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Ay ay ay Señor presidente

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Mauricio despierta en su cama, con un dolor de cabeza inmenso, no recuerda nada de la noche anterior, la luz del sol daba justo en sus ojos y al acomodarse para quitarla se percata de unos brazos qué lo abrazan por detrás, unos brazos qué definitivamente no son de Juliana.

Lentamente, se dio vuelta, intentando no despertar al dueño de esos brazos, fuertes y peludos qué lo sostienen y le hacen sentir seguro en ellos, pero ese sentimiento de seguridad se escapó al momento qué descanso su vista en la cara del dueño de aquellos brazos, ahora obscenos, alrededor de su desnudo cuerpo; vio los ojos color café de su rival, el hombre qué le robo su presidencia:

Alberto Fernandez, y se percato qué debajo de su frondoso bigote, había una melancólica sonrisa esparcida sobre sus seductores labios y de ellos casi como un suspiro susurra:

”Ay ay ay señor presidente, o debería decir… Señor EX presidente. ¿No se acuerda de lo de ayer, señor ex-presidente?

”Qué- qué pasó ayer, Alberto?” Dijo preocupado.

Alberto se enderezo, soltando a Mauricio de su cálido abrazo, y se arrima, casi como para contarle un secreto y él siente su bigote cosquilleandole la oreja

“Todo comenzó en el desayuno de ayer, mientras comías, lo único a lo qué yo podía prestar atención era como comías galletitas y luego pasabas tu lengua a lo largo de tus labios, para sacarte las migas. No puedo mentirte, Mauricia, durmiendo al lado de Fabiola, lo único qué puedo pensar es en ti” Lo último dicho en un suspiro Alberto se lo quedó viendo fijamente.

Macri se volteó, analizando su expresión “¿Y luego qué pasó?” Dijo débilmente, sabiendo ya la respuesta, pero no queriendo aceptarla.

“Luego, cuando ya debía irme, me paraste y me invitaste a tomar unos Whiskys. Esa noche pude ver una faceta de ti qué nunca crei qué veria en mi vida, cuando entre risas te acercaste y me besa-

“NO! Basta Alberto! No quiero escuchar más” Gritó Mauricio, levantándose de la cama y apurándose para vestir su cuerpo desnudo.

“Curioso, es precisamente lo opuesto a lo qué me decias ayer” Dijo Alberto picaramente.

“Fuera, ¡te quiero fuera de mi casa! Yo tengo hijos, soy un hombre casado, con principios. Esto no se volverá a repetir jamás. Ahora andate, de esto no se habla nunca más” Macri grito.

Derrotado, Alberto se vistió lentamente y se fue.

Desde ese día, no pude volver a ver a Alberto con los mismos ojos, el paso de ser simplemente un rival… A ser mi fruto prohibido.