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Cita de Otoño con un Kazajo.

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Era el día D.

Si, el día de la cita con Otabek Altin,

Y Mirai Mizuki se estaba decidiendo eternamente sobre que ropa usar ese día. Dios que tenía desordenado el closet y todo estaba enredado en una mata de telas. Se maldijo internamente y encontró un vestido decente. Era uno de color azul, de lana que se ajustaba ligeramente a su cuerpo menudo; y que su amigo kazajo decía que le quedaba muy bien sobre todo en días fríos, como el de hoy.

Lo sacó de aquella pelota desordenada, con la promesa interna de poder lavar y ordenar su ropa adecuadamente una vez que la cita terminara, y se lo llevó a la nariz. Limpio. Suspiró aliviada y buscó unas calzas que combinaran con las botas y el vestido. Esas grises servirán, se dijo internamente antes de separar la ropa que usaría, meter la pelota de telas nuevamente al closet que ya parecía nido de arañas con la cantidad de huequitos que podían servir de nido. Buscó toallas limpias y secas y encendió el agua caliente para tomar una ducha rápida. Él llegaría en una hora, asi que había tiempo para arreglarse decentemente.

El clima de Canadá podía ser un pequeño desafío para una japonesa radicada, pero eso no quitaba el hecho de que había podido hacer amigos. Mientras Mirai se duchaba recordó que su hermana Linna también saldría con Isabella, Jean, el hermano de Jean, Antoine y la hermana menor de Otabek, Aliya. Aún no podía creer que podían salir sobre todo en la fecha, ya que tanto Jean, su hermano y Otabek tendrían competencias pronto, incluso llegando a competir los tres en un clasificatorio en un par de semanas.

La voz de Linna la interrumpió de sus pensamientos justo cuando salía de la ducha. Envolvió su cuerpo caliente en una toalla y salió justo cuando su hermana menor se encontraba buscando un perfume que Mirai le prestó anteriormente. Dejó salir una risita y le indicó a la chica que se encontraba en una cajonera. El pequeño frasco con forma de zapato estaba ahí, briilando y reflejando la luz de la habitación. No era dificil de encontrar.

Linna salió de la habitación y Mirai aprovechó de secarse y arreglarse, cosa en la que se demoró unos 15 o 20 minutos. El sonido de su celular la interrumpió. Un mensaje de Otabek.

 

 

 

[Texto de Otabek] - Mirai. ¿Paso a buscarte?

[Texto de Mirai] - No es necesario, señor Harley-Davidson. Jean viene por Linna.

[Texto de Otabek] - Ya veo. Estaré en Clarence Park. Espero que te guste la vista.

[Texto de Mirai] - Suena bien. Si llego antes te espero en algún lugar transitado.

[Texto de Otabek] - Bien. Nos vemos. Espero con ansias encontrarme contigo.

 

Lo último la hizo sentir un choque de adrenalina. Si alguien pudiese definir la actitud de Mirai en ese momento, sería la de un chihuahua temblando de emoción.

Una sonrisa boba se dibujó en la cara de la japonesa, que no pudo aguantar las ganas de chillar cual fangirl. ¿Quién diría que saldría con el famosísimo Otabek "El Héroe dorado de Kazajistán" Altin?

Se sentó en la orilla de la cama y se arregló el cabello, con una coleta alta y una boina ocre, la que combinaba con el abrigo que tendría que usar antes de que le diera hipotermia, porque a pesar de que los canadienses sintiesen que era un tiempo fresco, 5 grados era bajísimo para alguien que vivía en Tokio.

 

Se maquilló y justamente cuando terminó de dar algunos toques a su labial, sonó una bocina. Ese debe de ser Jean. Y si. Era Jean en lo que parecía ser un enorme furgón, y no estaba tan solo. Reconoció a la distancia a Aliya, a Antoine, a Isabella... y a Yuri, que no parecía muy feliz de que su amigo no quería salir con él.

Tomó aire y se subió a la van con Linna junto a ella, saludaron a las personas dentro y se pusieron los cinturones. Theme of King JJ sonaba a toda potencia en el auto, lo que hizo que el nerviosismo de Mirai antes de su cita bajara y fuese pasable.

 

El viaje a Downtown Ontario iba a ser raro y lleno de diversión.

 


 

Cuando llegaron a los estacionamientos de la zona anterior al Parque, Mirai bajó y le indicó a Jean que tuviese cuidado. Una ráfaga de viento otoñal hizo que sus mejillas se volvieran ligeramente rojas por el frío.

Una vez que llegó a Clarence Park, pudo ver a lo lejos el lago que brillaba majestuosamente con las luces de los edificios adyacentes y también una pequeña feria. Era otoño así que el Pumpkin Spice y las cosas. Tanto ilustradores como emprendedores estaban mostrando sus productos en los aparadores. Se acercó a una cen lo que esperaba al kazajo, y miró un par de llaveros de las streamers favoritas de su hermana menor, una chica helado de menta y chispitas de chocolate; y una chica princesa gato que tenía toques mexicas. Los compró y guardó en su bolso, Linna estaría muy contenta cuando los viera.

Se sentó en una banca cercana a un puesto de popcorn y reconoció a la distancia la silueta de Otabek. El chico se veía guapísimo en su chaqueta de cuero y un chaleco tejido de lana beige. Una bufanda gris abrigaba el cuello del kazajo, pero las mejillas estaban sonrosadas por la brisa fría que se hacía sentir.

La japonesa se levantó y con un gesto suave, movió la mano para llamar la atención del chico que se acercó a paso mas rápido cuando la divisó de vuelta. Una sonrisa suave se mostró en los labios del kazajo.

—Pensé que había llegado tarde... ¿Esperaste mucho, Mirai?— Soltó en una voz ronca el chico, mientras tomaba la mano de la chica. La chica negó con un movimiento corto de su cabeza. —No... Jean me dejó aquí hace poco, Yuri no estaba muy contento de ir a la pista.— El kazajo dejó salir una risa de corazón. —Lo supuse. Aunque me parece que Jean lo quería llevar a un restaurante japonés que está en Central Park.— Caminando, los dos se detuvieron en un pequeño café cerca de la entrada del parque. Tomaron asiento y el silencio nervioso, pero no incómodo, rodeó a los chicos. Una mujer les tomó los pedidos sorpresivamente y ambos pidieron lo mismo: Un café negro y un danés de almendra. Una cosa no tan dulce. Comieron en silencio, pero había algo que Mirai notó en el kazajo, su mano tomaba la suya con suavidad durante toda la velada en el café.

 

Una vez pagados los pedidos, y terminados los bebestibles, el kazajo llevó a Mirai a unas bancas en una rama central del parque; el que era iluminado por un poste cuya cálida luz daba un ambiente "hogareño".Ambos se sentaron en silencio por un rato.

 

No había palabra ni sentimiento el que definiera aquel momento.

Mirai, confundida, se quedó con la mirada en el suelo. No se atrevía a preguntar lo que pasaba, menos mirar a los ojos al chico. De repente, el silencioso Otabek se levantó del lugar, se paró de frente a la chica y la observó con detenimiento. —¿Está bien si hablamos a solas? No quería que escucharan las personas en el café.— Un ligero sonrojo adornaba las mejillas del kazajo. La chica se sobresaltó por lo repentino de la pregunta. —Estamos solos, Beka. ¿Qué sucede?— usó el apodo cariñoso que usaban unos pocos con el chico. Otabek se sonrojó mas, e hizo un gesto llevando una de sus manos enguantadas a sus labios, como si decidiera que decir.

Se acercó a la chica y tomó asiento a su lado nuevamente. —Vengo a darte una respuesta.—

 

Okay, eso confundió mas a la chica. ¿Había algo en lo que tenían algún problema? ¿Y si era que ya no quería ser su amigo? Se estaba imaginando lo peor y era mas, sus ojos se habían cristalizado por la pena y la confusión. Otabek lo notó y buscó con nerviosismo un pañuelo, el que casi se le cayó un par de veces porque en plena ejecución de sus palabras se percató de que había sonado algo hiriente y duro.

 

—Mirai, no es algo malo. —Se acercó y secó sus lágrimas. —Recuerdas que me dijiste que yo te gustaba hace mucho, Mirai. —Hizo una pausa para pensar en lo que diría después. —Pues... Tú tambien me gustas.—

 

 

 

A la bestia. La ship de Linna Mizuki era real y Otabek iba a ser su cuñado.