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La luna y la mano negra.

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- Entonces... te estás muriendo.

Sendor miraba a Riddle apoyado en la mesa de su despacho, con los brazos cruzados, aunque más parecía que se estaba abrazando a si mismo más que esperando con solemnidad. Riddle, a su petición, estaba sentado en el sofá, mirándose la mano como si allí pudiera encontrar una respuesta.

- Así es.

- ¿Cuando? - preguntó el elfo sin mirarle.

- Aproximo quizá un año y medio o dos años más. 

Riddle cerró los dedos con fuerza.

- ¿Cuándo pretendías decírmelo?

- Hoy. - contestó Sendor, como si fuera lo más natural del mundo.

El semidrow soltó una risotada nerviosa hacia atrás, pasando la mano por su pelo. 

- ¡Ah, bueno! - rio - ¡Pues menos mal! 

- Riddle - suspiró él. - Yo no esperaba que esto se desarrollara hasta donde ha llegado.

Se levantó de un salto continuando su risa histérica. Empezó a dar vueltas alrededor del despacho, haciendo aspavientos con la mano. 

- ¡Oh! ¿Y cuando te diste cuenta? ¿En el polvo en tu escritorio o en el del callejón? ¿En cuál de todos ellos pensaste "Oh, igual debería contarle que me muero, no vaya a ser que me esté cogiendo cariño"?

Sendor lo seguía con la mirada mientras el otro paseaba por la habitación, murmurando para sí mismo. La expresión de su cara no paraba de variar, probablemente conectando pensamientos salvajes, tratando de darle un orden. El tiefling decidió dejar el mayor tiempo posible entre contestaciones, con la esperanza de que eso le ayudara a conectar los puntos con los que se estaba atrapando.  

- No es fácil contestar a eso. - confesó.

Y era cierto, no lo era. Él también había reflexionado mucho sobre si lo mejor era, simplemente, no decir nada. La gente de su mundo, la que se movía por donde ellos lo hacían, no tenía la mayor de las esperanzas de vida. Riddle se movía por el mundo con la confianza de quien va a vivir cientos de años, pero Sendor era muy consciente de que eso puede acabar en cualquier momento. En su caso, más aún. Sí, le había dado vueltas. 

- ¿Para qué me molestaré?, tu y yo no somos nada. - escupió Riddle.

Cierto.

- No, no lo somos. - confirmó Sendor.

Riddle le lanzó una mirada letal desde la otra punta de la habitación y el tiefling soltó un suspiro. Parecía que no había respuestas correctas para él.

- ¿Entonces por qué me lo cuentas?

- Porque mereces saberlo. Mereces saber que lo que quiera que estamos haciendo, tiene fecha de caducidad. 

Todas las palabras que salían de la boca de Sendor eran pronunciadas como si fueran la verdad más natural y absoluta y, de alguna forma, parecía que eso molestaba al semidrow, que seguía dando vueltas y soltando murmullos cada vez más enfadado. 

- Si lo hubiera sabido quizá no hubiera empezado nada en primer lugar. - dijo.

Sin embargo, las palabras de Riddle parecía que estaban compitiendo. Como si un montón de comentarios se acumularan en su garganta y, al final, solo uno consiguiera salir. Era fácil verlo, ya que a menudo las frases que salían de su boca o el tono con el que lo decía, no coincidían con la expresión de su rostro.

- Yo no esperaba que esto sucediera. - contestó Sendor.

- Tú me besaste. - acusó. -  Sabiéndolo.

Bueno, eso era injusto. 

- Me lo pediste incansablemente durante meses. - recordó Sendor.

Insinuándose constantemente, pidiéndole "comisiones", acercándose mas de lo que debía. Y Sendor había tratado de alejarse, de obviar sus estupideces, porque tenían negocios y, claramente, sólo quería jugar con él. 

- Oh, pues gracias por el sacrificio, mi lord. - dijo Riddle acercándose a él y señalándolo. - Por hacerme el favor.

- No te hice ningún favor. - frunció el ceño. - Lo hice porque quería. Y no esperaba que fuera a más. Seamos sinceros, pensé que era tu capricho y que se te pasaría rápido.

Su atractivo era evidente y su atracción por él, también. Pero eso no tenía por qué significar nada. La insistencia y persecución de Riddle, sus insinuaciones, se las había visto hacer a muchas otras personas delante de él. No pensó ni por un segundo que fuera por ser él en específico. Aunque parecía tener más interés en su persona, pensó que era por el capricho infantil de querer algo que no puedes tener. Cuando lo tuviera, se le pasaría. Un beso no era problema. Un polvo, tampoco. Pero cuando seguía volviendo, aún cuando no había trabajo, a colarse en su habitación, a buscarle. Ahí empezaba una dinámica que Sendor no vio venir.

El dedo de Riddle tembló un momento, su señal se volvió débil. Apartó la mirada. 

- Lo eres. - frunció el ceño. - Eso es lo que eres. Un capricho. Una tontería.

Volvió hacia el sofá y se sentó de golpe, colocándose el pelo en su sitio. El silenció los rodeó a ambos mientras Riddle empezó a morderse una de sus uñas, con la mirada perdida en las estanterías. Sendor ya conocía esa mirada. Estaba uniendo hilos, todos esos que tenía atascados en la garganta. Les estaba poniendo orden.  Le dejó espacio y se encontró, inesperadamente, mirando la mancha de su brazo. Hacía mucho que lo tenía asimilado pero ese día, por primera vez en mucho tiempo, sintió una pequeña nota de miedo en su garganta. Breve, pero muy molesta. 

- ¿Dónde empiezo a buscar? - dijo Riddle, de pronto.

Sendor fue consciente de que el semidrow le estaba mirando. Se seguía mordiendo la uña, pero sus ojos parecían menos perdidos y más determinados. 

- ¿Disculpa?

- La solución. Dime donde empezar a buscar. Dame la información que necesito para investigar, empieza por como te entró eso en el cuerpo.

El tiefling parpadeó un momento, llevado por el momento de sorpresa. Llevaba ya un rato pensando que esa conversación iba a ser la última que tendría con él.

- No vas a encontrar nada. - suspiró. - Yo ya he buscado por todas partes.

Riddle escupió una risa cansada. 

- Disculpa, detective. Diría que estas cosas se me dan un poquito mejor que a ti. 

- No te estoy pidiendo que lo hagas, no te lo he contado para eso. - contestó Sendor con una mueca de enfado.

El semidrow afiló la mirada. Apartó la uña de su boca y se recostó hacia atrás en el sofá, haciendo colgar su brazo por los cojines. Frunció el ceño, con esa media sonrisa sarcástica suya asomando. Sendor levantó las cejas al reconocer esa pose. Esa confiada, segura. La que pone cuando cree tener el control. 

- Atiéndeme, Sendor, que eres muy tonto. - se apartó unos mechones que se habían acumulado en su cara - En el momento que eres mi capricho eres MIO, ¿Me entiendes? Y yo no permito que rompan mis cosas.

A Sendor se le escapó una sonrisa. 

- Tus cosas. - repitió con media risa.

En labios de Sendor la expresión tomaba un significado diferente, y el tiefling notó como caía la fachada confiada con un ligero rubor. 

- Exacto. - respondió Riddle apartando la mirada.

Sendor se separó de la mesa y empezó a andar hacia él. El semidrow levantó un dedo en el aire en señal de advertencia cuando le quedaban apenas un par de pasos para alcanzarle. Su mano chocó con el pecho de Sendor cuando dejó de andar. 

- No te acerques, no necesito esto ahora. - pidió.

Sendor se quedó parado, respetando su decisión. Riddle bajó el dedo y le miró a los ojos con el ceño fruncido. Cuando sus miradas se encontraron, el semidrow le agarró de la ropa y se levantó de un impulso, juntando su cuerpo y buscando su boca. Sendor lo recibió con sorpresa, pero lo protegió entre sus brazos, en parte por inercia, en parte para evitar su caída. Le besó, y el tiefling le correspondió de vuelta mientras acariciaba su piel bajo el kimono. Cuando Riddle le dio un momento de respiro, aprovechó para apartarlo un poco y dedicarle su más sincera mirada interrogante. 

- Eres absolutamente...

No sabía que palabra estaba buscando ¿incoherente? ¿exasperante? Desde luego, lo confundía. Pero no pudo acabar la frase. Riddle le abrazó, enrollando su mano en su nuca. 

- Cállate. - susurró. - Por favor, simplemente, no digas nada.