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Carpetober

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Esta mañana no esperaba acabar aquí, tenía planes, pero un secreto llamó poderosamente mi atención, de alguien que me llamaba, de alguien que me gritaba que tenía un secreto y ninguna persona a la que contárselo, intrigada decidí seguir este chillido, cuando bajé me sorprendió un poco ver a Miri con las manos tras la espalda y balanceándose sobre sus pies, me sonrió, me alegra ver cómo sus colmillos le habían crecido un poquito desde la última vez. Miri me abrazó sin miramientos y yo adopté mi forma humanoide para poder devolvérselo, con la tranquilidad de que al estar en un callejón que ha elegido Miri nadie me pillaría.

-¿Podemos pasar el día juntas? Dariman le ha pedido a Sarima que me dé el día libre.

No le costó mucho convencerme porque esta niña tiene un encanto natural para enredar a la gente en lo que maquina, Miri sería capaz de venderle nieve a Nae.
Pasamos el día juntas saltando de un sitio a otro, vamos un rato a la playa y jugamos con las olas, me presenta a unos amigos centauros nuevos que ha hecho y me enseña portales nuevos portales que llevan a lugares que nunca había visitado, me llaman especial atención unas ruinas que estoy segura no están en el imperio, al final terminamos comiendo unas empanadas que le ha dado Dariman y nos tiramos a echar la siesta en una pradera en El bosque.

-¡Lo tengo! tengo una misión nueva- dice incorporándose de pronto, abro los ojos de golpe para mirarla, estoy tirada a su lado en forma de gato y deja de acariciarme para poner las manos en jarra.- Vamos a ir al hotel ese pijo de la capital, yo entro y les pido algo, o les digo que he visto a alguien colándose por una ventana, seguro que son tan tontos que se lo tragan y mientras los distraigo tú entras por la ventana de atrás de las cocinas y robas una de esas tartaletas tan caras y tan ricas, pero ¡¡CUIDADO!!- exclama poniéndose un dedo muy cerca del hocico.
-Hay tartaletas que parecen de chocolate… pero son de… PASAS.
-¡¡HORROR!!
-A que sí, solo unos sucios seguidores del emperador- dice esta última palabra susurrando como si hubiese dicho una palabrota- hacen eso con las tartas y las galletas.
-Son todo maldad.- la respondo con un asentimiento.- Es un gran plan, la verdad.
-Como todos mis planes, no tiene fisuras, además la comida que robas a los ricos sabe mejor, no lo digo yo, lo dicen los alquimistas.
-Pero antes de irnos una cosa más.
-¿Cuál?
Me abalanzo sobre el dedo de Miri que sigue extendido y le doy un par de mordisquitos suaves mientras la semiorca ríe.

Escucho como Miri parece insistirle mucho a la mujer de la puerta que ha visto a alguien desde el lateral del edificio colarse por una de las ventanas, no llego a escuchar su respuesta pero no parece estar surtiendo mucho efecto pues Miri insiste en que es así, decido saltarme un poco el plan y colarme directamente en las cocinas en forma de una enorme rata. Llego con facilidad a la zona donde están enfriándose los dulces y en una de las servilletas que recojo de los carritos de comida comienzo a apilar al menos dos de cada tipo, de repente oigo un grito de un par de jóvenes cocineros corren hacia mí con sartenes en ristre.
-Vaya, menuda mala leche, hay que compartir niños.- digo poniéndome de pie sobre mis patas traseras, se quedan completamente petrificados durante un instante.- Ah, una cosita, él está estropeándote las recetas para que la jefa le ascienda a él, por eso tus sopas saben a jabón últimamente, yo que tú haría otros amigos.
En ese momento se miran entre ellos, el saboteador se pone completamente rojo.
-Eso… eso… eso no es verdad.- balbucea.
-Si no quieres que tus secretos se sepan no los tengas.

En ese momento el compañero se tira hacia él y comienzan a pegarse con las sartenes, aprovecho y salgo corriendo hacia la ventana con el atillo bien sujeto, en la esquina comienzo a maullar para llamar la atención de Miri que ante la impasividad de la dueña se encoge de hombros y se marcha.
Ya con el botín acabamos merendando a las afueras de El Bosque, cerca de un portal que lleva a Esterion.

-Me lo he pasado genial hoy contigo, Miri.
-Yo tamgben.- responde con la boca llena de galleta, cuando traga se limpia las migas con la manga del vestido.
-¿Es nuevo?
-Sí, y las botas también.- me dice mientras las entrechoca un poco, pese a ser nuevas ya tienen un par de arañazos en un lateral.
-Muy bonitas.
-¿No te preguntas cómo te he llamado la atención?
-Con un secreto.
-Exacto, el secreto es lo que hemos hecho hoy, ayer fue mi cumple pero como eso no era un secreto pues a lo mejor no te enteraste y quería celebrarlo contigo así que me he inventado mi segundo cumple para poder celebrarlo contigo.
-Es sin duda el mejor secreto que he escuchado en bastante tiempo, pero el año que viene ya no te valdrá.
-Bueno, no pasa nada, porque lo puedo cambiar así nunca sabrás cuando es y pasaremos un día juntas y será tan divertido como hoy.
-Suena a plan perfecto, sin fisuras.

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Hacía ya tiempo que Shio Miyabi se había fijado en la pequeña de las Kaiba, todo el mundo miraba siempre a Akane, era lanzada, era ruidosa, dejaba las cosas claras y luego tenemos a Akari, que es mucho más prudente, más callada, mejor estudiante, más lista, mucho más guapa, con esa sonrisa de medio lado y esa trenza, desde luego que Miyabi se había fijado en Akari Kaiba, pero no esperaba que Kaiba se hubiese fijado en ella, es verdad que cuando hablaban siempre la trataba bien, pero Kaiba siempre trataba bien a todo el mundo, y cuando la propuso ser la vicepresidenta del consejo se emocionó, se emocionó de más porque significaría estar más con Kaiba, aunque esta Kaiba fuese un poco diferente a la que había conocido ahora más que nunca necesitaba a alguien que la ayudase, y tiene a sus amigas del club de Hanafuda pero tampoco le vendría mal que alguien le recordase que se cuidara de vez en cuando.
Ay y si el día que la seleccionaron para ser vice estaba nerviosa no podía ni siquiera poner en palabras cómo se sentía hoy. Hoy ha quedado con Kaiba, lo propuso con las esperanzas de que dijera que sí pero con la certeza de que le iba a decir que no a su proposición de verse fuera del colegio y de ir a tomar algo. Le ha dado mil vueltas al armario y tiene toda la ropa extendida por encima de la cama, va cogiendo diferentes combinaciones y nada le parece adecuado para… ¿para ver a Akari Kaiba? No sabe si es una cita, porque no sabe si Kaiba lo considera una cita, mejor no hacerse ilusiones, se lo repite mientras selecciona el vestido verde con pequeñas florecitas otoñales que combina con el cárdigan que se compró el año pasado y por supuesto las botas negras de cordones, lo repite en su mente mientras viaja en el autobús y lo vuelve a repetir mientras espera en la puerta de la cafetería, “no te hagas ilusiones Shio Miyabi”, pero esa frase muere en su mente cuando ve acercarse a Akari Kaiba con una blusa, una falda larga y con un cárdigan similar al que lleva ella, sonriéndola tímidamente y sabe que es tarde.

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CARPETOBER 3: SENTIMIENTO

Sylek no terminó nunca de entender lo que le pasaba con Rinka, no es algo que sucediese de golpe, ya la conocía desde hacía mucho, habían sido amigos desde de que le alcanzaba la memoria, pero poco a poco empezó a notar una opresión en el corazón cuando pasaba tiempo con ella, algunas veces no sabía cómo expresar lo que se sentía y le tiraba de las coletas, Rinka le respondía y al final acababan peleados, eso no era lo que Sylek buscaba, eso no acababa con la sensación de que una mano invisible le apretaba el corazón. Por supuesto al principio no se lo contó a nadie, ni a Leri, ni a Remiel, ni a la propia Rinka y muchísimo menos a su madre, era algo que quería averiguar él solo, pero conforme pasaba el tiempo más desconcertado se sentía y más fuerte se hacía ese sentimiento, un día se lo dijo a Remiel que le miró muy extrañado.
-No entiendo por qué Rinka te produce ansiedad a estas alturas.- le contestó.
-No, no es lo mismo, es… bueno no sé qué es...no importa, tal vez tengas razón.- zanjó Sylek aún no creyéndose sus palabras, esta charla dejó preocupado a Remiel un tiempo, pero como Sylek decidió fingir que nunca habían hablado de ello Remiel acabó olvidándolo.

Ahora, tantos años después ese sentimiento extraño vuelve a golpear a Sylek en el pecho cuando ve a Rinka delante de un enorme agujero provocado por una cucaracha gigante, y precisamente ahora, que es mayor, empieza a entender, Rinka le gusta. No comprende por qué en su cuerpo se manifiesta así cuando el resto del mundo habla siempre de mariposas, Rinka no son mariposas, Rinka es un martillo en su pecho, Rinka es como los abrazos de oso que le daba su padre, y por raras que sean las circunstancias en las que se han reencontrado Sylek decide va a hacer cualquier cosa por no volverla a perder.

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Echo de menos mis montañas, pero Ameerah diréis estás bajo una montaña ahora mismo, mimimimimi, montaña no, es un volcán que no es lo mismo, mucho ojito con eso.

Una sale de casa llena de ilusiones y esperando conocer gente y tierras desconocidas y acaba en berenjeales, que tampoco debería quejarme que no es que sea yo la más prudente del mundo, pero es que jardín que vemos jardín en el que nos metemos. Eso sí a lo de conocer gente no le puedo poner pegas, tengo a mi grupo de amigues, a Ophina, a Sylek, a Leri y Remiel que son muy adorables y a Riddle que es… Riddle.

El caso es que de la noche a la mañana hemos pasado de averiguar qué pasaba con unos sacos de carne a acabar debajo del volcán de la isla tirando del hilo de una obvia trama de corrupción, así que permitidme que ahora especialmente sienta añoranza por mis montañas.
Bueno, os dejo que creo que Begonya le acaba de tirar un bol con comida a un dragón.

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Estoy exhausta, vayamos donde vayamos la puta profecía nos muerde los talones.

La asesina me tira al suelo con una patada en el pecho mandándome varios metros hacia atrás, me intento poner de pie lo más rápido que puedo pero el cuerpo me pesa. La monje me mira acercándose, noto su sonrisa en los ojos, por un segundo me planteo quedarme quieta y simplemente esperar, que al fin esta sea la persona que acabe con todo, sé que Apsion y Álex están a unos cuantos metros de aquí, pero se las pueden apañar solos, al fin y al cabo a ellos no les buscan.
Pero inspiro dejando que un recuerdo sustituya todos esos pensamientos.

Apsion está dormido a mi derecha, acurrucado bajo mi brazo, Alex ha hecho la primera guardia y debería estar durmiendo sin embargo le tengo sentado a mi lado con la cabeza en mi hombro.
-¿Cuánto vamos a seguir así? Es como si estuviesemos corriendo en el sitio, simplemente cambia el escenario.- Álex se movió para colocarse frente a mí cogiéndome las manos.
-No lo sé, pero estoy seguro de que este no es tu destino final como no lo es la profecía, creo que el destino hay que ganarselo, nadie más que tú puede crearlo, aunque piensen que sí.- me dijo con voz suave.
-¿Y cómo hago eso?
-Yo empiezo respirando, toma aire despacio y suéltalo, coje todas las fuerzas que necesites, recuérdate a tí misma cuál es tu meta y por qué es importante y si eso no te ayuda a seguir habla con nosotros, entre los tres lo lograremos, como siempre.

Exhalo y ruedo a un lado evitando el bastonazo que iba directo a mi cabeza, me pongo en pie.

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Es la hora de cerrar, los pocos clientes que quedan se van despidiendo y se marchan, algunos con pasos más sonoros que otros, mantengo la sonrisa hasta que escucho la puerta cerrarse suavemente, cuando me quedo a solas me dedico a colocar los vasos, ya limpios, en los estantes que les corresponden, de la cocina llegan voces y risas junto con el olor de varias tartas de otoño que se están terminando de cocer para servirlas mañana de postre.

Comienzo a apagar varias velas con olor a vainilla que Farner me ha regalado para poner de centro en las mesas, el perfume se funde con el de las tartas y me quedo un momento parado en medio de la taberna disfrutándolo, después me dedico a fregar el suelo con parsimonia, siguiendo el mismo patrón que llevo siempre, incluso empiezo a tararear en bajito mientras lo hago y dejo que el chapoteo del agua me cautive, alguna pompa se escapa del cubo rozándome la mejilla.

Cuando termino de limpiar todo me despido y subo a mi habitación, por ahora vacía, me pongo el pijama más caliente que tengo y me siento a leer el último libro en braille que me ha sacado Remiel de la biblioteca de la catedral, pasados uno minutos comienza a llover y el repiqueteo de la lluvia en el cristal se confunde con el que hace la armadura de Remiel que está subiendo la escalera.

-Has llegado pronto.- digo mientras abre la puerta.
-Porque te echaba mucho de menos.
Y juntos nos sumergimos en otra rutina, la de desabrochar y quitar cada una de las enormes piezas de metal que forman la armadura, voy dejándole caricias aquí y allá y se nos escapa algún que otro beso, como siempre me detengo un poco más sobre la capa del color de la nieve permitiendo que su suavidad empape mis dedos mientras la doblo.
-¿Te está gustando el libro?- pregunta con su voz tierna.
-Mucho, sabes elegir siempre muy bien.
-Son muchos años juntos.- responde dándome un pico.

Cuando los dos nos tumbamos en la cama abrazados empezamos a contarnos nuestros días, mientras le cuento los pormenores y las pequeñas cosas que he vivido hoy Remiel me acaricia el pelo y yo recorro con mis dedos el contorno de su cara parándome en sus pequeños colmillos, su respiración me hace cosquillas. Poco a poco la conversación va dejando paso al sueño y me duermo con la oreja pegada a su pecho escuchando el latir de su corazón mientras su calor me rodea como la más cálida de las mantas y me quedo dormido.

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Doy un resoplido de gusto cuando Begonya me echa el brazo por encima del lomo, la verdad es que ser un tejón tiene muchas desventajas, pero también tiene sus cosas positivas, por ejemplo a nadie parece importarle que me beba unas cuantas copas de más y acabe bailando una conga (le doy las gracias a Sylek por eso), otra cosa positiva es que ahora a Begonya le gusta más dormir abrazándome, antes no me dejaba tanto, al parecer que le pusiera mis pies congelados en la espalda mientras se está echando la siesta no le hacía gracia.

Ahora que estoy tan cerca de la cara de Begonya me puedo parar a observarla con calma, me sé cada lunar y cada arruga que conforman su rostro, aunque las nuevas han sido fáciles de detectar, algunas de preocupación y otras muchas en el rabillo del ojo, de sonreír, hacía tiempo que no estaba tan contenta tan de seguido aunque procurarse fingir que sí, a mí eso no me lo ha podido ocultar nunca. Estoy seguro de que por mí los años también están pasando factura aunque no sea en forma de arrugas cada poco me veo más canoso aunque Begonya insista en que no, yo no se lo discuto mucho, es lo que quiere creer. Soy consciente de que mi problema tiene difícil solución y también sé que Begonya no va a cejar en su empeño por intentar revertirlo, yo confío en ella con todo mi alma, pero estoy preparado por si no encontramos la solución, al menos ahora sé que si yo me voy se queda con un grupo de amigues que la quieren y la protegen tanto como lo hago yo.

Pero basta de pensar en eso, mejor pensar en el ahora que es lo más valioso que tenemos.

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A Il-Ira el frío no le hace especial ilusión, es más de quedarse a resguardo cubierta del mayor número de mantas que pueda encontrar, y eso si están en cada de Hoja, son muchas mantas.
Il-Ira se despide de Lyrial se cuando está se marcha a la compra, la dracónida se encarga, mientras tanto, de sacar el chocolate del cazo, especia su taza y añade pequeñas nubecitas en la de Lyrial, cuando está apunto de colocarlos en la mesita del salón da un respingo, derramando un poco.

-¡¡Il-Ira, Il-Ira, Il-Ira!!
-¿Q-Qué pasa?
-Que está nevando.
-Lyrial que casi me da un infarto. De forma metafórica.- aclara.
-Lo siento, no quería asustarte, pero está nevando, tendremos que salir a jugar.
-Está bien, si cuaja saldremos.- dice como si realmente hubiera tenido alguna posibilidad de quedarse en casa.
-Muy bien, me voy a comprar, hasta luego.- dice la elfa saliendo por la puerta rápidamente.

Lyrial se sienta en el sillón de al lado de la ventana con la taza ya vacía entre las manos mientras mira la nieve caer y acumularse en el suelo, de vez en cuando mira a su novia con ojos brillantes.
Después de horas de nerviosismo de la elfa Il-Ira se va a poner todas las capas de ropa que puede incluido el gorro, que va a juego con el de Lyrial, tejido por Hoja como regalo de aniversario para Lyrial y ella.

Al salir al exterior el aire cortante con pequeños copos de nieve golpean a Il-Ira que entierra el hocico en la bufanda mientras Lyrial sale corriendo, prácticamente en mangas de camisa, y se abalanza sobre la nieve de espaldas para dejar la silueta de su cuerpo en ella, Il-Ira ríe feliz.

La tarde pasa no sin haber hecho una buena pelea de bolas de nieve con todos sus amigos, que por supuesto Lyrial gana, aunque no es por la falta de emoción que le pone Copelia, llegó a darle en la cara a Sol que observaba sentado en un banco, ella se excusó diciendo que había sido sin querer, Il-Ira no lo tenía tan claro.

Al caer la noche deciden ir todos a casa de Hoja y de manera natural como si aquel fuese su propio hogar comienzan a hacer la cena, colocar las sillas y poner la mesa, cuando todos están ya sentados comiendo Lyrial apoya su cabeza en el hombro de su novia e Il-Ira le da un beso en el pelo mientras piensa que no le importa lo fríos que sean los próximos inviernos si tiene a Lyrial a su lado.

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Remiel lleva trabajando unos meses a tiempo completo en la catedral como clérigo, acaba de terminar su formación y está lleno de ilusión con ganas de devolver a la guardia Perla y a todo Puerto Negro el apoyo que les han dado a su padre y a él. Sentir la llamada de Perla había sido una conexión reconfortante y dulce que sucedió poco a poco, ahora se sentía siempre acompañado y con el poder de arreglar algunos de los problemas de sus vecinos, en definitiva, estaba muy feliz.

Siempre estaba atareado yendo y viniendo por la catedral, echaba una mano con los libros de la biblioteca, curaba los raspones de los niños que se le acercaban con los ojos llorosos por la calle y ayudaba a llevar a Lantana siempre que su capitana lo necesitase. Había veces que Remiel bajaba un poco su actividad y era cuando pasaba por delante de la puerta del despacho del Paladín Perla, vista desde fuera no parecía especial, solo una puerta con su picaporte y sus bisagras como todas las que había en la catedral, pero Remiel la observaba como quién mira unas puertas con labrados preimperiales, ahora mismo Remiel no considera que se merezca ese puesto, no llegará a considerar la posibilidad en serio hasta dentro de mucho, son unos zapatos muy grandes que llenar, esta ensoñación le suele durar poco y enseguida sacude la cabeza y vuelve a sus tareas que aunque a veces le dejan agotado al final de la jornada son tremendamente gratificantes.

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-NO ME LO PUEDO CREER.
-No seas tan dramas, tío, César.
-Es que no puede ser Julita, eso no tiene perdón de Dios, cómo puedes no haber visto…- César se lleva las manos a la cabeza mientras da una vuelta exasperado.
-Pues yo que sé, es una peli ya antigua, ha pasado de moda, supéralo, de gente de mi edad a la que le flipe tanto como a ti solo he conocido a un chaval emo del campamento de verano.
-De culto, Julia es una peli de culto, ese chaval si que sabe de qué va la vida.- insiste.
-No disculpa, una peli de culto es Shrek, lo tuyo es de viejos.
-¡A que te desheredo Julia Sempere! Ahora mismo vamos a ir a tu casa y vamos a hacer un maratón de Crepúsculo y más te vale no volverla a cagar eligiendo el ship malo.
-Bueeeno vaaaaa, pero que se venga Antonio también que así va a ser más divertido y tú haces las palomitas.

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Sylek había ganado el laúd y se había pillado una buena cogorza, y eso le parecía genial, bueno lo de emborracharse le gustó más cuando sucedía que al día siguiente, todo sea dicho. Pero había algo que todavía no había podido de dejar de dar vueltas, había perdido la perla de su padre, su madre le iba a matar, y tenía sus motivos, él también estaba muy enfadado consigo mismo por perderla, era idiota, había perdido la perla que representaba a su diosa, esa que Jak le enseñaba cuando era todavía demasiado pequeño como para entender y le prometía que llegado el momento se la daría para que le diera suerte, había perdido la perla de su padre, la última cosa que le quedaba de él, tenía ganas de golpear algo, de gritar, de llorar.

Estos pensamientos se fueron haciendo cada vez más fuertes cuanto más se acercaban a Puerto Negro.

Su madre tardó un par de días en preguntarle qué había pasado con la perla y Sylek sin poder aguantarse más se lo contó, Yera le gritó, mucho, pero el chico aguantó los gritos, lo peor fue cuando guardó silencio, a Sylek se le llenaron los ojos de lágrimas y Yera no pudo más que abrazarle, los dos lloraron en silencio, pero ya no lloraban solo por la perla.

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Hacía ya un par de meses que Miri había empezado a trabajar para Sarima, la habían pillado colándose un día en la cocina, bueno a lo mejor había sido más de un día, pero Miri había seguido intentando entrar, en parte porque cuando la pillaban el hombre de la taberna le acababa dando un plato de comida caliente y en parte porque para Miri era casi un juego, un pilla-pilla personal entre ella y el tabernero, colarse en sitios le solía resultar medianamente fácil, pero aquí era imposible que no la cazaran, ese hombre tenía ojos en la nuca u oído de tabaxi y siempre la descubría.

Pasó al rededor de un mes cuando Dariman y Sarima la ofrecieron un pequeño cuarto donde poder descansar, ella terminó aceptándolo, pero solo porque le viene bien para sus negocios, con los recado de Sarima gana dinero y puede dormir a cubierto, para nada se queda por el delicioso olor que siempre parece flotar en el ambiente y que Miri ya llama en su cabeza "el olor a casa", para nada es por cómo nota el cariño de Sarima cuando la revuelve el pelo al pasar por su lado o cómo ve el amor en los ojos de Dariman cuando le prepara su plato favorito, para nada es por la felicidad y la seguridad que le produce tener todo aquello por primera vez. Claramente Miri está aquí solo por negocios.

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Todo está en completo silencio excepto por el sonido de la tetera proviniente de la cocina y los pasos enérgicos de mi abuela. Miro a mí al rededor como buscando, este salón está mal, el número de sillas al rededor de la mesa está mal, este silencio está mal, es como si hubiésemos entrado en un universo paralelo muy parecido al nuestro, pero tremendamente incorrecto, tendría que haber guirnaldas, gritos y dulces e incluso una botella de saque que mi abuela nos ofrezca de contrabando, sin embargo hay silencio a nuestro al rededor, pero ese silencio se limita a la casa porque en mi cabeza no lo hay, en mi cabeza ahora solo se repiten varias frases que dijimos "tenemos que organizar el viaje que haremos cuando ganemos" "cuando ganemos iremos primero a casa de tu abuela y nos luego nos la llevaremos a las Maldivas", miro a Tae, la veo borrosa por las lágrimas que se acumulan en mis ojos y aprieto los dientes con fuerza, sé que ella entiende lo que estoy pensando solo con esa mirada, así que se levanta para sentarse a mi lado y me rodea con su cuerpo, me deja llorar en su hombro como tantas otras veces, doy gracias de tenerla conmigo.

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Estaba muy cansada, al menos mentalmente cansada, la mañana había sido relativamente tranquila, había ido a comprar, había tejido un par de mantas nuevas con una lana especialmente calentita que no picaba para nada y estaba bastante contenta con el progreso, pero luego llegó la tarde, habían quedado después de comer en casa de Copelia para celebrar la reunión y para su desgracia había sido una de esas en las que se metían en una discusión cíclica en la que Sol miraba con exasperación a todos lados mientras Silvana intentaba calmar a Copelia que defendía su argumento con demasiada pasión, incluso le daba algún que otro golpe a la mesa que hacía bailar las tazas, en días como aquel Hoja salía de las reuniones con los nervios de punta y la cabeza como un bombo y todo para no haber sacado nada en claro, sentía como que su objetivo se difuminaba.

Tras una rápida visita a casa a por sus materiales salió del pueblo casi arrastrando los pies hasta su árbol favorito, se sienta notando la corteza rugosa en su espalda y comienza a sacar poco a poco todo lo que necesita para rezar, cierra los ojos y respira profundamente aspirando el suave olor del incienso que después se transforma en olor a pergaminos y leña, la calmada presencia de En'Kil hace que su cansancio se aligere, ella confía en él, si la ha guiado hasta aquí es porque es aquí donde debe estar.

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La comodidad es algo que Dee había experimentado muchas veces, a fin de cuentas en el plano de los dioses todo es perfecto, las camas tienen la dureza perfecta que se ajusta según quién se duerma en ellas, sus sábanas siempre cálidas en invierno y frescas en verano y las almohadas más suaves que cualquier mortal pudiera imaginar. Pero Dee no echa nada de eso de menos porque para ella nada es comparable a verse rodeada del pelaje de su mujer mientras duermen abrazadas, respira hondo el olor de su esposa que siemrpe desprende un aroma a bosque y a hogar, se gira para darla un beso, Oppa se lo devuelve con una sonrisa, aún medio dormida.

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Herry y Enea tenían que hacer ronda por el barco esta noche, ya habían dejado todas las tareas hechas y estaban los dos sentados en el puesto de guardia cada uno mirando hacia un lado.
-Enea.
-¿Mmmh?
-Me aburro.
-Ya, yo también.
El silencio se hizo entre los dos, era un silencio cómodo, Enea fue quién volvió a hablar primero.
-¿Jugamos a algo?
-Venga vale, qué tal al veo veo?
-Nah, es un rollo, siempre vemos las mismas cosas en mar abierto. ¿Qué tal a decir lo primero que se nos pase por la cabeza con una palabra, por ejemplo si tú me dices barco yo te digo mar.
-Vale, yo empiezo- decide Herry.- Barco.
-Vaya muy original, puerto.
-Gaviota.
-Ave.
-Yo.- contesta Herry soltando una risita.
-Me gustas.
-Eso son dos... Oh, yo... Tú... Tú también me gustas.

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-No digas sandeces, Irire, eso es absurdo.
-Que sí, que te lo digo yo, que desde un has vuelto te mira con otros ojos.
-Yo en sus ojos le veo la tontería de siempre.
-Nah, es que cuando está contigo se vuelve todavía más tonto, tú fíate de mi instinto, que tú para estas cosas...

En ese momento Froy entra apresuradamente en el cuartel y se encuentra con los dos amigos que iban a salir por la puerta.

-Ah, hola Terry.- dice Froy dando un respingo al verlo y le dedica una sonrisa enorme.

Terry le devuelve el saludo y cuando sus caminos se separan mira a Irire con la cara más roja que el uniforme y con una ligera nota de pánico, Irire le da un codazo.

-¿Te has dado cuenta ya de que le gustas?

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Ya ni sabe cuántas veces le ha pasado, pero demasiadas para contarlas, va caminando de una clase a otra y parece que la ve con el rabillo del ojo, cuando entra en la sala del club le parece por un segundo encontrarla sentada en su silla balanceándose o cerca de los equipos que ahora acumulan polvo en un rincón, alguna que otra vez le ha parecido ver a Kane paseando al lado de Anzu, pero obviamente cuando se fija nunca está ahí. Su cerebro sabe que no está pero no consigue hacer que sus ojos dejen de buscarla y de momentáneamente encontrarla y cada vez que le ocurre, ese milisegundo de duda se le clava dentro.

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Hoy es un día importante para Oppa, ella y muchos de sus amigos celebran que este año cumplen la mayoría de edad, y una ocasión tan importante merece una celebración a la altura.
Como marca la tradición Oppa ha dedicado la mañana a recoger diferentes tipos de flores que ahora se está trenzando en el pelo, cada flor tiene un significado diferente, algunas simbolizan la busqueda de un futuro feliz, otras para atraer a la buena ventura, pero la que prevalece es la flor de su diosa, que destaca en su pelaje con su color rosa.
-¿Te puedo poner alguna yo?- pregunta su hermano asomándose por la puerta.
-Claro, pequeñajo.- Oppa coge al niño, que todavía es bajito para su edad, y lo sienta en la cómoda que tiene delante de ella para que le trence el flequillo, la tranza queda un poco desecha pero la intentan compensar poniendo más flores.
-Ya está.- dice el joven minitauro con cara de orgullo.
-Es la mejor de todas las que tengo.- Dice Oppa pasando los dedos con cariño sobre ella, le planta un beso en la mejilla y el chiquillo, tras un abrazo rápido, salta de la cómoda y sale corriendo de la habitación dando saltos.

Poco a poco todo el pueblo se va reuniendo alrededor de una enorme hoguera que han colocado en el centro del pueblo, la música cubre el claro y la comida y bebida fluye, Oppa se deja llevar, toca, canta y baila con todo el mundo y sobre todo ríe hasta que le duele.
Cuando cae la noche el resto del pueblo se retira y dejan en el centro solo a los verdaderos protagonistas del evento, las canciones populares paran y el silencio se hace en el claro, en una coordinación perfecta Oppa empieza a ejecutar el baile que tantas veces han practicado el último mes, sus brazos se van entrelazando con los de sus compañeros y marcan el ritmo con las pezuñas golpeando el suelo, van ganando cada vez más velocidad, hacen tanto ruido que Oppa lo siente dentro del pecho como si entre todos marcasen el ritmo de sus corazones, como si todos tuvieran un único corazón.

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Nota el aire vibrar al ser cortado múltiples veces a su izquierda por encima de su cabeza, ve las flechas con el rabillo del ojo, sabe que detrás suya está su mujer, pero Dee se gira por instinto, ve a su esposa está sujetando el escudo delante de ella, brilla con un fulgor rosa y la mira con una media sonrisilla, pero Dee no encuentra las flechas, no las ha escuchado rebotar contra el escudo, ni están clavadas en el suelo, la luz rosa que baña a Oppa parpadea y desaparece, Oppa cae de rodillas y al hacerlo es escudo baja, Dee ve cuatro saetas apenas asomar del pecho de la minotaura, ahora cubierta de rojo.
Recorta el espacio que las separa y le pone las manos en el pecho, consigue reducir algo sus heridas, pero Dee sabe que solo lo está retrasando, Oppa la sigue sonriendo le limpia una lágrima con una pata temblorosa, su mirada está seca, en paz, como si la estuviera mirando nada más despertar, la ira la inunda.
-OPPAOPPAOPPAOPPAOPPA- Dee no está segura de si lo está pensando o lo está chillando, pero no importa, la diosa estalla, es pura luz rosa, los árboles se agitan a su alrededor por un viento inexistente, incluso sus aliados se alejan de ella asustados por ella.
La hierba comienza a crecer junto con enormes zarzas con sus flores rosas, las espinas destrozan a cada enemigo desgarrando carne a su paso, las raíces salen de la tierra y atrapan a los soldados del imperio ahogándolos, reduciendo sus huesos a simple polvo y Dee está en medio de todo levitando a varios metros del suelo, cuando ya no queda ni un enemigo vivo Dee desciende y vuelve con su mujer que sigue tendida en el suelo, ya apenas respira.
-Lo siento tanto, mi amor.- dice la diosa con voz quebrada depositando un beso en los labios de su mujer que se están empezando a poner fríos.
Las flores de Di'Nael crecen, esta vez sin una espina, y rodean a Oppa. Dee cae aún consciente pero agotada al suelo.

 

Oppa abre los ojos tomando aire a bocanadas y llevándose las manos al pecho, mira a su alrededor, lo siente extraño, como si el bosque que está a su alrededor estuviera y a la vez no, cuatro pares de ojos la miran desde arriba, es Nae'Sin es la primera en acercarse, le tiende la mano, Oppa la toma pero no tira de ella para levantarse, se siente fuerte.
-¿Qué ha pasado? ¿Me he muerto?
-No, ma' bien Di'Naeh te ha ascendío.- Fey'Ael hace un gesto hacia los cuernos de Oppa, ella se lleva las manos hacia ellos y nota una corona de flores rosas.
-¿Cómo que me ha ascendido?
-Os ha cambiado, ahora ella es la mortal y tú ocuparás su puesto con nosotras.- explica En'Kil
-Ya eras famili, Europa, pero antes de darte la bienvenida al pentagrama como la ocasión merece supongo que querrás bajar a reencontrarte con tu mujer.
-Sí, por favor.
Y Nae chasca los dedos y Oppa aparece al lado de Dee que sigue exactamente dónde estaba, Oppa la envuelve con sus brazos y pasan así varios minutos, en silencio.
-¿Pero cómo se te ocurre?- mustia Oppa.
-Porque vivir sin ti no es vida.

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Il-Ira sale de la habitación de puntillas y se para en el pasillo para asegurarse de que Lyrial sigue durmiendo, sin embargo escucha un cacharreo en la cocina y susurros airados, Il-Ira sonríe y se dirige hacia allí para encontrar a Lyrial dándose la vuelta con una bandeja con tortitas y mermelada, la elfa da un salto cuando la ve mirándola desde el quicio de la puerta.
-Buenos días, Lyrial.
-Ay nooo, que tenía que ser una sorpresa de aniversario.
-Bueno, sigue siendo sorprendente encontrarte rebozada en harina.
-Ya que estás aquí siéntate que se enfrían las tortitas.
Il-Ira hace caso a su novia y se sientan la una junto a la otra en la mesa de la cocina, Lyrial la mira con los ojos brillantes mientras la draconida prueba su desayuno. A Il-Ira le cuesta un poco mantener la sonrisa mientras se lo traga.
-¿Están buenas?
-Tienen un toque crujiente original.
-Puede ser que se me haya tenido un problemilla con los huevos.
-No te preocupes, te propongo una cosa, te quitas toda la masa de encima en un momento y hacemos una nueva las dos juntas, que hechas con el doble de amor seguro que salen todavia más ricas si cabe.
-Vale, vuelvo en un minuto.
-Espera, Lyrial.
-¿Qué?
-¿Te puedo dar un beso?- sin contestar la elfa se acerca y la besa, cuando se separan le quita un poco de harina y masa de la nariz y se la pone encima del hocico.
-Esto le da el toque.-Lyrial se ríe y se marcha a lavarse.
Una vez ya más o menos limpias vuelven a empezar a hacer las tortitas esta vez juntas, las risas y las caricias llenan la pequeña cocina.
Después de desayunar se acurrucan en el sofá, Lyrial apoya la cabeza en el pecho de su novia mientras ella le acaricia el pelo con ternura.
-Tengo una cosa que darte.- susurra Il-Ira
-Yo también.- dice incorporándose rápidamente.
-¿Lo hacemos a la vez?
-Claro.
Al abrir los ojos Il-Ira está mirando una caja exactamente igual a la que le ha entregado a Lyrial.
-A la de tres.- dice la elfa.
-Una.
-Dos.
-Y tres.
Il-Ira abre emocionada la cajita, en su interior se encuentra una cadena de la que cuelga una piedra de azul traslucido en forma de escama, lo coge entre sus dedos con cuidado.
Lyrial por su parte tiene otro colgante, el suyo es una gota de agua de color dorado muy brillante, la elfa da un par de botes en el sofá.

-La he hecho yo, es una piedra que encontré en el mar y la he pulido yo misma con agua, es para sustituir a la que me regalaste.- contesta Lyrial dejando de mirar su propio regalo para ver la cara de felicidad de Il-Ira.
-Es perfecta, cariño. Hemos tenido una idea parecida entonces- contesta la draconida con una sonrisilla enamorada.- La Gota de agua está hecha apartir de mis escamas, al parecer no es fácil de trabajar.
-Me encanta, la pondré justo al lado de la otra.- responde.
Se ponen el collar la una a la otra y se prometen, con los ojos brillantes, tanto mutuamente como a ellas mismas no quitárselo nunca.

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Estoy paseando por Star Kingdom cuando una notificación me llega.
Twisted Tiger te está invitando a la sala de Entrenamiento de 3pletigers [Sí] [No]
Me extraña, todavía no es la hora de entrenar, pero hay algunos días que se vuelve muy impaciente, así que acepto. En un segundo aparezco en la sala de entrenamiento, pero en lugar de los tatamis y muñecos de entrenamiento me encuentro un enorme escenario, Kimi, Efaun y Silver están delante, miro a Twisted alzando mucho las cejas y camino hacia ellas, Twisted está subida encima del escenario con un micro entre las patas, sonríe al verme y mira hacia atrás un segundo, las luces de fiesta iluminan la sala de mil colores y batería, coro y guitarra comienzan a sonar a todo volumen.
-No me digas que me quieres, porque creo que me empiezo a transformar...
Abro muchísimo los ojos y miro a todos lados como buscando ayuda, Miki sonríe de oreja a oreja y hace playback con los labios, Mori me mira a mí, en su máscara hay un corazoncito rojo latiendo, a Kaiba es difícil leerla, pero mueve un pie al son de la música, intento desconectarme, pero me.es imposible, me giro e intento caminar hacia lo que sería la puerta, pero Kimi engarza uno de sus brazos con el mío y con una vuelta me vuelve a colocar de frente al escenario, mientras tanto Twisted no ha dejado de cantar
-Y es que cuando estoy cerca de ti de despierta el tigre que hay en mí y es que estoy colado estoy colado más coladooooo que el Colacao...- en ese momento me guiña un ojo y noto como me pongo roja, cruzo un par de brazos y con los otros me tapo un poco la cara, pero no puedo despegar la vista de la chica que intercala pasos de baile de dudosa calidad, cuando llega a la parte en la que dice "y la ropa me sienta mucho mejor" Twisted chasca los dedos y le aparece la camisa con estampado de tigre que le regalé, si antes estaba roja ahora creo que voy a explotar.
Poco antes de terminar la canción Twisted salta con un movimiento fluido del escenario y para cuándo acaba se ha deslizado de rodillas hacia a mí.
-Umoth, me gustas mucho ¿Quieres ser mi novia?- me dice con la voz algo falta de aire.
-Pero... Pero... Eres muy tonta Twisted Tiger.- digo sin poder evitar que la risa se cuele en mi voz.
-¿Eso es un sí?
-Claro que sí.