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Destiempo

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La magia chisporrotea a su espalda, el portal cerrándose, y da igual cuantas veces los haya cruzado, da igual que esté acostumbrado, siente su tripa revolverse. ¿Por el viaje o por nervios? Tiene que ser por el viaje, está seguro. No está nervioso, para nada, no, que va. Solo está a punto de reunirse con su hermana.

Su hermana a la que no ve de hace tanto que ni lo sabría decir. Su hermana cuya imagen en su mente no debe parecerse nada a cómo será ahora, pero que está seguro podrá reconocer al instante. Su hermana, a quien buscó hasta que los días se hicieron meses y los meses, años. Su hermana, Dalharil, su única hermana.

Sus ojos, con pesados círculos negros que se niegan a abandonarlos desde hace tiempo y ya no sabe si su causa es el cansancio o la edad, estudian el lugar dónde ha aparecido. Una ciudad costera, puede oler el salitre y por un momento le recuerda a Puerto Negro. Debería visitar a Lericel, ¿cuándo fue la última vez que lo hizo? Ha estado muy ocupado investigando como para tener claro cuánto tiempo ha pasado…

Camina por las calles, tratando de encontrar a alguien, él ya sabe qué tipo de alguien. Su tipo de alguien. Alguien a quien pedir información, porque la tiene y porque está dispuesto a venderla; alguien a quien amenazar si hace falta. En su línea de trabajo ha conocido a mucha gente así, sabe identificarles con solo una mirada. Pero… parece no estar pasando tan desapercibido como esperaba.

La gente vuelve la cara a su paso, algo extraño pues no deberían conocerle, no deberían tenerle miedo aún. Algunos incluso salen corriendo y escucha a un par llamar a guardias a gritos. “Buena suerte.” Piensa con una risa seca y-oh

Ya se acuerda. La última vez que había ido a Triffa a ver a Lericel había sido por el aniversario de la muerte de Remiel. Su hermanito está bien, en general, pero alrededor de esas fechas se sigue poniendo melancólico. Pero… de eso hacía más de un año ya, ¿no? Oh, mierda, se le ha olvidado ir este. “Bueno, no pasa nada.” Se convence a sí mismo. “Porque ahora cuando la encuentre y volvamos a nuestro plano puedo llevármela a Puerto Negro y que Leri la conozca también y se alegrará y todo estará bien.”

Todo estará bien. No hay otra solución posible después de todo lo que ha hecho, todo lo que ha sacrificado, todo lo que ha perdido. Merecerá la pena porque todo estará bien cuando la encuentre y la pueda llevar a casa. Cuando vuelva a sentir su mano en la suya, cuando vuelva a revolverle esa mata rizada de pelo, cuando vuelva a verla sonreír.

Llegan unos guardias, no le es difícil despacharlos. No tiene ningún interés en ese plano, así que le da igual lo que piensen de él, le da igual que le vean. No va a volver nunca. Así que aprovecha la conmoción y que nadie se atreve a acercarse a la persona que acaba de matar a sangre fría a cuatro guardias sin casi moverse. Levanta la mano, trazando patrones arcanos de su propia invención, un hechizo que ha creado él, con su ingenio y su necesidad. Y antes de lanzarlo se lleva la mano al collar, acariciando la medialuna que descansa sobre su pecho, y se pincha el dedo con una punta.

Glifos brillan a su alrededor, activando la magia. La gota de sangre que brota de la herida recientemente abierta flota en el aire, entre los símbolos y, durante un segundo, estos cambian su color a rojo.

Está en el plano correcto, o eso parece indicar el hechizo. Su hermana debería estar… ¿medio quilómetro al oeste? Si hubiera sabido que estaba tan cerca no hubiera usado ese hechizo, podría haberla localizado y ya, ¡pero son muy buenas noticias!

Echa a correr, la magia desvaneciéndose conforme deja de pensar en ella. Atraviesa calles, esquiva a gente, sus pies moviéndose a una velocidad a la que no se han movido en toda su vida. La adrenalina se apodera de su sangre y le da esa fuerza, esa voluntad que le ha estado manteniendo cuerdo todo este tiempo. Conforme más cerca está no puede evitar pensar en Dahlia. “Cómo desearía que tu hermana pudiera estar aquí.” Son las palabras que cruzan su mente y el dolor que sacude su corazón.

No sabe dónde está, siempre se le dio bien esconderse (“En eso se parecen.” Dice una voz con sorna en su interior). Y no fue diferente cuando, con Nemerith teniendo apenas dos años, le dio el ultimátum. Y él eligió a Dalharil, eligió a su hermana. Así pues, vio por última vez a Dahlia yéndose, caminando sin girarse a verle, con su hijo en brazos.

Y qué bien cubrió sus pasos…

Pero da igual, porque ahora va a encontrar a su hermana. Y cuando Dalharil vuelva podrán buscar a Dahlia juntos. ¡Y serán una familia! Bueno, puede que Dahlia ya no esté, ¡pero podrán buscar a Nemerith!

Con eso en mente y tratando de evitar las lágrimas que amenazan con salir, Riddle se da cuenta de que sus pasos le han llevado a las afueras del pueblo, frente a un acantilado que da al mar. El sol se oculta por el horizonte, tiñendo el agua y el cielo de tonos naranjas y rojos. Y el drow mira alrededor, buscando a su hermana que, sin duda, estará contemplando el paisaje.

Pero la única cosa en la que pueden fijarse sus ojos es una piedra, una losa blanca que descansa sobre el césped, algunas flores salvajes creciendo a su alrededor.

“AQUÍ DESANSA DALHARIL, HEROÍNA DE PUNTA ARENA”

Hay más palabras debajo, pero no las llega a leer. No. Aún está procesando.

La lápida muestra un grabado en el que se ve a una mujer de orejas ligeramente picudas sonriendo. Su pelo es una mata rizada y muy voluminosa, su cara está cubierta de cicatrices. Y en su cuello, justo donde se pierde el grabado, descansa un collar adornado por un colgante en forma de medialuna.

No puede ser. No puede haber llegado tarde. Todo lo que ha sacrificado no puede haber sido en vano. Riddle siente sus lágrimas, calientes, contra mejillas heladas por la brisa marina.

La noche se asienta sobre Punta Arena y un drow llora en el acantilado junto a la tumba de una de sus heroínas.