jefa de personal Noin era no sólo una empleada capaz sino que la conocía de adolescente.A su vez, era prácticamente la única mujer atractiva de la empresa con la que nunca pensó en intentar nada, ya que era consciente que a pensar de la belleza de esta, prefería desperdiciar su juventud esperando a Zechs, quien le hacía poco o ningún caso. Después de todo Treize era un mujeriego, pero un mujeriego con códigos. 

—Señorita Noin, entiendo la situación y por eso le pido ayuda para resolver esta cuestión. Necesito tener una empleada para mañana a la mañana, o voy a tener que sí o sí contratar a Dorothy.

—Pues ustedes entiendan que no puedo dedicar tiempo extra a buscar empleada, si no tengo ni tiempo de cumplir ambos papeles. 

—¿Y no hay nadie más aquí dentro que desee un ascenso? —preguntó Zechs, 

—¡Oh, qué buena idea, Zechs! ¿¡Cómo no se me había ocurrido?! ¡Fíjate Zechs, este también es tu problema! Si Barton o Dermail se hacen con el poder de la empresa, tú serás uno de los primeros en ser sacrificado. Así que te sugiero que uses tu cabeza para algo más que mostrar la magia de tu melena y me ayudes a pensar. Noin, dile qué pasó con tu candidata…

—Saly Po, de diseño, trabaja hace mucho tiempo en la empresa.

—¿No es tu amiga, Noin? —interrogó Zechs.

—Si, y trabaja con Wu Fei… —respondió Treize— y es la única mujer que lo tolera. Además, si se la quitamos es capaz de venir a retarme a duelo por ella.

—¿Pero de verdad no hay nadie? —Zechs bebió su café—. Creí que OZ Modas era el sueño para cualquier mujer…

—Lo es para cualquier mujer que aspira a volverse famosa en el modelaje y luego casarse con un millonario y no trabajar más. Exactamente el perfil que no busco, Zechs —espetó Kushrenada. 

—Bueno, imaginé que llegaría este día —respondió Lucrezia. —Así que por fortuna de ambos, me adelanté a la situación. Hoy reforcé la campaña y puse un aviso en el diario.

—¿Y quién lee el diario? —respondió Merquize. 

—Yo leo el diario —contestó Treize.

—Tu no cuentas, Treize. El diario sólo lo leen los ancianos… y los nerds…

—¡Exacto, Zechs! —exclamó Noin—. Si alguien tiene algo de cerebro, se va a fijar en un aviso del diario y no en un story . ¡Ese es el perfil de persona que necesitamos!

 

Mientras, en algún café de la misma ciudad, otra persona también estaba preocupada por temas laborales, pero en el sentido opuesto a como lo estaba Khushrenada.

En la mesa, una joven mujer se encontraba revolviendo el café constantemente, a pesar de que no le había puesto azúcar. Había estado todo el mes enviando currículums a cualquier puesto administrativo del que tuviese noticia. A su lado, otro muchacho de cabello castaño ondulado ingería su desayuno con mucho más interés.

—Ey Lady, ¿por qué traes esa cara? ¿No te gusta el desayuno? Si quieres la próxima en vez de desayuno americano podemos pedir medialunas. Tienen descuento esta semana en el centro comercial…

—No es eso… —respondió la chica.

—¿Qué ocurre, entonces?

—Estoy pensando que quizás no debí haber renunciado a mi puesto con Septem. Así no tendríamos que venir a desayunar con cupones de descuento…

—Pero Lady, ya no podías quedarte más en esa compañía. —respondió Nicol, comiéndose una de las tostadas de su amiga—. Ese tipo no sólo te hacía trabajar siete días a la semana, sino que se terminaba robando todas tus ideas. Además, ni te pagaba lo que dice la ley. Estabas rifando tu vida allí.

—Puede ser, Nicol, pero ¿qué voy a hacer sin trabajo? —se cuestionó, al tiempo que bebió aquella bebida amarga. —Necesito pagar las cuentas. Además, no estoy acostumbrada a hacer nada. No sirvo para esto.

—Pero puedes hacer un montón de cosas. Mira el lado positivo, puedes leer el diario sin que nadie te presione… —sugirió, tomando el diario gratis de la mesa, mientras buscaba la sección de locales. Pero apenas dio vuelta la página se sobresaltó. —¡Ey, Lady! ¿Has visto esto? “Importante compañía busca secretaria ejecutiva”

—¡A ver! —la muchacha se emocionó inmediatamente, tanto que le arrebató el aviso a su amigo. —No nos sirve… Fíjate esto: 

“OZ Modas, empresa líder en el mercado, seleccionará personal femenino para desempeñarse como secretaria ejecutiva. Serán valoradas experiencia laboral y estudios de grado / postgrado en el área de finanzas y relaciones públicas. Se ofrece sueldo según convenio más incentivos, estabilidad laboral y contratación inmediata. Imprescindible buen trato y presencia”.

—¿Y qué más quieres? Es decir, sé que estás preparada para mucho más, pero perdido por perdido…

—No es por eso. No he recibido buen trato cuando se trata de buena presencia. Vaya ironía…

Nicol observó a su antigua compañera de estudios. Era sin duda de las mujeres más inteligentes, pero ciertamente no se veía como una top model . Para él, el aspecto no era algo que debiera tenerse en cuenta: después de todo, las personas agraciadas son muchas menos que las otras, así que preocuparse por la belleza era inútil. Pero en una sociedad elitista y superficial en la que la primera impresión terminaba siendo la última, no era un punto a favor de ella.

—Pues no sé. Dice el aviso que mañana hay una entrevista grupal a las dos de la tarde. Hay tiempo hasta hoy para aplicar la solicitud online. 

—No lo sé… pero… 

—Pues el no ya lo tienes, no se pierde nada intentando, ¿verdad?

 

Finalmente llegó el viernes de la entrevista. Los ánimos seguían cada vez más alborotados en la empresa, por la falta de personal.

Rato antes de la entrevista, la licenciada Une se peinó prolijamente con sus rodetes, se puso su chaqueta colorada de botones dorados, envolvió su cuello en una chalina blanca y se aseguró que sus lentes estuvieran impecables. También controló que en su cartera no faltase la billetera, sus pañuelos descartables, sus llaves, s u móvil y sus lentes de repuesto. Luego revisó las notas que había tomado acerca de la información que encontró en Internet sobre OZ Modas, y tomó el autobús, decidida a obtener aquel empleo.

En la recepción, Catherine Bloom intentaba que un joven de cabello trenzado y una muchacha de cabello azul corto que peleaban sin cesar, no taparan la vista frente a su escritorio.

—Pero Hilde, no seas así, mi niña preciosa. No te puedes enojar por un corazoncito en una foto…

—Dis-dis…

—¡Claro que me puedo enojar! ¡La última vez que me ves la cara, Duo Maxwell! ¡A algunas de esas tontas de modelaje podrás engañar con ese cuento, pero a mí no! ¡Le estás stalkeando las redes a esa buscona!

—Disculpen… 

—¿¡Qué!? —gritó la pareja, molesta, por ser interrumpidos. Pero al observar a su interlocutora, quedaron mudos.

—Hasta que por fin se callan —Catherine los apartó de su vista. —¿Si, que se le ofrece, señorita…?

—Lady Une —contestó la mujer, ajustándose las gafas—. Vengo a una entrevista de trabajo. Le pido disculpas por la tardanza, pero no podía convencer a seguridad de que estaba citada para hoy. Pero, puede revisar mi documentación —dijo, mostrándolele una credencial. 

Catherine no respondió: ya se imaginaba porque Yui sospechó de dejarla pasar, pero fijándose en sus computadora, efectivamente había una mujer con ese nombre citada para la entrevista de secretaria ejecutiva.

—Pues… veo que es correcto. Pase nomás, pero apúrense, ya es casi la hora. Camine a su izquierda, y vaya por el ascensor.

—Muchas gracias.

Lady corrió hacia el primer ascensor, pero tocó apresuradamente y se bajó antes, en la sección de tallado.

Allí un joven asíatico discutía con una mujer peinada con dos grandes rizos, mientras tenían semidesnudo a un pobre muchacho de cabello castaño y ojos verdes al que le probaban distintos tipos de telas. 

—Dis-discul…

—¡¿Cómo cree ese malnacido de Treize que voy a tenerle los patrones terminados para hoy?! Sally, ¿por qué no me avisaste antes? ¡Maldito, voy a matarlo apenas lo vea! 

—Es que mientras no se resuelva lo de la secretaria hay mucho revuelo, recién pudo bajar Noin a avisarnos —respondió la mujer. —Wu Fei, si estás de acuerdo tú vete a hacer los moldes mientras yo le saco las medidas a este muchacho… —sugirió mientras rodeaba la cintura del modelo con el centímetro.

—Dis-disculpe... —Lady Une interrumpió nuevamente.

—Pero a mí ya me habían tomado las medi… —el muchacho estaba por hablar, pero optó por señalar a la interlocutora.

—¡Tú te callas! Los modelos posan, no hablan. Y las asistentes… asisten, no dirigen. ¡¿Y usted qué quiere?! ¡¿No ve que estamos trabajando?!

—Verá, es que hay una entrevista para el puesto de secretaria ejecutiva y estoy buscando…

—¡Si, si, ya sabemos que ese cretino de Khushrenada no sabe hacer nada por sí solo! ¡Ahora, si no viene a la semana de moda retro, salga de aquí, este no es su lugar!

—Muy bien, ¿pero por dónde…? —Lady no terminó de formular la pregunta ya que Sally y el modelo le señalaban el piso de arriba. —Ok, volveré al ascensor y encontraré el salón. Muy amables de su parte.

—¡Y si lo ve a ese infeliz de Treize, dígale que le voy a tener su encargo pero que no se acerque aquí o lo decapito! —se escucharon los gritos de Wu Fei apenas se cerraron las puertas del ascensor.

Una vez en el ascensor, se detuvo varias veces antes de llegar al último piso. Cuando finalmente alcanzó las oficinas de personal, las personas salieron apuradas y empujaron a Lady sin piedad. Cuando finalmente se dirigía a la oficina tan buscada, fue chocada por una refinada mujer rubia y su acompañante, que hicieron que finalmente perdiese la estabilidad y sus lentes volasen por el piso. 

—Leia, mantenme informado apenas se haga la nueva junta directiva —espetó el hombre alto de apariencia ruda, que tocaba el botón del ascensor molesto sin cesar—. Ya bastante tenemos con que ese infeliz de tu novio sea presidente de esta compañía, cuando es más que obvio que papá preferiría que estuviese aquí. Sinceramente no sé qué le ves…

—Pues ese infeliz de mi novio, va a casarse conmigo y va a ser tu cuñado. Deberías tratar de llevarte bien con él, Trowa. Debes trabajar tu empatía hacia los demás…

—Nos llevaremos bien, el día que los sapos bailen flamenco. Vamos a terminar en la ruina por su culpa. El tiempo me dará la razón.

Acto seguido, ambos hermanos ingresaron al ascensor, sin siquiera notar que habían dejado a alguien indefenso a su paso. 

Lady buscaba sin éxito sus lentes por el piso, de pronto los vio cerca de los tacones de otra modelo rubia que salía apurada de una de las oficinas, que no se fijó por donde iba y los pateó con sus zapatos. Desesperada, comenzó a buscar en su cartera los lentes de repuesto, pero también se le había soltado.

Sin siquiera la presencia de Une, Dorothy pasó a su lado grabando con la cámara frontal de su celular: “¿Como les va a todos? Hoy es un gran día porque tengo mi primer entrevista de trabajo, así que regálenme un like ahí abajo y suscríbanse a mi canal”.

Tomando aire, Une consiguió finalmente recuperar la cartera y ponerse los lentes, así que volvió a intentar levantarse. Con dificultad se sostuvo en las botas y aunque estuvo a punto de caerse, fue sostenida en el aire por Treize, que detuvo la nueva caída de la muchacha abrazándola contra su pecho.

Lady Une sintió que la respiración se le iba, pero por fortuna para ella el hombre la apartó rápidamente.

—Gra-gracias…  —Lady trató de darle la mano a su salvador, pero este rápidamente se apartó de su lado, sin mediar palabra. Luego abordó el ascensor, tan apurado como los demás. 

De repente, la voz de Noin llamando a la entrevista, le indicó a Lady Une que llegó al lugar que estaba buscando. Aunque, quizás, no sea el lugar que le corresponda.