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Shingeki no Kyojin - argentinian AU

Summary:

Un AU de Shingeki no Kyojin que transcurre en Argentina una semana antes del 25 de Mayo, donde Erwin Smith es el profesor de historia del curso 104 del colegio Paradis, y Levi Ackerman es el preceptor.

Notes:

Primero que nada, quiero dejar en claro que esto es un ¡borrador! que probablemente nunca termine de corregir.

Segundo, acá hay mucho, demasiado modismo argentino (obviamente, ¿no?). 🇦🇷

Ahora sí, un poquito de la historia de esta falopa: mis amigas y yo tenemos un grupo en whatsapp donde mayormente hablamos de shingeki (y sí), hasta que el 25 de mayo colectivamente dijimos “¿qué harían los de shingeki en un acto patrio?” y hubo tantas buenas ideas que eso terminó conmigo recopilando todas las que pude y escribiendo un one-shot (las primeras mil palabras de esto), que llevó a otros cuatro o cinco capítulos en un mismo día.
La cosa es que desde ese día no dejo de escribir cosas raras de los personajes de snk en una realidad argenta.

Con un poco de contexto de por qué existe esto, sólo me queda decir que está mal escrito, seguro tiene faltas de ortografía y gramática, no lleva guiones y lleva comillas porque es menos complicado, no es NADA serio y la trama es: Argentina.

El punto de esto entonces era reírnos con mis amigas mientras los headcanons siguen lloviendo hasta el día de hoy, pero me insistieron (casi amenazándome <3) con que lo haga público.

Así que las ideas de este Universo Alternativo no son solo mías, y les quiero decir gracias por eso y darles el crédito que merecen por esto (Abril, Lalis, Em, Mili, Solci, Marsi, Lola, Coni).

No esperen nada serio ni bien escrito, el género de esto es comedia argenta y la ¿trama? sabrá dios.

(La clasificación (rating) de esto es porque en algunos capítulos hay porno explícito, pero para eso falta mucho).

Chapter Text

 

   El profesor de historia ya había pasado lista y escrito la actividad de la semana en el pizarrón en tiza blanca. Estaba sentado en su escritorio y el termo de agua caliente sobre la madera; con una lapicera negra en su mano derecha mientras corregía tareas de los alumnos que todavía estaban organizándose en sus bancos.

 

“¡Profe! Mire, el otro día hice un cursito y le hice esto”. Historia le alcanzó algo al escritorio frente al suyo.

 

”¡No me digas! ¿Crochet? ¡Qué lindo!” Erwin la felicitó mientras agarraba el tejido con entusiasmo.

 

”Sí, vi que usted tiene el termo con una funda de crochet, ¡así que pensé en regalarle una!”

 

“¿Es para mí? Qué considerada, Reiss. Le prometo que la voy a usar”. Erwin ya guardaba el tejido en el bolso, cuando…

 

“¡Úsela ahora, profe!” Ymir, sentada junto a Historia (no precisamente porque fuera sobresaliente en las materias), alentó al profesor Smith. “Historia seguro estuvo hasta tarde haciéndola, ¿no, Hisu?” Ymir abrazó a Historia por los hombros con una sonrisa, haciéndola ponerse roja como un tomate.

 

“Pff, eso seguro, casi me mete en ese curso a mí también”. Connie comentó desde su banco.

 

“Che, pela, no te metas con el arte del crochet”. Jean defendió desde su banco atrás de Connie y Sasha junto a Marco; porque claramente, Jean había hecho el curso de crochet.

 

“Callense, tarados, estamos hablando del profe”. Sasha les susurró fuerte a los dos, comiéndose un bizcochito don satur.

 

   Erwin no podía llamarle la atención por eso, la señorita Blouse era aplicada en la materia, para sorpresa de los demás profesores. Y eso era suficiente para perdonarle los bizcochitos que de vez en cuando él le robaba cuando pasaba junto a su banco.

 

“Entonces, profe, ¿posta va a usar esa cosa?” Eren preguntó desde el último banco junto a Mikasa, no muy emocionado por la situación, pero aparentemente le divertía molestar a Historia. Mikasa dio vuelta los ojos como si eso le causara algún tipo de molestia, mientras seguía dibujando en el margen de una hoja. Armin, sentado adelante de ellos, solo la miró y suspiró.

 

“Sí, sí, obvio, aunque ya tengo una funda”.

 

“Cambiela, profe, esa la tiene hace como dos años”. Ymir insistió, no tan a broma, ¿cómo no iba a usar la funda de crochet de Historia?

 

“¡Sí, profe! Además esta tiene los colores de la bandera y le viene joya para el acto del 25”. Jean apoyó, sintiendo el amor por el arte del crochet.

 

   Erwin no tuvo más remedio que hacerle caso a sus alumnos. Guardó la funda vieja en su bolso, acariciándola con sus pulgares y, sin querer, mirándola más del tiempo necesario.

 

“Esa funda se la regaló alguien, ¿no, profe?” Reiner preguntó desde un banco junto a una de las paredes del aula. Bertolt, a su lado, se estaba tomando un juguito Baggio porque no había llegado a desayunar.

 

Eeeh, Reiner, eso es tema del profe... pero se la regalaron, ¿no?” Connie insistió, incapaz de contener la curiosidad, mientras agarraba un bizcochito y miraba al profesor.

 

   Erwin se rió, o eran así de inteligentes, o él fue demasiado obvio. Y no dudaba de ninguna de las dos opciones. “La verdad es que sí, es un regalo de mi pareja”.

 

“¿Su novio hace crochet? ¡Qué copado!”

 

“¡Callate, boluda!” le dijo Jean a Sasha, pegándole en la cabeza.

 

“No, no pasa nada. Ya me han escuchado hablarles de mi pareja varias veces, supuse que ya se habían dado cuenta”. Erwin se sintió de repente un poco muy expuesto, mientras se reía bajito y pensaba en el anillo de matrimonio que llevaba en su dedo.

 

“No se preocupe, profe, nosotros lo re bancamos, y al que no, lo esperamos afuera a la salida”. El chiste de Reiner hizo que la mayoría se sorprenda y se ría.

 

“Pero... entonces el prece—”.

 

“¡Cerrá el orto, Sasha!” Connie y Jean susurraron bastante fuerte, Marco se reía.

 

   Erwin se rió entre dientes, mientras ponía la funda que Historia le regaló en su termo.

 

   Erwin estaba al tanto de que algunos de sus alumnos, por no decir todos, sospechaban de que él y el preceptor del curso tenían algo. Qué escándalo se armó en la sala de profesores cuando le hizo el comentario a Hange y sus demás compañeros. Obvio, la profesora Zoë no paró de hacer chistes cada vez que se cruzaba con el profe Smith, o el preceptor del curso 104.

 

No dice que no, encima...” Marco escribió en un papelito que le mostró a Jean, y se rieron los dos. Marco era secretamente uno de los primeros en apoyar la teoría de Sasha, claro, en secreto.

 

Tremendo cornudo el novio del profe”. Le respondió, y se pusieron a hacer la tarea.

 

   Erwin se abstenía de darles más contenido del ship a los adolescentes, como una vez Armin se molestó en explicarle, después de que él le preguntó a Arlert por pura curiosidad. Por esa razón, nunca les decía que sí, aunque tampoco lo negaba.

 

   Entonces todos pensaron que el profe de historia le era infiel a su pareja, con el preceptor. La situación le causaba más diversión que molestia, aunque el único que parecía no encontrar el chiste en todo eso, era su pareja. Erwin se ganaba su mirada fingida de odio y desprecio cada vez que escuchaba sobre el rumor entre él y el preceptor del colegio.

 

   Le agradeció de nuevo a Historia Reiss por la funda de crochet, y dejó el termo con poncho nuevo sobre el escritorio.

   La clase estaba normalmente ordenada y todos trabajaban en la guía de actividades de la semana: las preguntas tenían que venir terminadas para la clase del lunes siguiente. Erwin disfrutaba su trabajo, y amaba ser profesor, sobretodo del curso 104, donde todos parecían llevarse bien, a pesar de las típicas discusiones que un conjunto de adolescentes de último año podría tener al pasar cuatro horas diarias en un mismo salón, cinco días a la semana. Sin contar los contraturnos de educación física del profe Mike, y la hora extra de Jaeger de filosofía, un profesor joven de veintipico, no muy del agrado de su amigo Mike. “Es un hippie fumanchero”, le había dicho Mike, a lo que Erwin le dijo que no tenía que prejuzgar a las personas, aunque no le cayeran bien.

 

   Había pasado media hora de clase, y la puerta del aula se abrió sin anuncio. Obviamente, el preceptor.

 

“¡Buenos días, prece!” Sasha lo saludó a pesar de sentir vergüenza, era parte de su plan para averiguar más sobre el amorío entre el profesor y el preceptor.

 

“Ah, buenos días, mocosos”.

 

   Ningún alumno se tomaba sus insultos realmente en serio, y era una suerte. De alguna manera, los chicos hasta habían llegado a caerle bien. A duras penas. Cuando no gritaban. O puteaban. O llegaban tarde a clase. O no ensuciaban el patio... podría hacer una lista de diez páginas sobre las cosas que odiaba de los adolescentes. Aún así, no renunciaba al trabajo.

 

“Te veo muy de buen humor como todos los lunes; ¿no, Levi?”

 

Preceptor para vos, Erwin”.

 

“No es justo, preceptor, usted tampoco se dirige a mí como profesor Smith”.

 

   Sasha tomaba nota de la conversación en las últimas hojas de la carpeta con evidente emoción, y Connie la miró, suspirando y se tapó la cara con la mano, ensuciándose con el azúcar quemada de un bizcochito. Vio que Levi miraba al profesor con el entrecejo fruncido, casi fastidiado, hasta que su atención se desvió a otra cosa.

 

“¿Qué haces comiendo en clase, pibe?” Levi casi mata a Connie con los ojos.

 

Ay, preceptor, es de antes de entrar a clase, ¡en serio!” Los demás se rieron, intentando ordenar disimuladamente antes de que al preceptor Levi se le ocurriera hacer inspección de bancos.

 

“¿Te pensás que soy boludo?”

 

“Dejalo, Levi, es buen alumno”. Erwin seguía corrigiendo las hojas en su escritorio.

 

Pff, sí, seguro”. Levi rodó los ojos y le robó una lapicera a Erwin. “Bueno, a ver, presten atención que tomo lista”.

 

   La risa en el aula murió al segundo y todos se quedaron callados, sin querer llevarse una sanción un lunes.

 

“A vos Mikasa ya te vi. ¿Arlert?” empezó, ignorando a su sobrina en el fondo del aula.

 

“Presente”.

 

“Blouse”.

 

“¡Presente, capitán!”

 

“¿Hasta cuándo vas a seguir con esa joda?” Levi la miró con una mirada casi asesina, pero sabía que matar chicos no era legal. Capaz en otro país...

 

“Pero no es ninguna joda, Levi, los chicos tenían que aprender sobre la colimba y a vos se te escapó el dato de que llegaste a ser capitán”. Erwin sonreía como si se estuviera divirtiendo por algo, y la verdad es que lo hacía.

 

“¿De qué te reís? Si todavía fuera capitán estaría ganando más que laburando acá”. Levi sonó más malhumorado que de costumbre, y Erwin se rió por lo bajo mientras volvía a su trabajo.

 

   Levi siguió pasando lista, no sin antes amenazar a Sasha con ponerle amonestaciones si volvía a decirle así; claro que eso nunca pasaba, ni una ni la otra. Levi solo disfrutaba poniéndole amonestaciones a Eren, y tampoco quería castigar mucho a los chicos.

 

“Bueno, listo, increíblemente están todos. Me voy yendo, entonces”. Levi reorganizó la lista y se guardó la lapicera de Erwin en el bolsillo del pantalón, caminando a la puerta. “Erwin, en un rato te traigo el café—”.

 

   Recién en ese momento, Levi vio el termo sobre el escritorio.

 

“¿Y esa mierda?” Todos tuvieron que aguantar la risa, incluso Historia, que ya se esperaba el comentario del preceptor.

 

“¿Mi termo? Ah, la fundita. Me la regaló Reiss, está re linda, ¿viste? Muy patriota”. Erwin la admiró mientras giraba el termo en la mano.

 

“Sos un ridículo, usando funditas de crochet en el termo. Ya estás viejo para eso, ¿no te parece?”

 

“¿Entonces tampoco te gustaba la otra funda? Si esa me la dio mi pareja...”

 

“Esa también era una mierda, seguro se la sacaste de algún cajón que tenía un cartel que decía si tocas esto te rompo las piernas”.

 

   Erwin soltó una carcajada. “Puede ser, aunque después no le dio mucha bola, y me parece que cuando vea el termo con otra funda se va a ofender y todo, ya me espero la cagada a pedos cuando llegue a casa”.

 

“No te cansás de ser un exagerado…” Levi se dio vuelta para abrir la puerta.

 

   Ahí estaba: otro de esos momentos donde el profesor de historia y el preceptor hablaban como si no hubiera nadie más con ellos, tratándose casi con domesticidad, y los que pensaban cosas con respecto a ellos no podían tener realmente la culpa.

 

   Están re casados, pensó Sasha.

 

“Me vas a traer el café, ¿no?” Erwin le gritó con una sonrisa mientras Levi salía del aula.

 

“Sí, sí, seguro”. Levi respondió con sarcasmo, pero agarrando viaje a la cocina de la sala de profesores.

 

   Sasha, que hasta le había puesto nombre al ship, ya estaba escribiendo el fanfic en Wattpad.