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¿Qué es más importante?

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Si Seren intentase echar atrás para pensar en qué momento su vida había empezado a ser un desfile de fantasmas del pasado la verdad es que no tendría del todo claro cuándo decir. ¿Contaban solo los reales? Porque en ese caso había sido desde que se habían reunido con Livueta en Laviara. Puede que se hubiera presentado bajo otra cara, pero no le había hecho falta la confirmación por parte de Hoja para saber que esa mujer era miembro de El Sol Oculto.

Pero no, en verdad sentía como que era de antes. Puede que desde que se coló con Taliran en el almacén de Puerto del Norte. No, cuando se tuvo que hacer pasar por semidrow… No. La verdad es que para ser alguien que huía del pasado se le estaba dando de pena. ¿De qué le servía haber recuperado la lista si últimamente por cada paso que avanzaba parecía dar dos hacia atrás?

Recordaba a Riddle, su memoria medio borrosa por el alcohol, pero la sensación agridulce que tenía siempre que le veía. Recordaba el brillo vidrioso en sus ojos cuando dijo que la había perdido, que ella había desaparecido y no la podía encontrar. Recordaba cómo había intentado dar vueltas al asunto, marearla para no admitirlo. Recordaba la derrota en su voz, puede que incluso el miedo, la desesperación. Demasiado con lo que lidiar en el estado en el que estaba.

También estaba Della. Ugh, Della. Lo tendría que haber visto venir… o, por lo menos, eso se decía a sí misma. Iban a ir a una fiesta en la capital, por supuesto que su ex, miembro de la guardia y de una familia adinerada, iba a estar allí. Ya no solo por eso, también por la costumbre tan fea que parecía haber cogido su pasado de hacerle visitas exprés. Seren solo esperaba no haber vuelto a quedar como una estúpida, eso y que a Della le hubiese quedado claro por fin que no se estaba simplemente tomando un descanso, que lo suyo había acabado.

Hablando de acabar cosas… ¿Quién iba a decir que la magia no solo iba a abrir portales sino también viejas heridas? Esa puerta que cerró hace años, dos veces concretamente. La última de forma bastante… ¿violenta? No, realmente no había sido violenta con ella, nunca le había levantado la mano pese a tener motivos para ello. Pero había jurado matarla si volvía a verla, eso se podría clasificar como violento, ¿no? ¿Había alguna deidad del pasado? ¿Del destino? Porque si no Seren no se explicaba como era posible que Riddle la mencionase y a los dos días ella la viese a través de un portal.

Y ahora se encontraba frente al novio de otro de los hermanos, como si la vida misma quisiera burlarse de ella. Como si quisiera decirle que iba a tirarle hasta cosas que ni ella sabía que había en su pasado. ¿Desde cuándo el más pequeño de los Dalharuks estaba en una isla y tenía un novio verde? Eso debía haber pasado después de que ella se fuese, desde luego. No podía prepararse para cosas que no sabía. Y, por lo visto, otro de los Dalharuks se había enterado de lo de las piedras, ¡así que otra posibilidad de reencontrarse con el pasado! ¡Estupendo!

Para colmo, el pobre chaval, el semiorco, parecía no saber nada de todo el percal y Riddle estaba involucrado. Estaba involucrado de forma bastante turbia… para variar. Si es que Seren ya no sabía ni para qué intentaba hacer o decir nada, siempre la cagaba o porque asumía o porque no se daba cuenta de cosas o… mejor iba a dejarse caer al lado de Lyrial, sí. Eso la calmaría. Farfulló algo que pretendía sonar como una disculpa, pero pareció más una justificación. ¿Qué iba a saber ella que el grandullón no sabía lo de la familia cucú? Si conocía a Riddle y estaba saliendo con uno.

La elfa le acarició el pelo, tratando de consolarla. "Igual sabía otras cosas que tú no sabías, pero no eso." Su tono era calmado, como siempre que las animaba, y sus dedos trazaban patrones relajantes en el lateral rapado de su amiga.

Eso no alivió a Seren, cuya mente no dejaba de gritar que había metido la pata hasta el fondo y que, si Riddle se enteraba, no le iba a hacer nada de gracia. "Ya..."

Y lo peor no era haberle destapado el pastel a nadie, lo peor era haber tenido que decir su nombre al explicarlo. Era esa reacción involuntaria al mismo, cómo seguía poniéndosele la piel de gallina pese a que, por lo visto, no tenía ya motivos para ello. ¡Pero habían sido muchos años! Una costumbre no se iba así como así. Enterró más la cabeza en el hueco entre el hombro y el cuello de Lyrial.

La melódica voz de la druida siguió tratando de explicar su argumento. "Igual sabía su color favorito…”

Azul. El pensamiento cruzó la mente de Seren sin que lo pudiera parar, mandando a la vez una punzada de dolor a su corazón. El color del mar y del cielo en los días despejados, el color de su pelo… Y, aunque no lo supiese, el color que ella había buscado para armarse en una tienda de un pueblo en un plano muy lejano.

“…qué le gusta comer…”

Ah no, con la mierda de comida que les daban siempre era imposible saber eso, pero el vino. Ella disfrutaba de un buen vino, moviéndolo en la copa, dando sorbos pequeños para que durase más. Antes de verla sonreírle a ella, Seren la había visto sonriendo para sí misma tras un trago de vino del bueno.

“…cómo se siente cuando llega el atardecer…”


Hacía un poco de frío, los últimos rayos de luz de una tarde invernal no es que calentasen mucho y además la manta era bastante fina. Pero no pasaba nada, tenían el calor corporal mutuo para paliar la falta de un abrigo adecuado. La joven pareja que se había escaqueado a ver el atardecer estaba en silencio, simplemente disfrutando del paisaje.

Dalharil tenía la vista fija en el horizonte, en cómo la niebla permitía mirar directamente al sol poniente, en cómo los colores del cielo parecían cambiar en cuestión de segundos. Su gesto era firme, determinado, pero no había enfado en su ceño fruncido. Agarraba con fuerza la mano de su acompañante, de su pareja, de su Seren.

Ella la miraba, porque le daba igual el atardecer, de esos había uno cada día y sabía que podría ver miles una vez fuesen libres. ¿Pero Dalharil? Merecía la pena observarla a cada segundo, atesorar cada recuerdo con ella pese a que fuese a estar siempre a su lado. Se preguntaba qué pasaba por su cabeza, esa concentración, esa fuerza. Por el Cambiante, Seren solo podía pensar una cosa ahora mismo y era en lo mucho que la amaba.

“¿Te gusta?” Se atrevió a decir, tratando de disimular el nerviosismo en su voz. Suponía que sí, había sido idea de la semidrow salir a verlo.

Ella asintió, aún con los ojos clavados en cómo esos últimos rayos parecían no tener ninguna prisa en ocultarse. Se hizo el silencio entre ambas de nuevo. Seren esperó, paciente.

Cuando, finalmente, el último perezoso aliento de luz del día se atrevió a desaparecer, Dalharil se giró hacia ella y habló. Fue un susurro, si Seren no hubiera tenido toda su atención puesta en ella podría habérselo perdido. Pero habló para ella, murmurando para que quedase entre las dos, para que el único testigo fuese el aire frío de la ahora oscuridad.

“Caerá la noche.”


“… pero no sabía eso. ¿Al final qué te da más... qué es más importante?"

Sí. Lyrial tenía razón. Había cosas más importantes. Cosas como cierta melena blanca y rizada que reconocería en cualquier sitio y que había visto a través de uno de esos portales. Cosas como el vuelco que le había dado el corazón en ese momento y que aun no había tenido tiempo de gestionar. Cosas como la media luna que colgaba de un collar en su bolsillo y que, eventualmente, tendría que usar para avisarle de que la había visto. Cosas más importantes… sí.