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Padre.

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- Pequeña diablilla traicionera, ¿Qué haces volviendo a estas horas de la noche?

Lyrris sintió como se le rizaba el pelo de la nuca cuando la voz le pilló desprevenida en la oscuridad. Sin dedicar un momento a pensar en qué o quien, llevó la mano a la parte de atrás de su pantalón y lanzó uno de sus dardos relleno de su veneno paralizante estrella. Muchas charlas sobre la protección le habían enseñado a disparar primero y preguntar después.

Zenya apartó la cabeza con rapidez, dejando que el dardo se clavara en el sofá en el que estaba sentada. Levantó una ceja, divertide.

- Grosera. - increpó.

- ¡Zenya! - exclamó Lyrris, aliviada. - ¿Qué estás haciendo aquí?

- Esperar. - dijo, simplemente. - He tenido una reunión con esos capullos de la Crisálida y quiero dar el reporte antes de irme a dormir.

Había varios papeles repartidos sobre la mesa del salón, donde Zenya tenía apoyados los pies descalzos. Nadie usaba esa mesa de todos modos, apenas estaban en casa para dormir, pero Lyrris no pudo contener media mueca disconforme con los modales en su propia casa. Al lado de las piernas, un puñado de papeles y saquitos, presuntamente rellenos de monedas. Zenya parecía cansade, pero la sonrisa en sus labios indicaban cierta satisfacción por un trabajo bien hecho.

Lyrris asintió al recibir la información y se giró con disimulo hacia la escalera que daba a su cuarto, en el tercer piso de la casa. 

-  ¿Sabe el gran hombre que has salido? - preguntó Zenya con una pequeña risa.

La tiefling apretó un poco los ojos, mordiéndose la lengua. Sentía su pequeña bandolera extremadamente pesada de repente, rellena de frascos etiquetados con dos nombres y muestras que muy probablemente no debería tener. Y no quería tener que explicar de donde las había sacado. Se giró lentamente con la sonrisa más llena de inocencia que pudo encontrar.

- No me vas a delatar, ¿Verdad, Zen? - había algo de súplica en sus palabras.

Zenya rio por lo bajo.

- No me llames así, no seas injusta. - dijo señalando el pequeño diván desgastado colocado justo delante de ella con un gesto vago de la mano. 

Lyrris apretó con nerviosismo el asa de su mochila.

- Debería...

- ¿Te vas hasta la madrugada con tu novio y no me puedes dedicar quince minutos? - la cortó. - ¿Qué pensará Sendor?

- No es mi... - no merecía la pena.

Suspiró. Trató de dejar la bandolera en el suelo con toda delicadeza que le fue posible, intentando evitar que los viales su interior tintinearan al chocar unos con otros. Oyó el ligero brindis de los cristales, pero Zenya no se percató o no dio señales de haberse dado cuenta. Se sentó en el diván, retirando el incómodo mechón de pelo que siempre le tapaba la nariz detrás de uno de sus cuernos. 

- ¿Dónde has ido? - preguntó Zenya.

- Parecía que lo sabías. 

- Ah, bueno, pero no lo sabía. - rio. - Lo que pasa es que eres muy fácil de leer y se te da fatal mentir.

Lyrris arrugó la nariz, molesta.

- Pero eres buena ocultando. - continuó. - Ocultándote. Pero eso no quiere decir que seas invisible, que no seas vulnerable.

- Oh, no. - se quejó la tiefling dejándose caer ligeramente en el sofá. - Por favor, tú no.

Zenya se rio de nuevo, sacando un pequeño sobrecito de su chaqueta y empezando a preparar un cigarro. 

- No seas como Sendor. - añadió Lyrris.

Zenya levantó la mirada del cigarro, observándola con curiosidad. La tiefling bajó la mirada, descubriendo sus manos apretando quizá demasiado fuerte la suave tela de sus pantalones.

- ¿Qué tiene de malo ser Sendor?

- Es controlador - dijo Lyrris sin pensárselo. - Sobreprotector, paranoico. No me deja apenas salir de la base, siempre tengo que estar protegida. No puedo experimentar, no puedo trabajar, como vosotros...

- ¿Sabes que quiere protegerte, verdad?

- ¡No! Eso no es nada justo. - increpó, mirándole directamente - Hay...gente de mi edad. Que ha estado aquí, con nosotros. Que no tenían padres, que los hemos acogido, enseñado a trabajar. ¡Yo nací aquí! ¿Cómo puede querer apartarme de mi vida? ¡De vosotros! ¡Mi familia! ¡Zahnar-!

Lyrris notó como la lengua se le volvía arenosa al pronunciar su nombre. Apartó de nuevo la vista cuando vio el ceño de Zenya fruncirse ligeramente. Quizá aún era pronto. Pero Zenya no se enfadó, como esperaba. Se apoyó hacia atrás en el sofá, encendiendo su cigarro con una cerilla. 

- Crees que Zahnar era mejor que Sendor.

- No es eso... - mintió. O, al menos, había algo de mentira. - Pero Zahnar me dejaba ser más libre, más...

- ¿Cuántos años tienes, Lyrris? - la interrumpió.

La joven la miró, levantando una ceja con curiosidad.

- Quince.

- Bien, es buen momento para darte algunas explicaciones. 

Dio una larga calada, dejando que Lyrris acumulara sus nervios durante un momento. La muchacha la miraba, intrigada y, desde luego, ansiosa por sus palabras.

- ¿Tú sabes que Zahnar y yo...? - preguntó haciendo gestos vagos con las manos.

Lyrris asintió. Sí, sabía que Zenya y Zahnar habían sido pareja en algún momento y, de hecho, tenía algunos recuerdos borrosos de ellos juntos durante su más tierna infancia.

- Ese gilipollas me engañó. - dijo, y lo dijo riéndose. - Lo cual era estúpido, porque si lo hubiéramos hablado probablemente nos hubiéramos dado ciertas libertades. Pero, en vez de eso, nos engañábamos mutuamente. Discutíamos, llorábamos, volvíamos. En una espiral de veneno sin fin. - sonrió. - Pobre Sendor, nos aguantaba a ambos por separado. La diferencia principal entre mis aventuras y las suyas es que Zahnar un día vino con un regalo en los brazos. Tú.

La tiefling notó como se le calentaba la cara, fruto de la vergüenza, aunque el tono de su piel impedía que fuera demasiado visible para el ojo externo.

- Lo siento. - murmuró.

Zenya soltó una enorme carcajada.

- Por favor, Lyrris, no me pidas perdón por nacer. Para una cosa bien que hizo Zahnar en su vida no vamos a lamentarnos. 

Había una nota triste en la voz de Zenya cuando se burlaba de él. Lyrris la había localizado ya varias veces en conversaciones anteriores, así que no dijo nada y dejó que continuara.

- No sé quien es tu madre, él nunca nos lo dijo. Me cabreé, por supuesto, y Sendor también. Él quería darte a la Perla, dejarte en la catedral, pero Zahnar insistió en que te quedaras. Estaba emocionado con la idea de ser padre.

Lyrris jugó con uno de sus pulgares con nerviosismo. 

- Lyrris. - la llamó Zenya haciendo que levantara la mirada. - Escúchame hasta el final antes de sacar conclusiones equivocadas.

La tiefling asintió, insegura.

- Que Zahnar quisiera ser padre no significa que fuera bueno siéndolo. Yo puedo decir que quiero ser bardo y que el velo se prepare si tienes que oírme cantar. - sonrió. - Era una mierda de padre. Así de claro. No entendía por qué llorabas, no sabía como alimentarte, como cuidarte. Tus abuelos habían muerto hacía poco y no tenían un apoyo extra. Muchas veces, Zahnar simplemente esperaba a que dejaras de llorar, frustrado por no descubrir por qué lo hacías. El secreto aquí es que lo que para Zahnar era "las cosas están mágicamente saliendo bien", en realidad era Sendor yendo a socorrerte en plena noche. No sé como se informó, no sé a quien le preguntó, pero Sendor lo tenía todo bajo control contigo. No desde el principio, por supuesto, pero donde Zahnar se frustraba, Sendor aprendió. Durante varios años.

>Zahnar jugaba contigo, si, te mantenía estimulada. Pero Sendor era quien te obligaba a comerte las verduras y a aprender a leer decentemente porque, si por tu padre fuera, tu no sabrías leer pero tendrías clarísimo como apostar con seguridad en ciertos juegos de cartas. Lo cual es útil, pero igual no el principal conocimiento que debería tener ninguna niña que se precie. 

- Yo le agradezco mucho que cuidara de mi. - intervino Lyrris. - Pero eso no explica por qué es tan...estricto. 

- Bueno, adelantemos hasta ese momento entonces. - suspiró Zenya. - El imbécil de Zahnar, porque no tiene otro nombre, te llevaba a todas partes. A. Todas. Partes. Como el padre terremoto que se pensaba que era, te colgaba de su pecho y te arrastraba por la ciudad. Claro, tú lo pasabas genial, pero al tío Sendor no le hacía la más mínima gracia. Y con razón.

Zenya hizo una pausa, apartando el cigarro que se había estado fumando durante toda la historia.

- Esto fue antes de que Zahnar se aliara con los corruptos de la rubí, antes de que piláramos fuerza. Tu tendrías unos 3 o 4 años. En aquella época las cosas estaban muy mal para la Llave. Tu abuela había hecho las cosas bien, demasiado bien, y el cambio de cabeza llamó la atención de las mafias rivales, que lo vieron como un momento de debilidad para hacernos caer. Fueron años duros. Querían darnos el golpe de gracia. Así que hicieron lo más lógico: secuestrar a la hija del líder, que en aquella época se dedicaba a enseñar el mundo como si fuera un trofeo.

La señaló desde el sofá, a una parte muy concreta de ella.

- Mandaron tu cuerno. Como advertencia. Unas peticiones muy sencillas: la rendición de la llave, la entrega de las zonas de influencia y el exilio de Zahnar.

Lyrris tragó saliva. Inconscientemente llevó la mano al hueco donde debía estar su cuerno. Cuando había preguntado que había pasado, su padre siempre le había contestado con un escueto "fue un accidente" y Sendor simplemente había guardado silencio. Su ausencia se le hizo siniestramente fría de repente.

- Debo hacer una pausa en la historia ahora. - la voz de Zenya dudó. - Necesito que entiendas una cosa de tu tío antes de continuar. Cuando yo los conocí, a los hermanos, Sendor no hablaba. Nunca. 

La joven fue a abrir la boca para contestar, pero elle le pidió paciencia con un dedo en alto.

- Sé que ahora no habla mucho. Pero te estoy hablando de eso: nada. - suspiró. - Cuando Sendor y Zahnar tenían unos once u doce años, sufrió un ataque parecido al que sufriste tú. No llegaron a pedir un rescate por él, pensaban torturarle y asesinarle delante de tu abuela, como una especie de venganza extremadamente cruel. 

Zenya buscó las palabras adecuadas, frunciendo los labios. Parecía querer aliviar el golpe, aligerar la explicación. Finalmente dio un largo suspiro y, con un dedo, recorrió su mejilla hasta su nariz, atravesándola. Lyrris abrió mucho los ojos, comprendiendo.

- Zahnar me dijo que no fue un corte rápido, por eso la cicatriz es tan ancha y fea. 

- ¿Lo vió?

Zenya negó con la cabeza.

- Supongo que los rumores corrieron después de eso. Zahnar solo vio a Sendor cuando ya le habían cosido la cara. - suspiró. - Los hombres de tu abuela llegaron a tiempo antes de que la cosa fuera a mayores, y consiguieron vengarse después de un tiempo. Pero Sendor no volvió a hablar después de eso, simplemente se quedó mudo debido al trauma. Se comunicaba única y exclusivamente con Zahnar, mediante lengua de signos y encima no era la oficial sino una propia de ellos, así que era absolutamente imposible entenderles. Sendor se volvió la sombra de Zahnar, no se separaba de él si podía evitarlo. 

Suspiró, buscando un nuevo cigarro que llevarse a los labios. Lyrris tenía preguntas, pero el ansia de saber más le obligó a quedarse callada para que Zenya continuara su historia.

- Volviendo a tu secuestro. Recibimos tu cuerno con las exigencias de nuestra rendición. Obviamente la gente de la Llave no estaba contenta. Había una guerra interna entre la gente que te consideraba una más y gente que decía que sólo eras "una cría prescindible que hacía débil a Zahnar". Él estaba devastado y no sabía como actuar. - sonrió ligeramente. - En medio de aquel estruendo de peleas y negociaciones internas, Sendor se levantó. Nos miró a todos y dijo "Ahora vengo."

Abrió mucho los ojos, como si volviera a aquel momento concreto de su vida, mientras una risa incrédula escapaba de sus labios.

- Se hizo un silencio enorme en la sala. Muchos no habíamos escuchado la voz de Sendor hasta aquel momento, casi fue como oír a un fantasma. Nadie, ni siquiera Zahnar, pudieron reaccionar para pararle cuando salió de la habitación. Cuatro horas después volvió, herido y lleno de sangre, contigo dormida en los brazos, como si no hubieras sido consciente de nada de lo que te había ocurrido. Me pidió que te cogiera, lo hice, y se llevó a su hermano su despacho.

Hizo una larga pausa. Sus ojos parecían perdidos en el infinito. 

- Sendor estuvo gritando a Zahnar durante horas. - tiró la cabeza hacia atrás, de repente sus parpados parecían pesar de más. - Se gritaron, mutuamente. Pero los gritos de Sendor los recuerdo especialmente, todos lo hacemos.  Aquella voz que nunca habíamos escuchado de repente era un enorme trueno que retumbaba en todo Puerto Negro. Y, sin embargo, aún con todos los miembros de la Llave absolutamente aterrorizados con aquel ruido desgarrador, tú no te despertaste, sumida en una calma imperturbable. 

- La voz de Sendor me relaja. - confesó. - Siempre lo ha hecho.

- Pues debes de ser la única, al resto nos pone los pelos de punta. - rio - Después de eso, Zahnar no volvió a sacarte. 

Hacia rato que había pasado la madrugada. Cada vez que se hacía un silencio entre ambes, los grillos y el sonido de las olas en el puerto generaban una nana extrañamente acompasada. El mechón de pelo de Lyrris, al no encontrar apoyo en su cuerno roto, rodó por fin por su cara, de vuelta a su lugar habitual.

- Cuando Zahnar conoció a Jimena se volvió un poco menos imbécil. - siguió Zenya. - Pilló algo de perspectiva como padre, trató de volverse un poco más responsable. Pero para entonces ya parecíais dos colegas que se sacaban una cantidad aberrante de años. - pausó.- Lo que Sendor hizo esa noche, lo que no nos ha dicho que hizo, más bien, dejó una gran herida entre las mafias de la ciudad, Lyrris. Lo peor de todo, lo  que a Sendor de verdad le asusta, es que eres muy reconocible. La tiefling roja de un solo cuerno. La gente importante que sabe la historia quiere vengarse. La Llave se hizo cada vez más poderosa, y eso solo significa muchos más enemigos. Sendor tiene miedo de que te utilicen para hacerle daño.

Lyrris bajó la mirada.

- No lo sabía.

- Bueno, era difícil de explicar para alguien tan pequeño, ¿No crees? - sonrió con calma - No te voy a pedir que no salgas, Lyrris. Eres joven, estás en la edad de ser rebelde y escaparte de casa. Pero, por favor, al menos a mi dime donde vas. Déjame esa pequeña vigilancia y yo intentaré mantener al gran hombre tranquilo con tu seguridad. 

La joven asintió, sin devolver la mirada. 

- Ven aquí. - pidió con los brazos abiertos.

Lyrris asintió, levantándose lentamente del diván y reuniéndose con Zenya en el sofá, apoyando la cabeza en su pecho y rodeándole con sus brazos. Zenya besó su frente. Sin poder reprimirlo más, la joven dejó caer unas tímidas lágrimas.

- No sé por qué estoy llorando. - confesó.

- No pasa nada, pequeña. - dijo Zenya acariciando su pelo. - A mi me pasa constantemente. 

 

Sendor levantó una ceja confusa al encontrarse a Lyrris dormida sobre Zenya, que seguía acariciándole el pelo con una mano mientras, con la otra, movía entretenidamente monedas encima de la  mesa.

- ¿Qué ha pasado?

- Nada. - sonrió Zenya. - Se nos ha hecho tarde hablando de increíbles aventuras adolescentes. 

El hombre se acercó a ambes, tratando de despertar a Lyrris agitando ligeramente su hombro.

- Eres muy mayor para que te lleve a la cama en brazos. - dijo con el ceño fruncido.

- Oh, no seas así - rió Zenya. - Ha tenido un día duro. Hormonas, yo que se. Esas cosas que tú y yo pasamos hace mucho.

Lyrris murmuraba algo en sueños que ninguno de los llegaba a escuchar. Sendor soltó un  gruñido disconforme cuando recogió a Lyrris en brazos, quien enrolló los suyos alrededor de su cuello, asegurándose. 

- Lo siento... - se le escapó a Lyrris entre suspiros adormilados.

Sendor la miró de reojo, con una mueca de sorpresa, pero no comentó nada al respecto.

- Sube, yo llevaré sus cosas y hablamos de la reunión aunque sea tarde. - pidió Zenya.

- Quédate en el cuarto extra a dormir. - dijo Sendor. - Es muy tarde.

- Aww, que mono, se preocupa por mi. - rió, burlone.

Sendor le ignoró mientras empezaba a subir las escaleras con la joven, aun murmurando en sueños, en sus brazos. Zenya se agachó a recoger la bandolera de Lyrris, que había quedado olvidada en un lado del diván. Al cogerla, el agradable tintineo de su interior llamó su atención. Abrió la mochila con curiosidad, sacando de su interior algunos viales y apuntes manuscritos con dos letras diferentes. Unas muestras de sangre, etiquetadas como "Sendor" y "Zahnar" iban acompañadas de otras con sustancias oscuras desconocidas. Los apuntes parecían tener una acalorada discusión científica que le costaba entender, pero el dibujo que marcaba exactamente las marcas negras del cuerpo de Sendor y su evolución fueron la prueba más delatadora.

Zenya abrió la boca con asombro. Luego, sonrió.

- Ah, Zahnar. - murmuró - Gracias a las Antiguas que esta niña no ha heredado tu inteligencia, pero si tu tozudez.

Devolvió los apuntes a la mochila, siguiendo a Sendor escalera arriba.